ORACIÓN ANTE EL SANTÍSIMO

Y aquí estás tú,
fuente inagotable de amor.
Y aquí estoy yo,
deseo ferviente
de tu fuego ardiente de amor.
Y yo te pido y tú me das.
Y yo me doy
y tú te das.
Y cuanto más me das, más te deseo.
Y en este deseo te entrego mi vida y mi voluntad,
para ser tuyo,
para que seas mío.
Y tú, Misericordia infinita,
me tomas y me posees,
te entregas y me provees,
me llenas y me desbordas,
en éxtasis de amor
en que te respiro.
Y al expirar me entrego contigo,
en alma, en cuerpo, en espíritu, en conciencia.
Y seguro de tu presencia,
me abandono en ti.
Y tú estás en mí,
en cada célula de mi cuerpo,
en cada poro de mi piel,
en cada palabra,
en cada pensamiento,
cada segundo de mi tiempo,
plenitud en tu eternidad.
Fuego que no me quema,
pero que me transforma.
Que no me daña,
pero que me acrisola.
Que me conforta
y me fortalece.
Fuego que consume todo deseo que no seas tú,
toda pasión que no seas tú,
todo pensamiento que no seas tú,
todo sentimiento que no sea el deseo de amarte y ser amado,
de esperarte y ser deseado y alcanzado por el calor de tu abrazo que me funde hasta hacerme
cenizas y me inunda hasta saciar mi sed de ti.
Sed saciada, embelesada de amor por ti.
Sed inundada de agua viva en el mar de tu misericordia.
Hambre de ti, saciada con el pan vivo bajado del cielo.
Desnudez vestida con la ternura de tus besos.
Pobreza acogida y enriquecida con tus tesoros.
Alegría que me libera del cautiverio de mi soledad, de mi amargura y de mi tristeza, de mis
pasiones y mis cadenas, del mundo que me aprisiona y me roba la paz que sólo tú me das.
Piedad que consuela.
Paciencia que soporta.
Rectitud que corrige.
Sabiduría que ilumina.
Compasión que conforta.
Perdón que redime.
Salud de mi alma y de mi cuerpo,
que me sana y me da vida,
para ser testigo de tu amor,
para alabarte, para bendecirte, para adorarte.
Para transformar mi ser vil, necesitado de ti, pero alejado de ti, inerte, estéril, impuro,
indigno, vacío, que nada merece…,
en testimonio de tu amor,
en instrumento de tu misericordia infinita que se derrama con la fuerza de tu manantial de
agua viva que da vida,
con la bravura de tu manantial de sangre bendita,
que purifica, que sana, que salva, que todo lo transforma y lo hace nuevo
para hacerme tuyo,
para hacerte mío.
Y tú te das y yo me doy.
Y tú te entregas y yo me entrego.
Para vivir en ti.
Para que vivas en mí.
Para alabarte.
Para adorarte.
Para que mi pequeñez sea parte de tu grandeza.
Para que seas tú en mí y sea yo en ti,
testigo de fe, de esperanza, de amor.

Testigo de ti y de tu infinita misericordia que se derrama, que me llena y me desborda.
En la que tú te manifiestas y yo te proclamo
mi dueño, mi creador, mi amado, mi Señor.

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