Oración para dar gracias a Dios
Dios mío,
hoy no vengo a pedirte nada.
Hoy solo quiero darte gracias.
Gracias por tanto,
por todo,
por lo que veo y por lo que no.
Gracias por lo que me das,
y también por lo que no me diste,
porque incluso eso forma mi camino.
Gracias por este nuevo día,
por este nuevo respiro,
por permitirme abrir los ojos una vez más.
Gracias por mi vida,
con sus luces y con sus sombras.
Por lo que he logrado,
y por lo que aún me falta por alcanzar.
Gracias, Señor,
porque aun en los momentos más difíciles,
tu mano me ha sostenido.
Porque en los días de cansancio,
tu fuerza fue mi impulso.
Y en las noches de angustia,
tu paz me abrazó aunque no dijera nada.
Gracias por las personas que has puesto en mi camino.
Las que me han ayudado,
las que me han enseñado,
las que me han corregido,
y también aquellas que me han herido,
porque incluso a través del dolor he aprendido.
He comprendido que tú puedes sacar bien
de lo que parecía solo oscuridad.
Gracias por la familia,
por los amigos,
por quienes me acompañan sin juzgar,
por quienes oran por mí en silencio.
Gracias por los abrazos sinceros,
por las palabras que sanan,
y por las pequeñas muestras de cariño
que muchas veces llegan justo cuando más las necesito.
Gracias por el trabajo,
por la comida que no ha faltado,
por el techo que me cobija,
por los días tranquilos y también por las tormentas.
Porque sé que nada de eso lo merezco,
pero tú me lo regalas cada día con amor.
Gracias por perdonarme cuando he fallado.
Por esperarme cuando me alejo.
Por no soltarme aun cuando yo he soltado la oración,
cuando he dudado,
cuando he callado,
cuando me he sentido indigno.
Gracias porque no me exiges perfección,
solo un corazón sincero.
Porque no te escandaliza mi fragilidad,
sino que te conmueve.
Y porque en mis caídas,
me levantas con ternura,
sin reproches,
con paciencia,
como un Padre que nunca abandona.
Gracias por los momentos de alegría,
por las risas que sanan,
por los instantes donde todo parece fluir.
Gracias por los días de calma,
por los silencios que hablan,
y por la esperanza que vuelve
aunque creí haberla perdido.
Gracias por enseñarme a valorar lo simple.
Una comida compartida.
Un atardecer que me detiene.
Una canción que me conecta contigo.
Una mirada,
un gesto,
un “gracias” sincero de alguien que también lucha.
Gracias porque no dejas de hablarme,
aunque yo a veces no escuche.
Gracias porque no dejas de buscarme,
aunque yo me distraiga con mil cosas.
Gracias porque tú sí permaneces
cuando todo cambia,
cuando todo pasa,
cuando todo se mueve.
Gracias, Señor,
por los milagros visibles
y también por los invisibles.
Por las veces que me libraste del mal sin que yo lo supiera.
Por las puertas que cerraste,
aunque yo llorara por ellas,
porque sabías que no eran para mí.
Gracias por esta fe que a veces tiembla,
pero que nunca muere del todo.
Gracias por tu paciencia,
por tu tiempo perfecto,
por tu presencia constante
que me recuerda que no camino solo.
Gracias por ser Dios,
pero también por ser tan humano en mi vida.
Por hacerte cercano.
Por comprender mis dudas.
Por no pedirme que sea fuerte todo el tiempo.
Por permitirme ser pequeño ante ti,
sin miedo,
sin vergüenza,
porque sé que me amas así como soy.
Hoy no vengo a pedir milagros.
Vengo a agradecer porque tú ya eres el milagro.
Porque tenerte en mi vida
es más que suficiente.
Porque si tú estás conmigo,
todo lo demás puede esperar.
Gracias, Señor,
por no cansarte de mí.
Por no cerrar tus oídos cuando clamo.
Por mirarme con ternura cuando me equivoco.
Por seguir creyendo en mí,
incluso cuando yo me siento perdido.
Y gracias por lo que aún no llega.
Por lo que estás preparando.
Por lo que no entiendo ahora,
pero que un día tendrá sentido.
Porque sé que todo lo haces con amor,
y que tú nunca improvisas.
Recibe esta oración como una ofrenda.
No es perfecta,
pero es sincera.
Viene de lo más profundo de mi alma.
Gracias, Dios mío…
por no dejarme nunca.
Amén.
