Libro de los Salmos

Salmo 35 Oración para pedir justicia, protección y defensa ante la adversidad

El Salmo 35 es una intensa oración de quien se siente perseguido, acusado injustamente y rodeado por personas que responden con hostilidad al bien recibido. El salmista presenta delante de Dios su dolor y le pide que intervenga como defensor. Su lenguaje es fuerte porque nace de una experiencia profunda de injusticia, pero su enseñanza espiritual no invita a tomar venganza por nuestra propia mano: nos enseña a entregar a Dios el conflicto, pedir que la verdad prevalezca y conservar la confianza mientras buscamos justicia por caminos rectos.

Salmo 35 completo

1 Juzga, ¡oh Señor!, a los que me hacen daño; combate a los que me combaten. 2 Empuña las armas y el escudo, y álzate en mi socorro. 3 Echa mano de la espada, y cierra el paso a los que me persiguen. Di a mi alma: Yo soy tu salvación. 4 Queden confundidos y avergonzados los que buscan mi vida. Vuelvan atrás, y queden cubiertos de confusión los que maquinan males contra mí. 5 Sean como polvo delante del viento, y el ángel del Señor los estreche. 6 Sea su camino tenebroso y resbaladizo, y el ángel del Señor vaya en su alcance. 7 Porque sin motivo escondieron para perderme el lazo de su red; sin causa llenaron de oprobrios mi alma. 8 Venga sobre él la ruina que no espera; y préndale el lazo que escondió, y caiga en la misma red. 9 Mas mi alma se regocijará en el Señor, y se deleitará en la salvación que viene de él. 10 Todos mis huesos dirán: Señor, ¿quién hay semejante a ti? Tú libras al desvalido de las manos de los que son más fuertes que él; al pobre y al necesitado de aquellos que los despojan. 11 Se levantaban contra mí testigos inicuos, y me preguntaban de cosas que yo ignoraba. 12 Me retornaban males por bienes, procurando quitarme la vida. 13 Yo empero, cuando ellos me molestaban, me vestía de cilicio; humillaba mi alma con el ayuno; y repetía en mi seno mis oraciones. 14 Como por amigo, como por hermano mío, así me interesaba; andaba encorvado y triste, como quien está de luto por la muerte de su madre. 15 Mas ellos se alegraron, y se coligaron contra mí; se juntaron para descargar golpes sobre mí, sin que yo supiese por qué. 16 Se disiparon, mas no arrepentidos; antes bien volvieron a tentarme, mofándose de mí; rechinaron contra mí sus dientes. 17 Señor, ¿cuándo volverás tus ojos hacia mí? Libra mi alma de su malignidad; libra de esos leones esta única alma mía. 18 Yo te confesaré y daré gracias en medio de una grande congregación; te alabaré en medio de un pueblo numeroso. 19 No se alegren de mí los que sin motivo son mis enemigos, los que me aborrecen sin causa y hacen señas con los ojos. 20 Porque a la verdad me hablaban palabras de paz; mas hablando en medio de la ira de la tierra, urdían engaños. 21 Y abrieron contra mí su boca, y dijeron: ¡Bien, bien! nuestros ojos lo han visto. 22 Tú lo has visto, ¡oh Señor!, no calles; Señor, no te alejes de mí. 23 Levántate y atiende a mi defensa; Dios mío y Señor mío, toma a tu cargo mi causa. 24 Júzgame según tu justicia, ¡oh Señor Dios mío!, y no se alegren de mí. 25 No digan en sus corazones: ¡Bien, bien! ya tenemos lo que deseábamos. Ni digan: Le hemos devorado. 26 Sean confundidos y avergonzados a una los que se alegran de mis males; sean cubiertos de confusión y vergüenza los que se engríen contra mí. 27 Regocíjense y alégrense los que desean mi justificación, y digan siempre: Glorificado sea el Señor, los que desean la paz de su siervo. 28 Y mi lengua publicará tu justicia, y todo el día tus alabanzas.

Texto bíblico: Sagrada Biblia Torres Amat, edición de 1825.

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¿Para qué sirve el Salmo 35?

El Salmo 35 puede rezarse cuando una persona se siente injustamente atacada, calumniada, traicionada o perjudicada. Sus palabras permiten presentar delante de Dios emociones intensas que muchas veces son difíciles de expresar: impotencia, indignación, tristeza, decepción y deseo de justicia.

Su fuerza no debe entenderse como autorización para buscar venganza. Precisamente porque el salmista entrega su causa al Señor, renuncia a convertirse él mismo en juez absoluto. Pide que Dios intervenga, que detenga el mal y que la verdad quede finalmente manifiesta.

También puede acompañar situaciones en las que alguien ha recibido mal a cambio del bien realizado. El Salmo reconoce el profundo dolor de la ingratitud y la traición, pero enseña a no permitir que esa experiencia destruya nuestra capacidad de continuar confiando en Dios.

Ante una injusticia

Para entregar a Dios una situación injusta y pedir que la verdad y el bien prevalezcan.

Frente a falsas acusaciones

Para pedir serenidad y defensa cuando otras personas dicen cosas falsas sobre nosotros.

Después de una traición

Para presentar a Dios el dolor de haber recibido mal a cambio del bien realizado.

Para pedir protección

Para confiar al Señor nuestra seguridad cuando sentimos hostilidad o amenaza.

Para evitar la venganza

Para entregar la causa a Dios y evitar que la indignación se convierta en deseo de destruir a otra persona.

Para pedir justicia

Para pedir que el engaño sea descubierto, el daño se detenga y exista una solución justa.

Significado del Salmo 35

El significado del Salmo 35 gira alrededor de una persona que se siente injustamente perseguida y decide colocar su causa delante de Dios. El lenguaje militar de sus primeros versículos presenta al Señor como defensor de quien no puede protegerse por sí mismo frente a fuerzas superiores.

El Salmo describe varias formas de injusticia: trampas ocultas, acusaciones falsas, ingratitud, burlas, conspiraciones y personas que aparentan hablar de paz mientras preparan engaños. No se trata solamente de un conflicto abierto; también aparece el dolor provocado por la falsedad.

“Levántate y atiende a mi defensa; Dios mío y Señor mío, toma a tu cargo mi causa.”

Una de las partes más dolorosas aparece cuando el salmista recuerda que había orado y ayunado por quienes ahora lo atacaban. Los había tratado como amigos y hermanos, pero recibió males por bienes.

Por eso el Salmo permite llevar a la oración una experiencia profundamente humana: la herida de haber amado, ayudado o acompañado a alguien y descubrir posteriormente su hostilidad.

Desde una lectura cristiana, las expresiones que desean la derrota de los enemigos deben comprenderse a la luz del llamado de Cristo a amar a los enemigos. Podemos pedir firmemente que la injusticia sea vencida, que las mentiras queden expuestas y que quien hace daño sea detenido, sin pedir por ello su destrucción personal.

El objetivo final del Salmo no es la venganza. Termina deseando que quienes buscan la justicia puedan alegrarse y que la lengua del salmista anuncie la justicia y la alabanza de Dios.

Explicación del Salmo 35

“Juzga, oh Señor, a los que me hacen daño”

El Salmo comienza llevando un conflicto directamente ante Dios. El salmista pide juicio porque considera que ha sido tratado injustamente.

Espiritualmente, este primer movimiento es importante: antes de actuar impulsivamente desde la ira, podemos presentar nuestra causa delante del Señor y pedir luz para verla con verdad.

Entregar el juicio a Dios

Cuando nos sentimos perjudicados es fácil asumir inmediatamente que conocemos completamente las intenciones de todos.

Pedir a Dios que juzgue también significa aceptar que Él conoce aspectos de la situación que nosotros quizá ignoramos.

“Combate a los que me combaten”

El lenguaje es militar porque el salmista percibe su situación como una verdadera batalla.

En nuestra oración podemos trasladar esta imagen hacia la lucha contra la mentira, la injusticia, el abuso, el miedo y todas aquellas fuerzas que intentan destruir el bien.

Dios como defensor

El salmista no quiere enfrentar solo aquello que lo supera. Invoca a Dios como alguien que puede ponerse de su lado.

Esta confianza puede resultar especialmente importante cuando existe una diferencia enorme de poder entre quien sufre una injusticia y quien la provoca.

“Empuña las armas y el escudo”

Las armas y el escudo son imágenes de intervención y protección. El salmista pide que Dios no permanezca indiferente.

No necesitamos convertir estas palabras en una petición de violencia física. Podemos pedir que Dios levante barreras contra el mal y proteja aquello que está siendo injustamente atacado.

“Álzate en mi socorro”

El corazón de la petición es sencillo: ayúdame.

Detrás de todo el lenguaje intenso del Salmo existe una persona que reconoce que necesita socorro y que no puede resolver sola aquello que enfrenta.

“Cierra el paso a los que me persiguen”

El salmista desea que el avance del mal sea detenido.

Esta petición puede hacerse nuestra cuando necesitamos que una conducta dañina encuentre límites, que una injusticia deje de crecer o que alguien vulnerable pueda ser protegido.

Pedir límites al mal

Perdonar no significa permitir indefinidamente que otra persona continúe causando daño.

En determinadas circunstancias, buscar protección, establecer límites, documentar hechos o acudir a las autoridades correspondientes puede ser completamente compatible con una actitud cristiana.

“Di a mi alma: Yo soy tu salvación”

En medio del conflicto, el salmista necesita algo más que una solución exterior. Necesita escuchar interiormente que Dios sigue siendo su salvación.

Las injusticias pueden hacernos sentir vulnerables, pero nuestra identidad no queda determinada únicamente por aquello que otras personas dicen o hacen contra nosotros.

Una palabra para el interior

Existen momentos en los que necesitamos repetir una verdad hasta que nuestro corazón pueda descansar en ella.

“Tú eres mi salvación” puede convertirse en una breve oración para los momentos de miedo, enojo o impotencia.

“Queden confundidos los que buscan mi vida”

El salmista desea que los planes de quienes intentan destruirlo fracasen.

Leído espiritualmente, podemos pedir que cualquier proyecto injusto quede frustrado antes de causar daño.

No confundir justicia con venganza

Existe una diferencia entre desear que una agresión sea detenida y disfrutar imaginando el sufrimiento de quien agrede.

La primera petición puede nacer de la justicia; la segunda puede alimentar el mismo mal que queremos combatir.

“Vuelvan atrás”

Esta expresión puede convertirse incluso en una oración por la conversión: que quien camina hacia el mal retroceda.

La victoria más profunda no siempre consiste en destruir al adversario, sino en conseguir que el daño se detenga y que la persona abandone aquello que estaba haciendo.

“Sean como polvo delante del viento”

El salmista pide que la aparente fortaleza de sus perseguidores se vuelva inconsistente.

Aquello que parece invencible puede ser mucho más frágil de lo que imaginamos cuando está construido sobre mentira o injusticia.

“El ángel del Señor los estreche”

La imagen expresa la intervención divina frente a quienes persiguen injustamente.

Podemos comprenderla como una petición para que Dios limite el daño, desbarate el engaño y proteja a quien se encuentra amenazado.

“Sea su camino tenebroso y resbaladizo”

El lenguaje expresa el deseo de que el camino del mal no prospere.

No debemos convertirlo en deseo de accidentes o sufrimientos concretos. Su sentido espiritual puede dirigirse a pedir que los proyectos injustos pierdan estabilidad y no alcancen su objetivo.

Que el mal no encuentre un camino fácil

Algunas estructuras permiten que una injusticia avance sin resistencia.

Orar por justicia también puede llevarnos a trabajar para que existan controles, transparencia y mecanismos que dificulten el abuso.

“Sin motivo escondieron... el lazo de su red”

El dolor aumenta porque el salmista considera que no existe una causa legítima para la persecución.

La red escondida representa estrategias que buscan perjudicar a alguien sin enfrentarlo abiertamente.

Las trampas ocultas

No todas las agresiones son directas. Existen rumores, manipulaciones, medias verdades, decisiones ocultas y otras formas de actuar que pueden causar un daño considerable.

Frente a ellas necesitamos prudencia además de oración.

“Sin causa llenaron de oprobrios mi alma”

Una injusticia puede herir mucho más allá de sus consecuencias exteriores. Puede afectar nuestra autoestima, nuestra tranquilidad y la manera en que nos relacionamos con otros.

El salmista lleva también esa herida interior delante de Dios.

No permitir que una acusación defina nuestra identidad

Cuando escuchamos repetidamente una mentira sobre nosotros podemos comenzar incluso a dudar de nuestra propia percepción.

La oración puede ayudarnos a regresar a la verdad, reconocer aquello que realmente debemos corregir y rechazar aquello que injustamente se nos atribuye.

“Préndale el lazo que escondió”

El salmista desea que la propia estrategia injusta termine revelándose contra quien la preparó.

Muchas mentiras contienen contradicciones que tarde o temprano pueden quedar expuestas.

La verdad puede descubrir la trampa

En lugar de responder a una mentira con otra mentira, podemos trabajar pacientemente para documentar hechos y permitir que la verdad se manifieste.

La justicia suele necesitar claridad, paciencia y pruebas, no solamente indignación.

“Mi alma se regocijará en el Señor”

El Salmo cambia repentinamente de tono. En medio de la batalla aparece la esperanza.

El salmista imagina el momento en que podrá volver a alegrarse porque la injusticia no habrá conseguido destruirlo.

No permitir que el conflicto ocupe toda nuestra vida

Una injusticia puede convertirse en el centro de todos nuestros pensamientos.

El Salmo recuerda que existe una vida más allá del conflicto y que nuestra alegría final no depende de permanecer eternamente enfrentados con quien nos hizo daño.

“Se deleitará en la salvación que viene de él”

El salmista atribuye su liberación a Dios.

Cuando finalmente superamos una situación difícil, podemos mirar atrás y reconocer no solamente nuestras decisiones, sino también las ayudas que recibimos durante el camino.

“Todos mis huesos dirán”

La expresión comunica una alabanza que involucra a toda la persona.

El sufrimiento había afectado profundamente al salmista; por eso también su agradecimiento nace desde lo más profundo.

“Señor, ¿quién hay semejante a ti?”

La experiencia de liberación conduce a reconocer la singularidad de Dios.

Aquello que comenzó como una petición desesperada empieza a convertirse en adoración.

“Tú libras al desvalido”

Dios aparece especialmente atento a quien se encuentra en desventaja.

La justicia bíblica posee una sensibilidad particular hacia quienes tienen menos capacidad para defenderse.

Cuando existe desigualdad de poder

Algunas injusticias son especialmente difíciles porque una de las partes posee más dinero, influencia, autoridad o recursos.

El Salmo ofrece esperanza a quien se siente pequeño frente a alguien aparentemente mucho más poderoso.

“Al pobre y al necesitado”

La defensa divina alcanza a quienes pueden ser fácilmente explotados.

Esta afirmación también interpela al creyente: si queremos parecernos a Dios, debemos preocuparnos por proteger la dignidad de quienes se encuentran en situación vulnerable.

“Se levantaban contra mí testigos inicuos”

Ahora aparece claramente la falsa acusación. Personas presentan testimonios injustos contra el salmista.

Ser acusado de algo que no hicimos puede producir una mezcla especialmente intensa de miedo e impotencia.

Cuando alguien miente sobre nosotros

La primera reacción puede ser responder impulsivamente. Sin embargo, una defensa eficaz necesita claridad.

Podemos pedir serenidad para presentar los hechos, conservar pruebas y utilizar los canales apropiados sin caer en la misma deshonestidad que denunciamos.

“Me preguntaban de cosas que yo ignoraba”

El salmista se encuentra confrontado con acusaciones que ni siquiera reconoce.

Esta experiencia refleja la confusión de quien descubre que se ha construido una narrativa sobre él sin haber tenido oportunidad de explicar su versión.

“Me retornaban males por bienes”

Aquí aparece una de las heridas centrales del Salmo: la ingratitud.

No solamente existe hostilidad; el salmista siente que está siendo atacado precisamente por personas a quienes había tratado bien.

El dolor de recibir mal a cambio del bien

Una traición duele especialmente cuando procede de alguien por quien hicimos sacrificios.

Es legítimo reconocer ese dolor. Perdonar no requiere fingir que aquello que ocurrió carece de importancia.

“Cuando ellos me molestaban, me vestía de cilicio”

El salmista recuerda su comportamiento anterior. Cuando aquellas personas sufrían, él también sufría con ellas.

El cilicio expresa duelo, penitencia y solidaridad profunda.

“Humillaba mi alma con el ayuno”

No había permanecido indiferente ante las necesidades de quienes ahora lo atacaban.

Había llevado su preocupación incluso a prácticas de oración y ayuno.

“Repetía en mi seno mis oraciones”

La expresión muestra una oración íntima y perseverante.

El contraste es doloroso: había intercedido sinceramente por quienes posteriormente respondieron con hostilidad.

Cuando nuestra bondad no es correspondida

Hacer el bien no garantiza que otras personas responderán de la misma manera.

Si nuestra bondad depende completamente de recibir agradecimiento, una decepción puede destruirla. El Salmo invita a llevar esa frustración a Dios para que no transforme nuestro corazón en amargura.

“Como por amigo, como por hermano mío”

El vínculo había sido cercano. Por eso la traición resulta todavía más dolorosa.

Las heridas producidas por desconocidos pueden doler, pero las provocadas por personas cercanas suelen alcanzar lugares mucho más profundos.

“Como quien está de luto por la muerte de su madre”

El salmista describe la intensidad con la que había compartido el sufrimiento ajeno.

No había ofrecido una ayuda superficial. Había hecho suyo el dolor de aquellos que ahora se alegraban de su desgracia.

“Ellos se alegraron”

Una de las experiencias más amargas consiste en descubrir que alguien celebra nuestro fracaso.

El Salmo permite reconocer esa herida sin obligarnos a fingir indiferencia.

No responder alegrándonos del mal ajeno

Precisamente porque sabemos cuánto duele que alguien celebre nuestra caída, debemos evitar reproducir esa conducta.

Podemos alegrarnos de que una injusticia termine sin alegrarnos del sufrimiento personal de quien la cometió.

“Se coligaron contra mí”

El salmista siente que varias personas se han unido contra él.

Cuando un conflicto crece y otros comienzan a tomar partido, la sensación de aislamiento puede volverse especialmente fuerte.

Cuando parece que todos están contra nosotros

En esos momentos conviene buscar personas prudentes que puedan ayudarnos a evaluar objetivamente la situación.

La oración puede darnos serenidad, pero también necesitamos evitar encerrarnos en nuestra propia interpretación sin escuchar ningún consejo.

“Sin que yo supiese por qué”

La incomprensión aumenta el sufrimiento. No saber por qué alguien ha cambiado su comportamiento puede mantenernos atrapados buscando explicaciones.

Algunas veces podremos obtenerlas; otras tendremos que aprender a seguir adelante sin comprender completamente las motivaciones ajenas.

“Volvieron a tentarme, mofándose de mí”

La hostilidad continúa mediante la burla. El objetivo ya no parece ser solamente causar un perjuicio, sino humillar.

Frente a la humillación, el Salmo dirige nuevamente la mirada hacia Dios en lugar de permitir que la opinión de los adversarios defina el valor del salmista.

“Rechinaron contra mí sus dientes”

La imagen expresa una hostilidad intensa.

El salmista no minimiza el conflicto. Reconoce el peligro y precisamente por eso insiste en pedir protección.

“Señor, ¿cuándo volverás tus ojos hacia mí?”

Aquí aparece la impaciencia de quien siente que Dios tarda demasiado.

Esta pregunta demuestra que la oración bíblica puede ser profundamente sincera. Podemos preguntar a Dios cuánto tiempo durará una situación sin que esa pregunta signifique abandonar la fe.

Cuando Dios parece tardar

La espera durante una injusticia puede resultar especialmente difícil porque cada día parece permitir que el daño continúe.

Podemos expresar esa frustración mientras seguimos utilizando los medios legítimos que estén disponibles para protegernos.

“Libra mi alma de su malignidad”

La petición puede comprenderse en dos niveles: ser librado del daño exterior y evitar que la maldad ajena contamine el propio corazón.

Esta segunda liberación es fundamental. Una persona puede vencer un conflicto exterior y, sin embargo, quedar interiormente prisionera del resentimiento.

No convertirnos en aquello que combatimos

Una injusticia puede despertar deseos que normalmente rechazaríamos.

Podemos pedir a Dios que nos defienda y, al mismo tiempo, que nos proteja de responder con mentira, crueldad o abuso.

“Libra de esos leones esta única alma mía”

Los adversarios son comparados con leones porque el salmista se siente vulnerable frente a ellos.

La imagen expresa la desproporción entre el peligro percibido y las propias fuerzas.

“Te daré gracias en medio de una grande congregación”

El salmista promete convertir la liberación en testimonio público.

Quiere que otras personas sepan que Dios estuvo presente durante su dificultad.

Recordar después de superar la crisis

Durante un problema solemos orar intensamente, pero después podemos olvidar rápidamente aquello que pedíamos.

El Salmo invita a conservar memoria y transformar la liberación en gratitud.

“Te alabaré en medio de un pueblo numeroso”

La experiencia individual puede fortalecer la fe comunitaria.

Compartir prudentemente aquello que hemos aprendido puede ofrecer esperanza a alguien que atraviesa una situación semejante.

“No se alegren de mí los que sin motivo son mis enemigos”

El salmista pide que quienes esperan verlo derrotado no consigan su objetivo.

Podemos hacer nuestra esta oración pidiendo que ninguna persona obtenga satisfacción mediante una injusticia contra nosotros.

“Me aborrecen sin causa”

No siempre podremos comprender por qué alguien siente hostilidad hacia nosotros.

También debemos conservar suficiente humildad para examinar si existe alguna responsabilidad propia, pero sin asumir culpas que no nos corresponden.

Examinar nuestra conciencia sin destruirnos

Ante una acusación conviene preguntarnos honestamente si existe algo verdadero que debamos corregir.

Si lo existe, podemos repararlo. Si no existe, necesitamos aprender a defender la verdad sin cargar con una culpa falsa.

“Me hablaban palabras de paz”

El conflicto incluye hipocresía. Exteriormente se hablaba de paz mientras interiormente se preparaba otra cosa.

Las palabras agradables no siempre reflejan las verdaderas intenciones de una persona.

Discernir sin vivir desconfiando de todos

Una traición puede llevarnos al extremo de sospechar permanentemente de cualquier persona.

La prudencia aprende de la experiencia, pero no necesita convertirse en paranoia. Podemos observar coherencia entre palabras y acciones sin cerrar completamente nuestro corazón.

“Urdían engaños”

El engaño implica una acción deliberada para presentar como verdadero aquello que no lo es.

El Salmo pide que Dios intervenga precisamente porque la mentira puede ser difícil de combatir cuando está cuidadosamente preparada.

Responder a la mentira con verdad

La tentación de combatir una manipulación utilizando otra puede ser fuerte.

Sin embargo, una defensa basada en falsedades termina debilitando nuestra propia causa. La verdad necesita paciencia, coherencia y claridad.

“Abrieron contra mí su boca”

Las palabras se convierten nuevamente en instrumento de agresión.

El Salmo reconoce el enorme daño que puede producir una acusación pública, una burla o una campaña de desprestigio.

“Nuestros ojos lo han visto”

Los adversarios presentan su versión como si fuera indiscutible.

No toda afirmación pronunciada con seguridad es verdadera. Por eso los conflictos necesitan pruebas y discernimiento, no solamente voces más fuertes.

“Tú lo has visto, oh Señor”

Frente a quienes dicen haber visto, el salmista apela a la mirada de Dios.

Él confía en que existe un testigo que conoce completamente la realidad y no puede ser engañado.

Dios conoce la historia completa

Nosotros vemos fragmentos. Otras personas ven fragmentos. Dios conoce las acciones, las intenciones y aquello que ocurrió incluso cuando nadie más estaba presente.

Esta certeza puede ofrecer paz cuando no conseguimos explicar nuestra versión a todo el mundo.

“No calles”

El salmista desea una intervención visible. No quiere que la injusticia permanezca sin respuesta.

Es legítimo pedir que la verdad salga a la luz y que una situación injusta encuentre resolución.

“No te alejes de mí”

Detrás de la petición de justicia existe también miedo al abandono.

Cuando muchas personas parecen ponerse en contra, la presencia de Dios se convierte en el lugar donde el salmista encuentra compañía.

“Levántate y atiende a mi defensa”

La oración alcanza uno de sus puntos más intensos. El salmista pide que Dios asuma activamente su defensa.

Podemos repetir estas palabras cuando ya hemos hecho prudentemente aquello que está en nuestras manos y necesitamos entregar el resto.

“Toma a tu cargo mi causa”

Esta frase resume gran parte del Salmo 35.

Entregar la causa a Dios no significa abandonar necesariamente los procesos humanos de justicia. Significa no permitir que nuestra vida entera quede consumida por la necesidad de controlar personalmente cada resultado.

Hacer nuestra parte y entregar el resultado

Podemos defendernos, buscar asesoría, presentar pruebas, establecer límites y acudir a las instancias adecuadas.

Después necesitamos reconocer que existe un punto en el que ya no podemos controlar cómo reaccionarán todas las personas ni cómo se desarrollará cada circunstancia.

“Júzgame según tu justicia”

El salmista no pide cualquier sentencia; apela a la justicia de Dios.

Esto implica también ponerse él mismo bajo esa justicia. Si existe algo que necesite corregir, debe estar dispuesto a reconocerlo.

Pedir justicia exige amar la verdad

No podemos pedir sinceramente justicia mientras ocultamos deliberadamente aquello que nos perjudica.

La verdadera defensa busca que la realidad completa sea conocida, aunque eso también nos obligue a reconocer nuestros propios errores.

“No se alegren de mí”

El salmista no quiere convertirse en espectáculo para quienes desean su fracaso.

Su petición revela el dolor de sentirse observado por personas que esperan una oportunidad para celebrar su caída.

“Ya tenemos lo que deseábamos”

Los adversarios aparecen imaginando que finalmente han conseguido destruir al salmista.

Él pide que la injusticia no pueda proclamarse vencedora.

Que la mentira no tenga la última palabra

Esta puede ser una manera cristiana de rezar el versículo: Señor, no permitas que el engaño termine imponiéndose como verdad.

La victoria buscada no es la humillación personal del adversario, sino la restauración de aquello que es justo.

“Sean confundidos... los que se alegran de mis males”

El lenguaje vuelve a ser fuerte. El salmista desea que quienes celebran su desgracia sean confrontados con la falsedad de su actitud.

Podemos transformar esta petición en deseo de conversión: que quien se alegra del sufrimiento ajeno llegue a reconocer el mal de esa conducta.

La vergüenza que conduce a cambiar

Reconocer que hemos actuado mal puede producir vergüenza, pero esa experiencia también puede convertirse en principio de conversión.

La finalidad más profunda de la corrección no debería ser destruir a la persona, sino detener el daño y abrir una posibilidad de cambio.

“Regocíjense los que desean mi justificación”

No todas las personas están contra el salmista. También existen quienes desean que la justicia prevalezca.

En los momentos difíciles es importante recordar a quienes permanecen a nuestro lado y no permitir que la hostilidad de algunos nos haga olvidar la fidelidad de otros.

Agradecer a quienes permanecen

Una crisis puede revelar amistades sinceras, personas prudentes y apoyos inesperados.

Reconocerlos evita que el dolor producido por una traición nos haga concluir que nadie es digno de confianza.

“Glorificado sea el Señor”

La resolución que espera el salmista debe terminar en gloria para Dios.

Esto muestra nuevamente que la finalidad del Salmo no consiste simplemente en satisfacer un deseo personal de revancha.

“Los que desean la paz de su siervo”

Cerca del final aparece una palabra fundamental: paz.

Después de tantas imágenes de combate, el objetivo verdadero es poder vivir finalmente en paz.

La justicia orientada hacia la paz

Una buena resolución de un conflicto debería buscar detener el daño, restaurar aquello que sea posible y crear condiciones para una paz justa.

La paz auténtica no exige negar la verdad, pero tampoco necesita mantener eternamente abierta una guerra.

“Mi lengua publicará tu justicia”

La misma lengua que fue herida por acusaciones y burlas terminará proclamando justicia.

El Salmo transforma el lugar de la herida en lugar de testimonio.

No quedar definidos por aquello que nos hicieron

Una injusticia forma parte de nuestra historia, pero no necesita convertirse en nuestra identidad permanente.

Con el tiempo, incluso una experiencia dolorosa puede convertirse en fuente de sabiduría, compasión y capacidad para acompañar a otros.

“Todo el día tus alabanzas”

El Salmo termina en un lugar muy diferente de aquel donde comenzó. La batalla desemboca en alabanza.

La última palabra no pertenece a los acusadores, al miedo ni a la traición. Pertenece a la justicia de Dios y a la gratitud de quien espera ser restaurado.

Enseñanza principal del Salmo 35

La enseñanza principal del Salmo 35 es que podemos llevar a Dios nuestras experiencias de injusticia sin esconder la intensidad de lo que sentimos. El salmista habla desde la indignación, el miedo y la decepción, pero en lugar de ejecutar personalmente la venganza coloca su causa en manos del Señor.

El Salmo también muestra que una de las heridas más difíciles es recibir mal a cambio del bien. Haber ayudado, acompañado o amado a alguien no garantiza que esa persona responderá siempre con gratitud.

Frente a la falsa acusación, el creyente está llamado a defender la verdad. Esto puede incluir establecer límites, documentar hechos y acudir a mecanismos legítimos de justicia, pero sin adoptar las mismas prácticas injustas que denuncia.

Desde la enseñanza cristiana, los enemigos del Salmo no deben convertirse en objetos de odio. Podemos pedir que sus planes injustos fracasen, que el daño sea detenido y que la verdad prevalezca, mientras dejamos abierta la posibilidad de arrepentimiento y conversión.

Finalmente, el Salmo enseña que la justicia debe conducir hacia la paz. El objetivo no es vivir eternamente dentro del conflicto, sino llegar al momento en que podamos volver a alabar a Dios con libertad y continuar nuestra vida sin quedar prisioneros del resentimiento.

Oración inspirada en el Salmo 35

Señor Dios mío, hoy pongo delante de ti las situaciones en las que me siento tratado injustamente.

Tú conoces completamente los hechos, las palabras que se han pronunciado, las intenciones que permanecen ocultas y aquello que yo mismo todavía no consigo comprender.

Toma a tu cargo mi causa y ayúdame a actuar con verdad.

Defiéndeme de las mentiras, de las acusaciones falsas y de cualquier acción que pretenda causarme un daño injusto.

Cierra el paso al mal antes de que consiga avanzar.

Si existen trampas ocultas, permite que sean descubiertas. Si existen engaños, haz que la verdad salga a la luz.

Dame serenidad para no reaccionar impulsivamente y sabiduría para utilizar correctamente los medios que estén a mi alcance.

Enséñame a defenderme sin convertirme en aquello que estoy combatiendo.

No permitas que responda a una mentira con otra mentira, a una humillación con otra humillación o a una injusticia con una nueva injusticia.

Cuando mi corazón quiera vengarse, recuérdame que puedo entregarte mi indignación y pedirte justicia.

Señor, tú sabes cuánto duele recibir mal a cambio del bien.

Tú conoces las ocasiones en las que ayudé sinceramente a alguien y después recibí indiferencia, ingratitud o traición.

Sana esa herida para que no destruya mi capacidad de continuar haciendo el bien.

Dame prudencia para aprender de lo sucedido sin convertirme en una persona desconfiada de todos.

Ayúdame a establecer límites cuando sean necesarios y a reconocer que perdonar no significa permitir que alguien continúe haciéndome daño.

Si debo defender mi nombre, dame palabras claras y serenas.

Si debo guardar silencio, dame paciencia para esperar el momento oportuno.

Si debo acudir a otras personas para pedir ayuda, quita de mí el orgullo que me impida hacerlo.

Señor, examina también mi propio corazón.

Si existe algo verdadero dentro de las críticas que recibo, dame humildad para reconocerlo y corregirlo.

Si he cometido algún daño, dame valor para repararlo.

Pero si se me atribuyen culpas que no me corresponden, ayúdame a no cargar con ellas.

No permitas que las opiniones injustas de otras personas definan quién soy.

Di también a mi alma: “Yo soy tu salvación”.

Cuando me sienta rodeado, recuérdame que no estoy completamente solo.

Bendice a las personas que permanecen conmigo, a quienes buscan la verdad y a quienes desean sinceramente mi paz.

Protege especialmente a quienes sufren injusticias y no poseen los medios suficientes para defenderse.

Hazme sensible ante ellos para que no pida tu defensa mientras permanezco indiferente ante el sufrimiento de otros.

Señor, detén a quien obra mal, pero toca también su corazón.

Que quien miente abandone la mentira, que quien daña deje de hacerlo y que quien vive dominado por el odio pueda encontrar un camino de conversión.

No quiero permanecer unido para siempre a mis adversarios mediante el resentimiento.

Concédeme la libertad interior de seguir adelante.

Que la justicia conduzca finalmente hacia una paz verdadera.

Y cuando esta prueba haya pasado, no permitas que olvide tu compañía.

Que mi lengua anuncie tu justicia y que mi corazón pueda volver a alabarte con alegría.

Amén.

Cómo rezar el Salmo 35

Para rezar el Salmo 35 conviene reconocer primero que contiene expresiones muy intensas nacidas de una experiencia de persecución. Puede utilizarse para presentar nuestra indignación delante de Dios, pero desde una perspectiva cristiana debemos orientar sus peticiones hacia la justicia, la protección, la verdad y la conversión, no hacia la venganza personal.

  1. Busca un lugar tranquilo, haz la señal de la cruz y presenta concretamente a Dios la situación injusta que estás viviendo.
  2. Lee los primeros versículos pidiendo protección y que cualquier acción injusta contra ti sea detenida.
  3. Al encontrar expresiones fuertes contra los enemigos, conviértelas en una petición para que el mal fracase, la mentira sea descubierta y quien actúa injustamente cambie de camino.
  4. Al llegar a los falsos testigos, presenta a Dios cualquier acusación, rumor o mentira que te esté perjudicando.
  5. Medita los versículos donde el salmista recuerda el bien que hizo por quienes después lo atacaron y entrega a Dios cualquier herida causada por la ingratitud.
  6. Pregúntate con sinceridad si existe algún aspecto de la situación en el que tú también necesites reconocer un error o pedir perdón.
  7. Repite lentamente: “Dios mío y Señor mío, toma a tu cargo mi causa”, y entrega aquello que ya no puedes controlar.
  8. Termina pidiendo que la resolución del conflicto conduzca a la verdad, la justicia y una paz que te permita continuar tu camino sin resentimiento.

¿Cuándo se puede rezar el Salmo 35?

  • Cuando eres víctima de una acusación falsa.
  • Cuando alguien intenta perjudicarte injustamente.
  • Después de experimentar una traición.
  • Cuando recibiste mal a cambio del bien que hiciste.
  • Cuando necesitas pedir protección ante una situación hostil.
  • Cuando deseas entregar a Dios tu enojo antes de actuar impulsivamente.
  • Cuando necesitas defender tu reputación o aclarar una mentira.
  • Cuando existe una diferencia de poder y te sientes incapaz de defenderte solo.
  • Cuando necesitas evitar que la indignación se transforme en venganza.
  • Cuando quieres pedir que una injusticia sea descubierta y detenida.
  • Cuando deseas alcanzar paz después de un conflicto difícil.

Preguntas frecuentes sobre el Salmo 35

¿Para qué sirve el Salmo 35?

El Salmo 35 puede rezarse para pedir justicia, protección y defensa cuando sufrimos acusaciones falsas, traiciones, persecución o cualquier situación que consideramos injusta.

¿Cuál es el significado del Salmo 35?

El significado del Salmo 35 gira alrededor de entregar a Dios una causa injusta. El salmista pide que el mal sea detenido, que la verdad prevalezca y que finalmente pueda volver a vivir y alabar a Dios en paz.

¿El Salmo 35 es una oración contra los enemigos?

Es una oración nacida de un conflicto con enemigos reales. Desde una lectura cristiana, puede rezarse pidiendo que sus acciones injustas fracasen y que exista conversión, sin alimentar odio ni deseos de venganza personal.

¿Se puede rezar el Salmo 35 cuando alguien me acusa falsamente?

Sí. El Salmo menciona expresamente a testigos inicuos y acusaciones que el salmista no reconoce. Puede utilizarse para pedir serenidad, verdad y una resolución justa.

¿Qué significa pedir a Dios que combata a quienes me combaten?

Puede entenderse como una petición para que Dios defienda al inocente, detenga la injusticia y frustre los planes dañinos. No exige buscar violencia contra otra persona.

¿Cómo interpretar las expresiones fuertes del Salmo 35?

Reflejan el lenguaje de una persona profundamente herida. En la oración cristiana pueden dirigirse contra la injusticia, la mentira y el mal, pidiendo que sean vencidos sin desear la destrucción de quien los comete.

¿El Salmo 35 puede ayudar después de una traición?

Sí. Una parte importante del Salmo describe el dolor de haber tratado a otros como amigos y recibir después males a cambio del bien. Puede ayudar a presentar esa herida delante de Dios.

¿Rezar el Salmo 35 significa que no debo defenderme?

No. Entregar la causa a Dios puede acompañarse de acciones prudentes y legítimas para defenderse, establecer límites, documentar hechos o buscar justicia por los medios adecuados.

¿Cómo rezar el Salmo 35 sin caer en deseos de venganza?

Conviene transformar las expresiones contra los enemigos en peticiones para que el daño se detenga, la mentira sea descubierta, la justicia prevalezca y quien obra mal encuentre un camino de conversión.

¿Cuál es la enseñanza principal del Salmo 35?

Su enseñanza principal es que podemos confiar a Dios nuestras luchas e injusticias, defender la verdad sin imitar el mal y buscar una justicia que finalmente conduzca hacia la paz.