Explicación del Salmo 52
“Cuando Doeg, idumeo, fue a dar aviso a Saúl”
El Salmo comienza situando la oración dentro de una experiencia concreta de traición. No habla de la maldad solamente como una idea abstracta. Detrás de sus palabras existe una historia real de información utilizada para perjudicar.
Esto hace que el Salmo resulte especialmente cercano cuando hemos experimentado situaciones en las que alguien habló de nosotros con mala intención, reveló algo para hacernos daño o utilizó su cercanía para favorecer una injusticia.
Las palabras pueden cambiar el curso de los acontecimientos
Una palabra puede reconciliar, consolar, defender y orientar. Pero también puede destruir una reputación, provocar una ruptura, alimentar una persecución o desencadenar consecuencias difíciles de reparar.
El Salmo 52 concede una enorme importancia moral al uso de la lengua porque comprende que hablar nunca es un acto completamente insignificante.
“¿Por qué haces alarde de tu malignidad?”
La pregunta inicial no se dirige simplemente a alguien que ha cometido un error. Describe a quien presume de aquello que hace mal.
Existe una diferencia entre caer y reconocer nuestra falta, y convertir el mal en motivo de orgullo. El problema se vuelve más profundo cuando una persona deja de sentir necesidad de corregirse y comienza incluso a celebrar aquello que perjudica a los demás.
El éxito no convierte automáticamente una conducta en correcta
Podemos caer en la tentación de pensar que si una estrategia funciona entonces debe ser aceptable.
El Salmo cuestiona precisamente esa lógica. Alguien puede obtener beneficios mediante una injusticia y seguir estando equivocado. El resultado inmediato no determina por sí solo el valor moral de una acción.
“Tú que sólo empleas el valimiento para obrar la iniquidad”
El término señala el uso de una posición ventajosa para hacer el mal. El problema no es simplemente poseer influencia, sino utilizarla injustamente.
Toda autoridad trae consigo una responsabilidad. Esto puede aplicarse a un gobernante, un empresario, un jefe, un padre de familia, una persona con prestigio o cualquiera que posea capacidad para influir sobre los demás.
El poder revela muchas veces lo que llevamos dentro
Cuando tenemos pocas posibilidades de actuar, algunas intenciones permanecen ocultas. Cuando recibimos poder, recursos o autoridad, esas intenciones pueden hacerse visibles.
Por eso este Salmo puede rezarse también como examen de conciencia: ¿cómo trato a quienes tienen menos poder que yo?, ¿cómo utilizo aquello que está bajo mi responsabilidad?
“Todo el día está tu lengua empleándose en la injusticia”
La injusticia descrita por el salmista se manifiesta principalmente mediante palabras.
No necesitamos utilizar violencia física para hacer daño. Una mentira repetida, una acusación falsa, un rumor malicioso o una información manipulada pueden convertirse en formas muy graves de agresión.
La lengua puede convertirse en instrumento de justicia o injusticia
Podemos utilizar nuestra voz para defender a alguien que está siendo tratado injustamente, aclarar un malentendido, pedir perdón o decir la verdad.
También podemos utilizarla para manipular, humillar, exagerar, ocultar información o sembrar discordia. El Salmo nos obliga a preguntarnos de qué lado estamos utilizando nuestras palabras.
“Cual navaja afilada”
La comparación es extraordinariamente gráfica. Una navaja puede realizar un corte rápido y profundo. De la misma manera existen palabras que dejan heridas mucho después de haber sido pronunciadas.
Quien ha sido humillado públicamente, traicionado mediante una confidencia o acusado falsamente comprende perfectamente la fuerza de esta imagen.
Antes de hablar podemos preguntarnos qué producirá nuestra palabra
No toda verdad necesita decirse de cualquier manera ni en cualquier momento. Mucho menos deberíamos convertir información verdadera en instrumento para humillar deliberadamente.
La caridad y la verdad no son enemigas. Una palabra cristiana busca ser verdadera y, al mismo tiempo, estar orientada hacia el bien.
“Así tú has hecho traición”
La traición hiere precisamente porque presupone algún grado de confianza. Esperábamos determinada conducta y recibimos otra.
El Salmo reconoce ese dolor sin exigir que finjamos que nada ocurrió. Podemos nombrar una traición y, al mismo tiempo, decidir que no permitiremos que ella transforme nuestro corazón en otro corazón traicionero.
Perdonar no significa volver inmediatamente a confiar
La fe cristiana invita al perdón, pero eso no significa eliminar toda prudencia. La confianza humana puede necesitar reconstruirse con tiempo, hechos y cambios concretos.
Podemos renunciar a la venganza y aun así establecer límites saludables frente a una persona que continúa comportándose de manera dañina.
“Preferiste el mal al bien”
El verbo “preferiste” introduce el tema de la elección. El Salmo no describe simplemente una equivocación accidental, sino una orientación voluntaria.
Muchas decisiones morales comienzan precisamente allí: entre varias posibilidades elegimos aquello que alimentaremos.
Nuestras pequeñas elecciones van formando nuestro carácter
Raramente una persona se convierte de un día para otro en alguien profundamente mentiroso, resentido o injusto.
Con frecuencia existe una acumulación de pequeñas decisiones. Cada vez que elegimos la verdad, la paciencia y la justicia estamos formando también una determinada manera de ser.
“La calumnia al lenguaje de la verdad”
El contraste no podría ser más claro. Frente a la calumnia aparece la verdad.
Calumniar significa atribuir falsamente algo que perjudica a otra persona. Para la espiritualidad cristiana se trata de una grave deformación del uso de la palabra porque ataca simultáneamente la verdad y la dignidad del prójimo.
No participar en la difusión de aquello que no sabemos
Este versículo resulta especialmente actual en una época en la que una acusación puede difundirse en segundos.
Antes de compartir información perjudicial conviene preguntarnos si sabemos realmente que es cierta, si tenemos derecho a divulgarla y si existe una razón justa para hacerlo.
“Toda suerte de palabras mortíferas”
El lenguaje del Salmo es intenso porque quiere mostrar la capacidad destructiva de determinadas palabras.
Algunas expresiones destruyen amistades, familias, oportunidades, reputaciones y comunidades. Una palabra irresponsable puede producir consecuencias que quien la pronunció nunca imaginó.
También podemos herir mediante medias verdades
No toda manipulación consiste en inventar algo completamente falso. Podemos seleccionar solamente la parte de una historia que favorece nuestra intención, omitir información decisiva o presentar hechos verdaderos de una manera diseñada para engañar.
El llamado del Salmo a la verdad alcanza también esas formas más sutiles de deshonestidad.
“¡Oh lengua alevosa!”
La lengua representa aquí a la persona que utiliza deliberadamente la palabra para traicionar.
El versículo nos invita a revisar nuestras conversaciones privadas, nuestros mensajes, nuestras publicaciones y aquello que decimos cuando la persona afectada no está presente.
Hablar de alguien como hablaríamos delante de esa persona
Una disciplina espiritual muy útil consiste en preguntarnos si mantendríamos nuestras palabras si la persona de la que hablamos estuviera sentada frente a nosotros.
Esta sencilla pregunta puede evitar muchas conversaciones alimentadas por el resentimiento, la exageración o el deseo de perjudicar.
“Por tanto Dios te destruirá para siempre”
El Salmo entra ahora en un lenguaje de juicio. No debemos convertir estas palabras en autorización para ejercer violencia contra quien nos ha hecho daño.
Su sentido espiritual nos recuerda que el mal no posee una estabilidad eterna. Aquello que se construye mediante la injusticia puede parecer poderoso, pero no constituye un fundamento seguro delante de Dios.
La justicia pertenece finalmente a Dios
Cuando sufrimos una injusticia podemos sentir una necesidad intensa de hacer pagar inmediatamente a quien la cometió.
El Salmo permite expresar nuestra indignación delante de Dios y, al mismo tiempo, evita que tengamos que convertirnos nosotros mismos en instrumentos de venganza.
Podemos buscar justicia sin buscar venganza
Confiar en Dios no significa permanecer pasivos frente al abuso. Puede ser legítimo denunciar, establecer límites, recurrir a las autoridades correspondientes o defender nuestros derechos.
La diferencia está en el propósito: buscar que el mal sea detenido y la justicia restaurada, no disfrutar personalmente de la destrucción de otra persona.
“Te arrancará y echará fuera”
La imagen describe la pérdida de aquello que parecía proporcionar seguridad.
Quien había construido su posición mediante el poder descubre que esa posición no era indestructible. Ninguna estructura humana puede convertirse en garantía absoluta.
“Te desarraigará”
Aquí aparece una imagen vegetal que después será respondida por la imagen del olivo.
El injusto aparece desarraigado, mientras el creyente aparece como árbol fértil. La diferencia fundamental está en aquello donde cada uno ha colocado sus raíces.
¿Dónde están nuestras raíces?
Todos necesitamos cierta seguridad: trabajo, relaciones, recursos y estabilidad. El problema comienza cuando cualquiera de estas cosas ocupa el lugar de Dios y creemos que por poseerlas somos invulnerables.
El Salmo pregunta indirectamente cuál es el fundamento último sobre el que estamos construyendo nuestra vida.
“Lo verán los justos, y temblarán”
La reacción de los justos comienza con temor. No contemplan el juicio con indiferencia.
Ver las consecuencias del mal debería llevarnos también a examinar nuestra propia conducta. La caída ajena puede convertirse en advertencia para nuestra vida.
No utilizar la caída de otro para sentirnos moralmente superiores
Es fácil observar los errores ajenos y pensar que nosotros jamás actuaríamos de esa manera.
Una respuesta más sabia consiste en reconocer nuestra propia fragilidad y pedir a Dios que nos preserve de decisiones semejantes.
“Y se reirán de él”
El lenguaje expresa la inversión de una situación. Quien parecía intocable descubre finalmente la fragilidad de aquello en lo que confiaba.
Desde una lectura cristiana, no necesitamos convertir este versículo en una invitación a burlarnos personalmente de la desgracia ajena. Podemos comprenderlo como la revelación de lo absurdo que resulta confiar absolutamente en aquello que inevitablemente puede desaparecer.
La aparente invencibilidad del mal es temporal
Cuando estamos dentro de una situación injusta puede parecer que quien hace el mal controla absolutamente todo.
El Salmo rompe esa impresión. Ningún poder humano es absoluto y ninguna injusticia tiene garantizada una existencia eterna.
“He ahí el hombre que no contó con el favor de Dios”
Esta frase resume el problema fundamental. El personaje descrito organizó su seguridad sin contar verdaderamente con Dios.
Puede haber tenido poder, dinero y capacidad de influencia, pero carecía del fundamento que el salmista considera verdaderamente necesario.
Podemos construir una vida aparentemente exitosa y espiritualmente vacía
El éxito exterior no nos dice automáticamente qué ocurre dentro de una persona.
Podemos alcanzar metas legítimas y disfrutarlas agradecidamente, pero ninguna de ellas sustituye la necesidad de verdad, justicia, amor y comunión con Dios.
“Puso su confianza en sus grandes riquezas”
El Salmo no afirma simplemente que el hombre poseía riquezas. El problema está en que puso en ellas su confianza.
El dinero es un instrumento útil y necesario para muchas responsabilidades humanas. Se convierte en un problema espiritual cuando esperamos de él aquello que no puede proporcionar: sentido último, inocencia, amor verdadero, eternidad o salvación.
Las riquezas pueden resolver mucho, pero no todo
Los recursos pueden comprar comodidad, atención profesional, oportunidades y seguridad material. Todo ello puede ser bueno.
Pero existen dimensiones de nuestra vida que no se adquieren mediante una transacción. El Salmo nos recuerda que no debemos confundir capacidad económica con omnipotencia.
“No hubo quien le apeara de su vanidad”
La vanidad puede encerrarnos dentro de nuestra propia percepción hasta hacer difícil aceptar cualquier corrección.
Una persona rodeada únicamente de quienes le dicen lo que quiere escuchar corre un peligro particular: puede terminar creyendo que su poder la coloca por encima de toda responsabilidad.
Necesitamos personas capaces de decirnos la verdad
Una amistad auténtica no consiste únicamente en confirmar cada una de nuestras decisiones.
A veces una de las mayores bendiciones es tener cerca a alguien suficientemente honesto para advertirnos cuando estamos tomando un camino equivocado.
“Yo al contrario”
Con estas palabras comienza el gran contraste del Salmo.
David no describe ahora cómo derrotará al adversario utilizando sus mismas armas. Presenta una manera completamente diferente de vivir.
No necesitamos parecernos a quien nos hizo daño
Una injusticia puede despertar en nosotros el deseo de aprender exactamente las mismas estrategias que utilizó nuestro adversario.
El Salmo propone otra respuesta: conservar nuestra identidad y nuestras raíces en Dios.
“A manera de un fértil olivo”
Después de tantas imágenes de destrucción aparece un árbol vivo, estable y fértil.
Es una imagen de continuidad y fecundidad. La respuesta de Dios al mal no consiste únicamente en derribar aquello que es injusto, sino también en permitir que el bien continúe dando fruto.
La mejor respuesta puede ser seguir dando fruto
Algunas personas consumen años enteros intentando demostrar algo a quien las lastimó.
El olivo propone otra imagen: seguir creciendo, trabajando, amando, aprendiendo y haciendo el bien. No permitir que la persona que nos dañó se convierta también en dueña de nuestro futuro.
“Subsistiré en la casa de Dios”
La verdadera seguridad del salmista está vinculada con la presencia de Dios.
No afirma que jamás tendrá problemas. Afirma que existe un lugar espiritual donde su vida permanece arraigada incluso en medio de ellos.
Permanecer cuando nuestras emociones quieren hacernos huir
Las injusticias pueden sacudir también nuestra fe. Podemos preguntarnos por qué Dios permitió determinada situación.
El Salmo no niega esas preguntas, pero termina tomando una decisión: permanecer en la casa de Dios y continuar esperando en Él.
“Para siempre y por los siglos de los siglos”
El salmista contrapone lo temporal con lo permanente.
El poder injusto puede tener una temporada. La misericordia de Dios, en cambio, se contempla desde una perspectiva que supera las circunstancias inmediatas.
No juzgar toda nuestra historia por el momento presente
Cuando atravesamos una crisis es fácil sentir que ese momento representa toda nuestra vida.
La perspectiva de la fe amplía el horizonte. Lo que hoy nos duele profundamente forma parte de una historia que todavía no ha terminado.
“Por haber puesto mi esperanza en la misericordia de Dios”
Finalmente conocemos el secreto del olivo: sus raíces están en la misericordia.
El salmista no permanece porque sea invulnerable ni porque posea más poder que todos sus adversarios. Permanece porque espera en Dios.
Esperar en Dios no significa esperar pasivamente
La esperanza cristiana puede acompañarse de acciones muy concretas: buscar ayuda, documentar una injusticia, establecer límites, defender nuestros derechos, cambiar una situación peligrosa o pedir consejo.
Confiar significa realizar aquello que responsablemente nos corresponde sin convertir el miedo o la venganza en nuestros dueños.
“Te alabaré, Señor, eternamente”
El Salmo termina en alabanza. Después de comenzar describiendo la maldad de otro, termina mirando a Dios.
Este cambio de atención es espiritualmente importante. Podemos reconocer lo que alguien nos hizo sin permitir que esa persona ocupe permanentemente el centro de nuestra mente.
No permitir que nuestro adversario se convierta en el centro de nuestra vida
El resentimiento puede mantenernos vinculados durante años a quien quisiéramos olvidar.
Pensamos continuamente en lo que hizo, imaginamos conversaciones, reconstruimos escenas y deseamos demostrar algo. El Salmo termina liberándose de esa órbita: su última palabra pertenece a Dios.
“Esperaré el auxilio de tu Nombre”
Esperar el auxilio de Dios significa reconocer que no podemos controlar completamente todos los acontecimientos.
Hacemos nuestra parte y confiamos aquello que queda fuera de nuestras manos a la providencia divina.
Hay batallas que no necesitamos librar mediante la obsesión
Podemos defendernos cuando corresponde sin dedicar cada pensamiento del día al conflicto.
Después de realizar responsablemente aquello que podemos hacer, necesitamos aprender también a descansar y entregar a Dios aquello que ya no depende de nosotros.
“Por ser como es tan bueno para tus santos”
El Salmo termina confesando la bondad de Dios.
No termina diciendo que el mundo carece de injusticia. Todo lo contrario: ha descrito con crudeza la mentira, la traición y el abuso. Y precisamente dentro de esa realidad decide afirmar que Dios continúa siendo bueno.
La última palabra del Salmo 52 es esperanza
La injusticia aparece, pero no domina el final. La mentira aparece, pero tampoco domina el final. Las riquezas y el poder aparecen, pero tampoco dominan el final.
Al final permanece un creyente semejante a un olivo fértil, arraigado en la casa de Dios, esperando en su misericordia y dispuesto a continuar alabándolo.
Oración inspirada en el Salmo 52
Señor Dios mío, hoy vengo ante ti con aquello que llevo en el corazón.
Tú conoces las palabras que me han herido.
Conoces las mentiras que se han dicho.
Conoces las conversaciones que yo nunca escuché, pero cuyas consecuencias llegaron hasta mi vida.
Conoces las traiciones.
Las injusticias.
Las manipulaciones.
Y conoces también aquello que todavía no comprendo.
Señor, tú sabes cuánto puede doler una palabra.
A veces una sola frase permanece durante años dentro de nosotros.
Una acusación.
Una humillación.
Una mentira.
Una confidencia utilizada después en nuestra contra.
Una palabra pronunciada justamente por alguien de quien esperábamos cuidado.
Hoy pongo delante de ti todas esas palabras.
No quiero continuar cargándolas como si fueran una sentencia sobre mi vida.
Señor, si alguien ha mentido sobre mí, ayúdame a permanecer en la verdad.
Si alguien ha querido perjudicarme, dame prudencia para defenderme.
Si debo aclarar algo, dame las palabras correctas.
Si debo guardar silencio, dame dominio propio.
Si debo denunciar una injusticia, dame valentía.
Si debo alejarme de una persona, dame claridad.
Si debo establecer límites, ayúdame a mantenerlos.
Pero, sobre todas las cosas, Señor, no permitas que el daño recibido determine la persona en la que voy a convertirme.
No quiero aprender a mentir porque alguien mintió sobre mí.
No quiero aprender a traicionar porque fui traicionado.
No quiero volverme cruel porque alguien fue cruel conmigo.
No quiero vivir buscando la oportunidad perfecta para devolver cada herida.
Líbrame de convertirme lentamente en aquello que tanto me lastimó.
Señor, el Salmo habla de una lengua semejante a una navaja afilada.
Cuida también mi lengua.
Porque es fácil condenar las palabras de otros y olvidar las mías.
Perdóname por las veces que he hablado sin pensar.
Por las veces que exageré una historia.
Por las veces que compartí algo que no me correspondía compartir.
Por las veces que repetí un rumor sin saber si era verdadero.
Por las veces que utilicé información para quedar bien.
Por las veces que dije algo verdadero, pero lo dije con intención de humillar.
Por las veces que convertí mi enojo en palabras capaces de herir.
Purifica mi manera de hablar.
Dame una lengua que construya.
Una lengua que diga la verdad.
Una lengua que sepa defender sin destruir.
Una lengua que sepa corregir sin humillar.
Una lengua que sepa pedir perdón.
Una lengua que sepa también guardar silencio.
Señor, cuando tenga poder sobre otras personas, recuérdame este Salmo.
Cuando tenga autoridad.
Cuando tenga dinero.
Cuando tenga información.
Cuando tenga influencia.
Cuando alguien dependa de una decisión mía.
No permitas que utilice aquello que me has permitido tener para aplastar a quien tiene menos.
Dame justicia.
Dame humildad.
Dame memoria para recordar que también yo necesito misericordia.
Señor, no quiero poner toda mi confianza en las riquezas.
Gracias por los bienes materiales que me permiten vivir, trabajar, cuidar y ayudar.
Enséñame a administrarlos responsablemente.
Pero no permitas que piense que el dinero puede protegerme de todo.
No permitas que mi valor dependa de cuánto poseo.
No permitas que mida la dignidad de otras personas por lo que tienen.
No permitas que sacrifique mi conciencia para ganar más.
No permitas que cambie la verdad por una ventaja.
Quiero que mis recursos estén en mis manos.
No quiero que mi corazón esté en manos de mis recursos.
Señor, cuando vea prosperar a quien actúa injustamente, protégeme de la desesperación.
A veces resulta difícil comprenderlo.
Vemos personas que engañan y parecen avanzar.
Personas que manipulan y consiguen lo que quieren.
Personas que dañan y aparentemente no reciben ninguna consecuencia.
Y entonces podemos preguntarnos si vale la pena seguir haciendo lo correcto.
En esos momentos, Señor, recuérdame dónde quiero poner mis raíces.
No quiero construir mi vida únicamente para ganar una batalla inmediata.
Quiero construir una vida que pueda sostenerse delante de ti.
Hazme como un fértil olivo en tu casa.
Dame raíces profundas.
Que una crítica injusta no pueda arrancarme.
Que una mentira no pueda definir quién soy.
Que una traición no destruya mi capacidad de amar.
Que una pérdida no destruya mi esperanza.
Que una temporada difícil no me convenza de que toda mi historia está perdida.
Dame raíces en tu misericordia.
Señor, quiero seguir dando fruto.
Incluso después de lo que pasó.
Incluso después de aquello que dijeron.
Incluso después de aquello que perdí.
Incluso después de descubrir que alguien no era quien yo creía.
No quiero dedicar el resto de mi vida a demostrarle algo a quien me lastimó.
Quiero dedicar mi vida a aquello que tú me has llamado a construir.
Dame nuevos frutos.
Frutos de paciencia.
Frutos de sabiduría.
Frutos de justicia.
Frutos de bondad.
Frutos de prudencia.
Frutos de una fe que ha pasado por dificultades y ha aprendido a permanecer.
Señor, también pongo delante de ti mi deseo de justicia.
Tú sabes que hay cosas que necesitan ser corregidas.
Hay mentiras que necesitan ser aclaradas.
Hay abusos que necesitan detenerse.
Hay responsabilidades que necesitan asumirse.
Dame sabiduría para distinguir justicia de venganza.
Que pueda defender aquello que es correcto sin alimentar odio.
Que pueda utilizar los medios legítimos que estén a mi alcance sin perder mi paz interior.
Que pueda decir “esto estuvo mal” sin necesitar decir “quiero destruirte”.
Que pueda protegerme sin endurecer completamente mi corazón.
Señor, aquello que yo no puedo resolver lo pongo en tus manos.
No puedo controlar lo que todas las personas piensan de mí.
No puedo obligar a todos a conocer mi versión.
No puedo borrar cada palabra que alguien haya pronunciado.
No puedo controlar cada consecuencia.
Pero sí puedo elegir cómo voy a vivir desde ahora.
Ayúdame a elegir la verdad.
Ayúdame a elegir el bien.
Ayúdame a elegir la paz.
Ayúdame a elegir la prudencia.
Ayúdame a elegirte a ti.
Señor, si guardo resentimiento, sácalo poco a poco de mi corazón.
No quiero despertarme pensando en quien me hizo daño.
No quiero acostarme imaginando cómo devolverlo.
No quiero que otra persona siga controlando mis emociones aun cuando ya no esté presente.
Dame libertad interior.
Enséñame a perdonar.
No como quien afirma que la injusticia estuvo bien.
Sino como quien decide que la injusticia no seguirá viviendo dentro de su corazón.
Señor, si necesito tiempo, dame paciencia.
Si necesito ayuda, dame humildad para buscarla.
Si todavía no puedo pronunciar un perdón completo, ayúdame por lo menos a comenzar deseando algún día poder hacerlo.
Tú conoces mis procesos.
Trabaja dentro de mí.
Señor, protégeme también de la vanidad.
No permitas que el éxito me convenza de que ya no necesito consejo.
Pon cerca de mí personas capaces de decirme la verdad.
Y dame humildad para escucharlas.
Cuando esté equivocado, que pueda reconocerlo.
Cuando tenga que pedir perdón, que pueda hacerlo.
Cuando una decisión mía esté perjudicando a alguien, que no necesite perderlo todo para aceptar que debo cambiar.
Señor, quiero subsistir en tu casa.
Quiero permanecer cerca de ti cuando todo esté bien.
Y también cuando no comprenda lo que ocurre.
Cuando tenga abundancia.
Y cuando tenga preocupación.
Cuando las personas hablen bien de mí.
Y cuando alguien hable injustamente.
Que mi relación contigo no dependa completamente de las circunstancias.
Pon mi esperanza en tu misericordia.
Cuando mis fuerzas sean pequeñas, recuérdame tu misericordia.
Cuando tenga miedo, recuérdame tu misericordia.
Cuando sienta que la injusticia ha ganado, recuérdame tu misericordia.
Cuando no vea todavía una solución, recuérdame tu misericordia.
Cuando quiera resolverlo todo inmediatamente, enséñame también a esperar.
Te alabaré, Señor.
No solamente cuando vea cumplido exactamente aquello que deseo.
Quiero aprender a alabarte también durante el proceso.
Porque sigues siendo Dios.
Porque la verdad continúa siendo verdad.
Porque el bien continúa siendo bien.
Porque tu misericordia no depende de la conducta de quienes me rodean.
Señor, espero el auxilio de tu Nombre.
Haré aquello que esté en mis manos.
Trabajaré.
Hablaré cuando deba hablar.
Callaré cuando deba callar.
Pondré límites cuando sean necesarios.
Buscaré justicia por caminos correctos.
Y después entregaré a ti aquello que yo no puedo controlar.
No quiero vivir consumido por una batalla interminable.
Quiero volver a vivir.
Volver a construir.
Volver a confiar prudentemente.
Volver a disfrutar de aquello bueno que todavía permanece.
Volver a mirar hacia adelante.
Hazme, Señor, como ese fértil olivo.
Firme, pero no duro.
Prudente, pero no desconfiado de todo.
Capaz de recordar, pero sin vivir prisionero del pasado.
Capaz de defenderme, pero sin convertirme en vengativo.
Capaz de reconocer el mal, pero sin dejar de creer en el bien.
Arraigado profundamente en tu misericordia.
Que ninguna mentira sea más fuerte que la verdad con la que quiero vivir.
Que ninguna traición sea más fuerte que mi decisión de permanecer contigo.
Que ninguna riqueza ocupe el lugar que solamente te pertenece a ti.
Que ningún poder humano me haga olvidar que tú eres mi verdadera esperanza.
Y que después de toda dificultad pueda continuar diciendo:
esperaré el auxilio de tu Nombre,
porque eres bueno.
Amén.