¿Para qué sirve el Salmo 98?
El Salmo 98 sirve especialmente para dar gracias, celebrar las obras de Dios, recuperar la alegría y fortalecer nuestra confianza en su justicia.
El Salmo 98 es un canto de alegría que invita a reconocer las maravillas de Dios y a celebrar su salvación. Su mensaje comienza recordando lo que el Señor ha realizado y termina con una imagen grandiosa: toda la creación participa de la alabanza mientras Dios viene a juzgar la tierra con justicia.
Este Salmo nos enseña que la gratitud necesita memoria. Cuando recordamos las ocasiones en las que recibimos ayuda, encontramos fuerzas, superamos dificultades o experimentamos misericordia, descubrimos nuevas razones para cantar un “cántico nuevo”.
Rezar el Salmo 98 puede ayudarnos a recuperar la alegría, agradecer una etapa superada, celebrar una buena noticia y renovar nuestra esperanza en la justicia de Dios. Es también una invitación a unir nuestra propia voz a la alabanza de toda la creación.
Texto bíblico: Sagrada Biblia Torres Amat, edición de 1825.
El Salmo 98 sirve para dar gracias a Dios por sus obras, recuperar la alegría y recordar que su misericordia y su fidelidad continúan presentes. Es especialmente apropiado después de superar una dificultad, recibir una buena noticia o reconocer que una etapa complicada finalmente ha quedado atrás.
También puede rezarse cuando necesitamos fortalecer nuestra esperanza frente a la injusticia. El Salmo termina proclamando que Dios juzga con justicia y equidad, recordándonos que la mentira, el abuso y el mal no constituyen la última palabra sobre la historia.
Cuando queremos reconocer una bendición, una ayuda recibida o una dificultad que hemos podido superar.
Cuando hemos vivido demasiado concentrados en los problemas y necesitamos volver a reconocer aquello que también es bueno.
Cuando una nueva etapa de nuestra vida necesita un “cántico nuevo”, una mirada renovada y una actitud diferente.
Cuando necesitamos hacer memoria de las ocasiones en las que Dios nos sostuvo durante momentos difíciles.
Cuando una situación injusta nos produce frustración y necesitamos conservar la esperanza sin caer en la venganza.
Cuando queremos contemplar el mundo creado como una invitación a la gratitud y a la alabanza.
El significado del Salmo 98 se encuentra en tres grandes ideas: recordar las maravillas de Dios, celebrar su salvación y confiar en su justicia. El Salmo comienza mirando hacia atrás para reconocer lo que Dios ha hecho y termina mirando hacia adelante, esperando su juicio justo.
Entre ambos momentos aparece una explosión de alegría. Personas, instrumentos musicales, el mar, los ríos y los montes forman simbólicamente un gran coro. Toda la creación es convocada a celebrar al Señor.
“Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.”
El “cántico nuevo” representa una respuesta renovada ante la acción de Dios. Nuestra vida cambia, atravesamos nuevas experiencias y descubrimos nuevas razones para agradecer. Por eso nuestra alabanza también puede renovarse.
El final del Salmo muestra que la alegría cristiana no depende únicamente de aquello que ya ocurrió. También se alimenta de esperanza: Dios viene a juzgar con justicia y equidad. Para quienes desean la verdad y el bien, esta afirmación puede convertirse en una fuente profunda de confianza.
El Salmo comienza con una invitación a expresar la gratitud. La experiencia de Dios no queda encerrada solamente en el pensamiento: puede transformarse en palabras, música, alegría y alabanza.
Cantar representa aquí una respuesta del corazón ante el bien recibido.
La expresión habla de renovación. No necesariamente significa abandonar las oraciones conocidas, sino pronunciarlas desde una experiencia nueva.
Podemos rezar las mismas palabras después de haber atravesado una enfermedad, una pérdida, una reconciliación o una nueva oportunidad y descubrir en ellas un significado diferente.
La vida no permanece inmóvil. Cambian nuestras responsabilidades, nuestras relaciones, nuestras preocupaciones y también nuestra manera de comprender muchas cosas.
El “cántico nuevo” puede simbolizar la decisión de vivir una etapa nueva sin quedar completamente atrapados en aquello que ocurrió antes.
Recordar es importante, pero nuestra relación con Dios no necesita quedarse detenida en experiencias del pasado.
Podemos preguntarnos qué está haciendo Dios hoy en nuestra vida y qué estamos aprendiendo actualmente.
El motivo de la alabanza son las obras de Dios.
El salmista mira la historia y descubre acontecimientos que interpreta como manifestaciones de salvación.
No necesitamos limitar esta palabra a acontecimientos extraordinarios.
Una oportunidad inesperada, una reconciliación, una persona que nos ayudó, una decisión que finalmente encontramos fuerzas para tomar o simplemente haber sobrevivido a una etapa difícil pueden convertirse en motivos de profunda gratitud.
Nuestra mente puede acostumbrarse rápidamente a aquello que funciona y concentrarse casi exclusivamente en lo que falta.
La gratitud nos ayuda a corregir esa mirada incompleta.
Dar gracias no significa fingir que todo está bien.
Podemos reconocer simultáneamente una dificultad y aquello que continúa siendo bueno dentro de nuestra vida.
La diestra y el brazo son imágenes de fuerza y acción.
El Salmo atribuye la salvación al poder de Dios y no únicamente a la capacidad humana.
Es bueno desarrollar nuestras capacidades y asumir responsabilidad por nuestras decisiones. Sin embargo, no todo depende exclusivamente de nuestro esfuerzo.
Hay personas, circunstancias, oportunidades y factores que no controlamos.
Podemos caer en el extremo de pensar que todo depende de nosotros o, por el contrario, utilizar la fe como excusa para no hacer nada.
La espiritualidad madura combina confianza en Dios con responsabilidad personal.
La salvación es presentada como obra de Dios.
En la experiencia bíblica, salvar significa liberar, rescatar y conducir hacia una vida nueva.
A lo largo de nuestra vida también podemos experimentar liberaciones concretas: salir de una relación destructiva, superar una dependencia, abandonar una mentira, reconciliarnos con alguien o encontrar ayuda durante una crisis.
Estos procesos pueden convertirse en motivos para agradecer.
Para la fe cristiana, la salvación encuentra su plenitud en Jesucristo. En Él reconocemos la misericordia de Dios que busca reconciliar, sanar y conducir al ser humano hacia la vida.
Dios no permanece completamente oculto. Sus obras permiten reconocer algo de su presencia y de su acción.
El salmista contempla la historia como un lugar donde puede descubrirse la fidelidad divina.
Podemos hacer un ejercicio sencillo: mirar algunos años hacia atrás y recordar qué problemas ocupaban entonces nuestra mente.
Muchos desaparecieron, otros cambiaron y algunos nos enseñaron algo que entonces no podíamos comprender.
Hay acontecimientos cuyo significado no comprendemos mientras están sucediendo.
Con el paso del tiempo podemos descubrir aprendizajes, decisiones o caminos que surgieron precisamente a partir de ellos.
Salvación y justicia aparecen unidas.
Dios no salva mediante la arbitrariedad, sino manifestando aquello que es verdadero y justo.
Para quien ha sufrido abuso o engaño, la existencia de una justicia verdadera es una esperanza.
Significa que el mal no puede reclamar legítimamente la última palabra.
Es sencillo pedir justicia cuando somos perjudicados. El reto aparece cuando la justicia exige también revisar nuestras propias acciones.
El Salmo nos invita a desear una justicia auténtica, no solamente aquello que nos beneficia.
La acción de Dios tiene una dimensión pública y universal.
Su salvación no queda limitada a un espacio privado.
Nuestra fe también debería producir frutos visibles.
No necesariamente mediante grandes discursos, sino mediante honestidad, misericordia, responsabilidad y respeto por los demás.
Este lenguaje humano expresa la fidelidad de Dios. No significa que Dios hubiera olvidado y después recordara accidentalmente.
Significa que actúa de acuerdo con su misericordia.
Somos nosotros quienes olvidamos fácilmente.
Durante una nueva dificultad podemos comportarnos como si nunca antes hubiéramos recibido ayuda, encontrado una salida o atravesado una crisis.
Recordar las misericordias recibidas puede fortalecer nuestra esperanza presente.
No garantiza que el siguiente problema se resolverá exactamente como deseamos, pero nos recuerda que nuestra historia contiene más que dificultades.
El Salmo celebra la fidelidad.
Dios no es presentado como alguien cambiante o engañoso, sino como fiel a su palabra.
La contemplación de la fidelidad de Dios puede convertirse en una pregunta sobre nuestra propia palabra.
¿Cumplimos aquello que prometemos? ¿Somos personas en quienes otros pueden confiar?
Una forma de crecer en fidelidad es evitar prometer impulsivamente aquello que después no podremos cumplir.
La honestidad también consiste en reconocer nuestros límites.
La mirada vuelve a ampliarse hasta alcanzar toda la tierra.
La salvación de Dios posee un horizonte universal.
Esta imagen puede ser especialmente consoladora cuando pensamos que una persona o situación está completamente perdida.
Mientras exista vida, no necesitamos declarar definitivamente cerrado todo camino de transformación.
A partir del cuarto versículo el Salmo se transforma prácticamente en una celebración.
La gratitud que comenzó como memoria se convierte ahora en alegría.
Algunas personas saben resistir muy bien los momentos difíciles, pero cuando finalmente llega algo bueno no saben disfrutarlo.
El Salmo nos recuerda que celebrar también puede ser una respuesta espiritual.
Después de una etapa complicada podemos acostumbrarnos a vivir permanentemente en alerta.
Si finalmente llega un período de tranquilidad, podemos aprender poco a poco a recibirlo con gratitud.
Nuevamente la invitación es universal.
La alegría no pertenece exclusivamente a un pequeño grupo.
La alegría auténtica no necesita disminuir la felicidad de otros para existir.
Podemos aprender a celebrar también las cosas buenas que les ocurren a quienes nos rodean.
La comparación constante puede convertir la bendición ajena en motivo de tristeza.
La gratitud nos ayuda a reconocer nuestro propio camino sin necesitar competir permanentemente con los demás.
El Salmo insiste en la alegría porque ésta forma parte de su mensaje.
La espiritualidad bíblica conoce el dolor y el lamento, pero también conoce profundamente la celebración.
No necesitamos obligarnos a estar alegres durante una pérdida ni permanecer tristes cuando finalmente existe una razón legítima para celebrar.
Cada etapa puede ser vivida con verdad.
La alabanza encuentra una forma concreta en la oración y la música.
Desde tiempos antiguos, cantar ha permitido expresar emociones que a veces resultan difíciles de comunicar solamente mediante palabras.
Una canción religiosa puede ayudarnos a orar cuando estamos cansados o cuando no encontramos palabras propias.
La música puede abrir un espacio interior para la gratitud, el consuelo y la contemplación.
El arpa aparece como instrumento de celebración.
El Salmo integra el arte dentro de la alabanza.
Música, pintura, arquitectura, poesía y otras expresiones humanas pueden ayudarnos a percibir belleza y trascendencia.
La creatividad puede convertirse en una forma de agradecer los dones recibidos.
No todos tenemos los mismos dones.
Aquello que sabemos hacer puede convertirse en servicio cuando lo utilizamos para construir, ayudar o llevar belleza a la vida de otros.
La armonía requiere que diferentes sonidos puedan convivir sin perder su identidad.
Esta imagen puede ayudarnos a pensar también en la vida comunitaria.
Podemos construir comunidad sin pensar exactamente igual en todo.
La verdadera armonía permite diferencias dentro de un propósito común.
Las trompetas expresan una celebración pública y solemne.
La alabanza deja de ser algo escondido y se convierte en proclamación.
A veces parece más fácil compartir quejas que gratitud.
El Salmo nos invita también a hablar de aquello que ha sido bueno y de las razones que tenemos para esperar.
Toda la celebración ocurre delante de Dios.
Esto distingue la alabanza de una alegría completamente centrada en nosotros mismos.
Cuando conseguimos algo importante podemos disfrutarlo y, al mismo tiempo, reconocer a quienes contribuyeron y agradecer las oportunidades recibidas.
La gratitud protege nuestros logros de convertirse únicamente en orgullo.
Dios vuelve a aparecer como Rey, una imagen que expresa soberanía.
Ningún poder humano ocupa el lugar definitivo.
Puede haber personas cuyas decisiones afectan significativamente nuestra vida.
Sin negar esa realidad, la fe nos recuerda que ninguna persona posee un poder absoluto sobre nuestra existencia.
El mar se incorpora al gran canto.
Aquello que en otros textos bíblicos puede representar fuerza y caos aparece aquí participando de la celebración.
Hay partes de nuestra vida que parecen desordenadas.
Con tiempo, ayuda, decisiones responsables y gracia, aquello que hoy parece caótico puede encontrar una nueva forma.
El Salmo no deja nada fuera.
Toda la realidad creada aparece invitada a reconocer a Dios.
Muchas preocupaciones parecen enormes cuando nuestra mirada se concentra exclusivamente en nosotros.
Contemplar la inmensidad de la creación puede ayudarnos a recuperar perspectiva sin minimizar nuestros problemas.
Es una imagen poética extraordinaria. El movimiento de las aguas se convierte simbólicamente en aplauso.
La naturaleza entera parece adquirir una voz.
Podemos pasar todos los días frente a cosas hermosas sin realmente observarlas.
Contemplar significa detenernos y prestar atención sin exigir inmediatamente utilidad.
Un río, la lluvia, un amanecer, un árbol o el cielo pueden recordarnos que nuestra existencia ocurre dentro de un mundo que no hemos creado nosotros.
Esa conciencia puede despertar humildad y gratitud.
Incluso aquello que parece inmóvil participa poéticamente de la alegría.
El lenguaje exagerado del Salmo busca expresar que la llegada de Dios afecta a toda la creación.
Hay etapas en las que nosotros mismos podemos sentirnos interiormente inmóviles.
Una buena noticia, una reconciliación o una nueva esperanza pueden devolver movimiento a lugares que parecían apagados.
La creación celebra ante la presencia divina.
La alegría alcanza su sentido pleno cuando reconoce su fuente.
No necesitamos permanecer todo el día pensando explícitamente en asuntos religiosos.
Podemos cultivar una conciencia sencilla de que nuestro trabajo, nuestras relaciones y nuestras decisiones también ocurren delante de Dios.
El Salmo termina con una afirmación que podría parecer sorprendente después de tanta alegría.
Sin embargo, precisamente la llegada del juez provoca la celebración.
Porque el juez del Salmo viene a establecer justicia.
Para quien ha sufrido una injusticia, la existencia de un juez verdaderamente justo puede ser una buena noticia.
La justicia busca restaurar aquello que ha sido quebrantado y reconocer la verdad.
La venganza, en cambio, puede quedar atrapada únicamente en el deseo de producir sufrimiento.
Cuando hemos sido perjudicados podemos realizar las acciones legítimas que correspondan y, al mismo tiempo, pedir a Dios que nos proteja de convertir el resentimiento en el centro de nuestra existencia.
La justicia es nuevamente el criterio.
El poder de Dios no está separado del bien.
Antes de utilizar estas palabras para señalar a otros, podemos preguntarnos cómo estamos actuando nosotros.
¿Somos honestos? ¿Cumplimos nuestros compromisos? ¿Tratamos justamente a quienes dependen de nuestras decisiones?
La equidad expresa ausencia de favoritismo y arbitrariedad.
Dios no necesita manipular la verdad para favorecer intereses particulares.
Nuestra propia idea de justicia puede verse afectada por simpatías, prejuicios o intereses.
El Salmo nos invita a aprender una forma más limpia de mirar a los demás.
Este Salmo es especialmente apropiado cuando podemos mirar atrás y decir: aquello que me preocupaba finalmente pasó.
En lugar de correr inmediatamente hacia la siguiente preocupación, podemos detenernos a agradecer.
Cuando termina una etapa difícil, puede ser útil reconocer conscientemente ese cierre.
Dar gracias nos ayuda a integrar la experiencia y reconocer cuánto hemos cambiado durante el proceso.
Una recuperación, un nuevo trabajo, una reconciliación, un nacimiento, una oportunidad o cualquier acontecimiento importante pueden convertirse en ocasión para rezarlo.
La alegría compartida se transforma así en acción de gracias.
También podemos rezarlo precisamente cuando no sentimos espontáneamente gratitud.
Sus palabras pueden ayudarnos a buscar pequeñas razones para agradecer sin negar aquello que nos duele.
No necesitamos encontrar diez grandes bendiciones.
Podemos comenzar por algo sencillo: una persona, una comida, un descanso, una conversación, una oportunidad o simplemente un nuevo día.
La memoria del pasado y la esperanza del futuro se encuentran en este Salmo.
Recordamos lo que Dios hizo y esperamos la plenitud de su justicia.
Cuando el presente resulta difícil, nuestra memoria puede convertirse en una fuente de fortaleza.
Si ya hemos atravesado otras noches, podemos encontrar razones para creer que la historia todavía puede cambiar.
La esperanza no significa establecer una fecha en la que Dios debe resolver nuestros problemas.
Significa continuar orientados hacia el bien incluso cuando todavía no vemos todos los resultados.
Mar, ríos y montes aparecen como participantes de la alabanza.
Esta visión puede despertar en nosotros una relación más respetuosa con el mundo creado.
Si la naturaleza puede conducirnos hacia la gratitud, también podemos asumir responsabilidad por su cuidado.
La contemplación auténtica puede convertirse en respeto.
No necesitamos esperar un acontecimiento extraordinario para vivir su mensaje.
Podemos convertir cada día en una oportunidad para recordar, agradecer, celebrar y actuar justamente.
Hacer memoria de aquello que hemos recibido evita que vivamos pensando solamente en lo que falta.
La gratitud nos ayuda a recibir conscientemente aquello que ya forma parte de nuestra vida.
Celebrar reconoce que las cosas buenas también merecen nuestra atención.
La alabanza encuentra coherencia cuando nuestras acciones intentan reflejar la justicia que atribuimos a Dios.
El Salmo 98 evita dos errores: vivir atrapados únicamente en el pasado o vivir obsesionados únicamente con el futuro.
Recuerda lo que Dios hizo, celebra el presente y espera aquello que todavía está por venir.
El Salmo 98 nos enseña a reconocer que la gratitud, la alegría y la justicia pertenecen a una misma vida espiritual. Recordamos las maravillas de Dios, celebramos su salvación y esperamos que su justicia se manifieste plenamente.
Su “cántico nuevo” es también una invitación personal. Podemos entrar en una nueva etapa sin negar nuestra historia, pero sin permitir que el pasado determine absolutamente nuestro futuro.
El mar, los ríos y los montes nos recuerdan que nuestra alabanza forma parte de algo mayor. No estamos solos. Pertenecemos a una creación entera que, según la poesía del Salmo, se alegra ante su Creador.
Y cuando todavía existen injusticias, el Salmo termina ofreciéndonos una razón para no desesperar: Dios viene a juzgar con justicia y equidad. El bien continúa teniendo sentido.
La enseñanza principal del Salmo 98 es que recordar las obras de Dios debe conducirnos hacia la gratitud, la alegría y una esperanza renovada. El creyente no vive únicamente mirando aquello que falta; aprende también a reconocer aquello que ya ha recibido.
El Salmo nos invita a cantar un “cántico nuevo”, es decir, a permitir que cada etapa de nuestra vida renueve nuestra relación con Dios. Podemos conservar las oraciones de siempre y pronunciarlas desde un corazón transformado por nuevas experiencias.
También nos enseña que la alegría y la justicia no están separadas. Toda la creación celebra precisamente porque Dios viene a juzgar con justicia y equidad. La esperanza bíblica no ignora el mal: confía en que el mal no tendrá la última palabra.
Por eso el Salmo 98 puede resumirse en cuatro movimientos sencillos: recordar, agradecer, celebrar y confiar.
Señor Dios mío,
hoy quiero cantarte un cántico nuevo.
Quiero detenerme por un momento antes de pensar en aquello que falta.
Antes de recordar mis preocupaciones.
Antes de presentarte todas mis peticiones.
Hoy quiero recordar las maravillas que ya existen en mi historia.
Gracias, Señor, por las veces que encontré una salida cuando no sabía qué hacer.
Gracias por las personas que llegaron en momentos importantes.
Gracias por las puertas que se abrieron.
Gracias también por aquellas que se cerraron y después comprendí que no eran para mí.
Gracias por las dificultades que finalmente terminaron.
Gracias por aquellas que todavía continúan pero me han enseñado a ser más paciente, más prudente o más fuerte.
Señor, muchas veces olvido.
Llega un nuevo problema y parece que nunca antes hubiera superado ninguno.
Llega una nueva incertidumbre y olvido todas las ocasiones en las que también tuve miedo y finalmente encontré un camino.
Dame memoria.
Una memoria agradecida.
Que no recuerde solamente mis heridas.
Que recuerde también mis recuperaciones.
Que no recuerde solamente las pérdidas.
Que recuerde también aquello que llegó después de ellas.
Que no recuerde solamente las personas que me fallaron.
Que recuerde también a quienes permanecieron.
Señor, tú has hecho maravillas.
Ayúdame a reconocerlas incluso cuando no sean espectaculares.
Quizá una maravilla sea despertar hoy.
Quizá sea tener alimento.
Quizá sea una persona a quien puedo llamar.
Quizá sea un problema que ya no existe.
Quizá sea la fuerza que encontré para seguir cuando creía que ya no podía.
Enséñame a reconocer esas maravillas pequeñas que la costumbre vuelve invisibles.
Señor, gracias por tu salvación.
Gracias por rescatarme de aquello que alguna vez pudo destruirme.
Gracias por las decisiones que tuve fuerzas para cambiar.
Gracias por las cadenas que poco a poco se fueron rompiendo.
Gracias por cada ocasión en la que pude comenzar de nuevo.
Señor Jesús, reconozco en ti la plenitud de la salvación y de la misericordia de Dios.
Condúceme hacia una vida cada vez más libre de aquello que me aleja del amor y la verdad.
Señor, manifiesta tu justicia también en mi vida.
Cuando sufra una injusticia, dame serenidad para no actuar solamente desde la ira.
Dame claridad para reconocer qué acciones debo realizar.
Dame valentía para defender aquello que es correcto.
Dame prudencia para no empeorar aquello que intento resolver.
Y cuando una situación ya esté fuera de mis posibilidades, dame libertad para ponerla en tus manos.
Señor, antes de señalar la injusticia ajena, examina también mi propia vida.
Muéstrame dónde no estoy siendo justo.
Dónde prometo y no cumplo.
Dónde exijo a los demás aquello que yo mismo no practico.
Dónde aprovecho una ventaja solamente porque puedo.
Dónde he tratado a una persona como si valiera menos que yo.
Dame humildad para corregirme.
Señor, tú recuerdas tu misericordia.
Ayúdame también a ser misericordioso.
Que no utilice los errores de otras personas para condenarlas para siempre.
Que pueda distinguir entre perdonar y permitir que alguien continúe haciéndome daño.
Dame misericordia acompañada de sabiduría.
Compasión acompañada de límites.
Bondad acompañada de verdad.
Señor, tú eres fiel.
Enséñame también a cuidar mi palabra.
Que no prometa aquello que sé que no podré cumplir.
Que no utilice palabras bonitas solamente para obtener aquello que quiero.
Que las personas puedan encontrar en mí alguien confiable.
Cuando me equivoque, dame humildad para reconocerlo.
Cuando no pueda cumplir algo prometido, dame honestidad para decirlo.
Señor, hoy quiero alegrarme.
A veces me resulta más fácil preocuparme que celebrar.
Incluso cuando algo bueno sucede, rápidamente comienzo a pensar en lo siguiente que podría salir mal.
Enséñame a vivir el bien presente.
Si hoy tengo una razón para sonreír, que pueda sonreír.
Si hoy tengo una razón para celebrar, que pueda celebrar.
Si hoy puedo descansar, que pueda descansar.
Si hoy puedo compartir con quienes amo, que no desperdicie ese momento pensando únicamente en mañana.
Señor, líbrame de la comparación.
Que la alegría de otra persona no se convierta automáticamente en tristeza para mí.
Enséñame a celebrar el bien ajeno.
Que pueda reconocer que cada persona tiene su propio camino, sus propios tiempos y sus propias luchas.
Ayúdame a mirar mi propia vida con gratitud.
Señor, recibe mis talentos.
Como el arpa, las trompetas y las voces del Salmo, quiero ofrecerte aquello que sé hacer.
Mis capacidades.
Mi trabajo.
Mi creatividad.
Mi experiencia.
Mi tiempo.
Que aquello que he recibido pueda convertirse también en servicio.
No permitas que utilice mis capacidades solamente para engrandecer mi propio nombre.
Dame oportunidades para construir, ayudar y hacer el bien.
Señor, enséñame la armonía.
No necesito que todos piensen exactamente como yo.
Dame capacidad para escuchar.
Para dialogar.
Para aprender.
Para defender aquello que considero verdadero sin perder el respeto por la dignidad de quien piensa diferente.
Señor, que toda la creación me recuerde tu presencia.
Cuando vea el mar, que recuerde tu grandeza.
Cuando escuche correr el agua, que recuerde la vida.
Cuando contemple los montes, que recuerde que existen realidades mucho mayores que mis preocupaciones.
Cuando mire el cielo, que recuerde mi pequeñez sin olvidar mi dignidad.
Enséñame a cuidar aquello que admiro.
Que mi gratitud por la creación se transforme también en responsabilidad.
Señor, tú vienes a juzgar la tierra con justicia.
Esta promesa me da esperanza.
Porque existen demasiadas historias que parecen terminar sin justicia.
Personas que sufren sin ser escuchadas.
Mentiras que parecen tener éxito.
Abusos que parecen quedar sin respuesta.
No permitas que estas realidades me convenzan de que hacer el bien es inútil.
Que la injusticia de otros no me convierta también en injusto.
Que la mentira de otros no me enseñe a mentir.
Que la crueldad de otros no destruya mi capacidad de ser compasivo.
Señor, juzga con justicia aquello que yo no puedo resolver.
Y mientras tanto, enséñame a realizar la parte que me corresponde.
Que sea justo en mis decisiones.
Justo en mis negocios.
Justo en mis palabras.
Justo con mi familia.
Justo con quienes trabajan conmigo.
Justo incluso cuando podría obtener una ventaja actuando de otra manera.
Señor, hoy quiero cantar un cántico nuevo porque no soy exactamente la misma persona que era ayer.
He aprendido.
He perdido.
He recibido.
Me he equivocado.
He comenzado nuevamente.
Y todavía estoy en camino.
Que esta nueva etapa tenga también una nueva forma de confiar en ti.
Más humilde.
Más agradecida.
Más consciente.
Más misericordiosa.
Más justa.
Señor, cuando llegue una nueva dificultad, recuérdame las maravillas que hoy estoy celebrando.
Cuando llegue una nueva noche, recuérdame los amaneceres que ya he visto.
Cuando tenga miedo, recuérdame que mi historia no está formada solamente por problemas, sino también por caminos abiertos, ayuda recibida y oportunidades nuevas.
Gracias, Señor, por lo que hiciste.
Gracias por lo que haces.
Y gracias porque puedo confiar en ti también por aquello que todavía no puedo ver.
Que mi vida sea un cántico nuevo.
Que mi gratitud tenga memoria.
Que mi alegría pueda compartirse.
Que mi esperanza permanezca firme.
Y que mis acciones reflejen la justicia que proclamo cuando pronuncio tu Nombre.
Amén.
Para rezar el Salmo 98 puedes comenzar recordando una situación concreta por la que quieras dar gracias. Después lee lentamente el Salmo y permite que sus imágenes de música, alegría y creación te ayuden a reconocer aquello que ha sido bueno en tu propia historia.
El Salmo 98 sirve especialmente para dar gracias, celebrar las obras de Dios, recuperar la alegría y fortalecer nuestra confianza en su justicia.
El Salmo recuerda las maravillas, la misericordia y la fidelidad de Dios e invita a toda la creación a celebrarlo. Termina proclamando que Dios juzga al mundo con justicia y equidad.
Significa renovar nuestra respuesta a Dios. Cada nueva etapa, aprendizaje o experiencia puede darnos nuevas razones para agradecer y una forma más profunda de vivir nuestra fe.
Sí. Es especialmente apropiado para la acción de gracias porque comienza celebrando las maravillas y la salvación de Dios y continúa con una gran invitación a la alegría.
Sí. Puede ser una excelente oración para reconocer conscientemente que una etapa difícil ha terminado, agradecer lo aprendido y comenzar una nueva etapa con esperanza.
Porque el Salmo presenta la alabanza como una celebración plena. Las voces, el arpa, las trompetas y otros instrumentos expresan públicamente la alegría ante las obras de Dios.
Son imágenes poéticas que presentan a toda la creación participando de la alegría. El Salmo transforma simbólicamente el movimiento de la naturaleza en un gran canto de alabanza.
Porque Dios viene a juzgar con justicia y equidad. Para quienes esperan que la verdad y el bien prevalezcan, la existencia de una justicia verdadera es motivo de esperanza.
Puede rezarse recordando primero una bendición concreta, leyendo después lentamente el Salmo y terminando con una oración personal de gratitud y un compromiso de vivir con mayor justicia.
Que debemos recordar las maravillas de Dios, agradecer su misericordia, celebrar el bien recibido y conservar la esperanza porque su justicia y su verdad no serán finalmente vencidas.