Explicación del Salmo 121
“Alcé mis ojos”
El Salmo comienza con un movimiento sencillo pero profundamente espiritual: levantar la mirada.
Cuando atravesamos una dificultad, nuestra atención puede quedar completamente atrapada en aquello que nos preocupa. Levantar los ojos representa la decisión de mirar más allá del problema inmediato.
Levantar la mirada no significa ignorar la realidad
La fe no exige fingir que los problemas no existen. El peregrino continúa teniendo un camino por delante y sigue necesitando ayuda.
Lo que cambia es su perspectiva: además de mirar el camino, comienza a mirar hacia aquel de quien espera recibir socorro.
Cuando nuestros pensamientos solamente miran el problema
La preocupación puede hacer que una dificultad ocupe prácticamente todo nuestro horizonte. Pensamos en ella al despertar, durante el día y antes de dormir.
El Salmo 121 nos invita a ampliar nuevamente la mirada. El problema existe, pero no es toda nuestra realidad.
“Hacia los montes de Jerusalén”
La imagen de los montes pertenece al contexto del peregrino que dirige su camino hacia Jerusalén.
La subida requiere esfuerzo. Por eso la escena transmite movimiento, expectativa y también la necesidad de confiar durante el trayecto.
Nuestra vida también tiene caminos de subida
Existen etapas donde avanzar resulta sencillo y otras donde cada paso parece exigir un esfuerzo extraordinario.
Una enfermedad familiar, una preocupación económica, una decisión importante o un cambio inesperado pueden convertirse en nuestros propios caminos de subida.
“De donde me vendrá el socorro”
La primera necesidad que aparece en el Salmo es el socorro. El peregrino reconoce que necesita ayuda.
Esta confesión contiene humildad. No siempre podemos resolverlo todo solos y no existe debilidad espiritual en reconocerlo.
Reconocer que necesitamos ayuda
Algunas personas viven bajo la presión de demostrar que pueden encargarse de absolutamente todo.
Sin embargo, pedir ayuda puede ser una expresión de sabiduría. Podemos acudir a Dios y también aceptar la ayuda concreta de personas capaces de acompañarnos.
“Mi socorro viene del Señor”
El segundo versículo responde con claridad. El fundamento de la confianza del salmista no se encuentra únicamente en sus propias fuerzas.
Su socorro viene del Señor. Esta certeza permite que el peregrino continúe caminando aunque todavía no conozca todos los detalles del trayecto.
La ayuda de Dios no elimina nuestra responsabilidad
Confiar en Dios no significa dejar de tomar decisiones prudentes. El viajero debe continuar caminando, observar el camino y cuidar sus pasos.
Del mismo modo, podemos rezar y al mismo tiempo planificar, trabajar, buscar consejo, consultar profesionales y realizar las acciones responsables que una situación requiera.
“Que creó el cielo y la tierra”
El salmista recuerda quién es aquel de quien espera ayuda. No deposita su confianza en una fuerza limitada, sino en el creador del cielo y de la tierra.
La grandeza de la creación se convierte así en una razón para confiar.
Recordar quién es Dios cambia la oración
Cuando solamente contemplamos el tamaño de nuestro problema, puede parecernos imposible.
El Salmo nos invita a contemplar también la grandeza de Dios. No para negar la dificultad, sino para evitar que nuestra dificultad se convierta en la medida de todo.
“No permitirá que resbalen tus pies”
El lenguaje vuelve a situarnos en el camino del peregrino. Un sendero irregular puede provocar tropiezos y caídas.
Espiritualmente, nuestros pies también pueden resbalar cuando el miedo, la desesperación o una decisión impulsiva amenazan con apartarnos del camino correcto.
Pedir estabilidad
Algunas veces la ayuda que más necesitamos no consiste en que desaparezca inmediatamente el problema, sino en permanecer firmes mientras lo atravesamos.
Podemos pedir a Dios claridad para no tomar decisiones desesperadas solamente porque queremos escapar rápidamente de una situación difícil.
Los tropiezos forman parte del camino
El Salmo expresa confianza en la protección divina, pero la vida de fe no significa que nunca cometeremos errores.
Cuando tropezamos, podemos reconocerlo, aprender, levantarnos y continuar caminando.
“Oh alma mía”
El salmista parece hablar consigo mismo. La oración se convierte también en una manera de recordar a su propia alma aquello que necesita creer.
Hay momentos en los que sabemos intelectualmente que debemos confiar, pero emocionalmente continuamos teniendo miedo.
Hablarle a nuestra propia preocupación
Repetir una verdad espiritual puede ayudarnos a ordenar nuestros pensamientos.
Podemos decirnos: “Tengo miedo, pero no estoy completamente solo. No sé qué sucederá, pero puedo dar el siguiente paso con prudencia”.
“Ni se adormecerá aquel que te está guardando”
El ser humano necesita dormir. Nuestra atención tiene límites y no podemos vigilar continuamente todo aquello que nos preocupa.
Dios, en cambio, aparece en el Salmo como aquel cuya vigilancia no se interrumpe.
Podemos descansar
Esta imagen resulta especialmente consoladora durante la noche, cuando la preocupación parece hacerse más grande.
Podemos aceptar que nosotros necesitamos descansar. No tenemos que permanecer mentalmente despiertos intentando resolver problemas que en ese momento no podemos solucionar.
No todo se resolverá esta noche
Algunas preocupaciones no necesitan una respuesta inmediata. Sin embargo, nuestra mente puede intentar resolverlas durante horas.
El Salmo permite decir: “Señor, por esta noche dejo esto en tus manos. Mañana continuaré haciendo aquello que me corresponda”.
“No por cierto, no se adormecerá”
La idea se repite porque es importante. Dios no pierde de vista a su pueblo.
La repetición refuerza la confianza del peregrino, especialmente cuando la experiencia humana parece decir lo contrario.
Cuando parece que Dios guarda silencio
Hay momentos en los que podemos sentir que nuestras oraciones no reciben respuesta.
El Salmo no pretende negar esa experiencia. Nos invita a distinguir entre el silencio que nosotros percibimos y la ausencia de Dios.
Esperar también forma parte de la confianza
No todas las respuestas llegan en el momento que deseamos.
Mientras esperamos, podemos continuar haciendo aquello que sabemos que es bueno y responsable, sin interpretar automáticamente la demora como abandono.
“Ni dormirá el que guarda a Israel”
La oración personal se conecta ahora con la historia de todo un pueblo.
El peregrino recuerda que no es el primero que necesita confiar. Pertenece a una comunidad que durante generaciones ha buscado la ayuda de Dios.
No caminamos solos
Nuestra fe no comienza únicamente con nosotros. Podemos aprender de las oraciones, testimonios y experiencias de quienes caminaron antes.
También podemos permitir que otras personas nos acompañen cuando nuestra propia confianza se encuentra debilitada.
“El Señor es el que te custodia”
La palabra custodia expresa cuidado y protección.
El Salmo no presenta a Dios simplemente observando desde lejos. Lo presenta involucrado en el camino de quien confía en él.
La protección no significa una vida sin dificultades
Sería un error convertir este Salmo en una promesa de que jamás ocurrirá algo doloroso a quien lo rece.
La experiencia bíblica y humana muestra que las personas creyentes también atraviesan pérdidas, enfermedades, accidentes y dificultades.
Entonces, ¿qué significa que Dios nos guarda?
Significa que podemos confiar nuestra vida a Dios dentro de una realidad que sigue siendo frágil.
Pedimos protección concreta, pero también fortaleza, dirección, perseverancia y salvación. La promesa espiritual es más profunda que la ausencia absoluta de problemas.
“El Señor está a tu lado”
Una de las imágenes más hermosas del Salmo es la cercanía. Dios no solamente está arriba; también está al lado.
La trascendencia del creador del cielo y de la tierra se combina con la cercanía del Dios que acompaña nuestros pasos.
Cuando sentimos que caminamos solos
Existen decisiones que nadie puede tomar por nosotros. Incluso rodeados de personas podemos experimentar una profunda soledad.
El Salmo 121 puede acompañar esos momentos recordándonos que podemos hablar con Dios desde el centro mismo de esa soledad.
“Para defenderte”
El peregrino se sabe vulnerable y por eso necesita protección.
Nosotros también podemos pedir que Dios nos defienda de peligros visibles y de aquello que todavía no conocemos, mientras actuamos con la prudencia que está en nuestras manos.
Oración y prudencia caminan juntas
Antes de un viaje podemos rezar y también revisar el vehículo, descansar adecuadamente, respetar las señales y evitar riesgos innecesarios.
La confianza en Dios no sustituye el cuidado responsable; puede inspirarlo.
“Ni de día el sol te quemará”
Para un peregrino expuesto durante horas al camino, el sol podía representar cansancio, agotamiento y peligro.
El Salmo utiliza una realidad cotidiana para expresar el cuidado de Dios durante las horas visibles del día.
Las dificultades del día
Durante el día aparecen responsabilidades, decisiones, trabajo, pendientes y encuentros que pueden desgastarnos.
Podemos comenzar la jornada encomendando a Dios aquello que sabemos que tendremos que enfrentar.
“Ni de noche te dañará la luna”
El lenguaje completa la imagen: día y noche. El cuidado de Dios abarca todo el tiempo.
Cuando termina la actividad exterior, pueden comenzar otras luchas: miedo, insomnio, recuerdos y pensamientos repetitivos.
Las preocupaciones de la noche
De noche algunos problemas parecen mucho más grandes porque desaparecen las distracciones del día.
Rezar el Salmo 121 antes de dormir puede convertirse en una manera de entregar conscientemente nuestras preocupaciones a Dios.
Dios en el día y en la noche
El Salmo no divide nuestra vida en momentos religiosos y momentos ordinarios.
Podemos buscar a Dios durante el trabajo, durante un viaje, en una sala de espera, dentro de nuestra casa o cuando todos los demás duermen.
“El Señor te preservará de todo mal”
Esta afirmación expresa una confianza profunda en el cuidado divino.
Debe leerse dentro de la visión completa de la fe: Dios conduce finalmente hacia el bien y la salvación incluso a quienes atraviesan experiencias difíciles.
No convertir el Salmo en una fórmula mágica
Rezar el Salmo 121 no significa obtener inmunidad automática contra cualquier dificultad.
La oración no es un amuleto. Es una relación de confianza mediante la cual ponemos nuestra vida en manos de Dios.
Podemos pedir protección concreta
Aunque la oración no sea una garantía mágica, podemos pedir sinceramente que Dios nos proteja de accidentes, peligros, malas decisiones y circunstancias dañinas.
También podemos pedir discernimiento para reconocer riesgos y evitarlos cuando sea posible.
“Guardará el Señor tu alma”
El Salmo lleva la protección a un nivel todavía más profundo. No se limita únicamente a nuestra seguridad exterior.
Habla del alma, de aquello que somos en nuestra dimensión más profunda delante de Dios.
Proteger también nuestro interior
Podemos atravesar una dificultad exterior y pedir que esa experiencia no destruya nuestra esperanza, nuestra capacidad de amar o nuestra confianza.
Hay situaciones que no podemos evitar, pero podemos pedir ayuda para que no nos transformen en personas dominadas permanentemente por el miedo o el resentimiento.
Cuando sentimos miedo por nuestra familia
Una de las aplicaciones más frecuentes del Salmo 121 consiste en rezarlo por quienes amamos.
Podemos encomendar a Dios a nuestros hijos, padres, pareja, hermanos y amigos cuando salen de casa, viajan o atraviesan situaciones que nosotros no podemos controlar.
Aceptar que no podemos proteger a todos de todo
Amar a alguien produce también vulnerabilidad. Quisiéramos garantizar que nunca le sucederá nada malo, pero ningún ser humano posee ese control.
La oración nos permite transformar esa impotencia en confianza y acompañamiento.
Antes de un viaje
El lenguaje de camino convierte al Salmo 121 en una oración especialmente apropiada antes de viajar.
Podemos pedir un trayecto seguro y, al mismo tiempo, asumir responsablemente las precauciones necesarias.
Cuando alguien querido viaja
También puede rezarse por otra persona.
Cuando un ser querido está lejos y no podemos acompañarlo físicamente, podemos confiarlo a Dios y evitar que nuestra preocupación se convierta en una necesidad permanente de controlar cada momento de su camino.
Antes de comenzar un nuevo trabajo
Todo comienzo contiene elementos que todavía desconocemos.
Podemos pedir a Dios que guarde nuestros pasos, nos ayude a tomar buenas decisiones y nos permita actuar con honestidad y prudencia.
Ante una decisión importante
Algunas decisiones pueden cambiar considerablemente nuestra vida.
El Salmo no promete revelarnos automáticamente cuál opción elegir, pero nos recuerda que podemos buscar dirección, informarnos y avanzar sin sentir que dependemos exclusivamente de nuestra capacidad para prever el futuro.
Cuando tenemos miedo de equivocarnos
El temor a tomar una mala decisión puede paralizarnos.
Podemos hacer nuestro mejor discernimiento con la información disponible, pedir consejo y después aceptar que ninguna decisión humana posee certeza absoluta.
Dios puede acompañarnos incluso cuando corregimos el camino
Si descubrimos que una decisión no produjo el resultado esperado, no significa que nuestra historia haya terminado.
Podemos aprender, corregir y volver a avanzar.
“En todos los pasos de tu vida”
El último versículo amplía extraordinariamente la promesa. Ya no se trata solamente de un viaje concreto.
Toda la vida aparece como camino: pasos pequeños, decisiones grandes, comienzos, despedidas, pérdidas, encuentros y transformaciones.
Dios también está en los pasos pequeños
Algunas veces buscamos a Dios únicamente cuando ocurre algo extraordinario.
Sin embargo, gran parte de nuestra vida se construye mediante decisiones aparentemente pequeñas: cómo hablamos, cómo trabajamos, cómo administramos nuestros recursos y cómo tratamos a quienes viven con nosotros.
No necesitamos conocer todo el camino
Normalmente solamente podemos ver una pequeña parte del futuro.
Pretender tener resueltos los próximos diez años antes de dar un paso puede convertirse en una fuente constante de ansiedad.
El siguiente paso
Cuando el futuro parece demasiado grande, podemos preguntarnos cuál es el siguiente paso bueno, prudente y posible.
Después podremos discernir el siguiente. De esta manera, la confianza se convierte en una práctica cotidiana.
“Desde ahora”
La protección de Dios no se presenta únicamente como una esperanza distante.
El Salmo habla del presente. Podemos comenzar a confiar ahora, aun cuando nuestras circunstancias todavía no hayan cambiado.
No esperar a tener una vida perfecta para encontrar paz
Si condicionamos nuestra tranquilidad a que absolutamente todo esté resuelto, probablemente siempre encontraremos una nueva preocupación.
La paz espiritual puede comenzar dentro de una vida todavía imperfecta.
“Y para siempre”
El Salmo termina extendiendo la confianza más allá del momento presente.
El peregrino que comenzó mirando los montes termina contemplando toda su vida bajo el cuidado de Dios.
Una confianza que supera el momento
Muchas de nuestras preocupaciones actuales desaparecerán y serán sustituidas por otras etapas.
La promesa del Salmo no depende de una circunstancia específica. Dios permanece como referencia a través de todos esos cambios.
El Salmo 121 frente a la ansiedad por el futuro
Una parte importante de nuestra ansiedad procede de intentar vivir anticipadamente situaciones que todavía no han ocurrido.
Imaginamos accidentes, pérdidas, fracasos y conversaciones difíciles. Nuestro cuerpo comienza a reaccionar ante escenarios que solamente existen en nuestra mente.
El Salmo nos devuelve al camino presente: Dios guardará nuestros pasos. No necesitamos recorrer hoy todos los caminos de mañana.
Confiar no significa saber qué sucederá
La confianza bíblica no consiste en poseer información privilegiada sobre el futuro.
Consiste en avanzar responsablemente aun cuando no conocemos todo lo que sucederá.
Cuando sentimos que debemos controlar todo
El deseo de seguridad puede convertirse en necesidad de controlar personas, horarios y resultados.
Pero cuanto más intentamos controlar aquello que realmente no depende de nosotros, mayor puede ser nuestra frustración.
El Salmo ayuda a distinguir entre responsabilidad y control. Somos responsables de nuestras decisiones; no somos dueños de todas las circunstancias.
Hacer nuestra parte y confiar
Esta puede ser una forma práctica de vivir el Salmo 121.
Hacemos nuestra parte con cuidado, inteligencia y responsabilidad. Después reconocemos que el resultado final contiene elementos que no podemos dominar completamente.
Cuando la protección que pedimos parece no haber llegado
Esta es una de las preguntas más difíciles relacionadas con el Salmo. ¿Qué sucede cuando rezamos pidiendo protección y, aun así, ocurre algo doloroso?
No existe una respuesta sencilla capaz de eliminar el dolor. La fe cristiana no enseña que toda desgracia sea consecuencia de una falta de oración o de una fe insuficiente.
Podemos llorar, preguntar y atravesar el duelo sin considerar que nuestras preguntas son incompatibles con la fe.
Dios también acompaña el dolor
El cuidado divino no puede reducirse únicamente a impedir acontecimientos difíciles.
También podemos experimentar su presencia mediante la fortaleza para atravesarlos, las personas que nos acompañan, la capacidad de comenzar nuevamente y la esperanza que permanece incluso cuando nuestra vida cambia.
Una oración para padres y madres
Quienes aman profundamente a sus hijos conocen el miedo que produce no poder acompañarlos siempre.
A medida que crecen, toman decisiones y recorren caminos propios. El Salmo 121 puede convertirse entonces en una oración para aprender también a confiar.
Amar sin controlar
Podemos cuidar, aconsejar y estar disponibles, pero llega un momento en que debemos permitir que quienes amamos recorran sus propios caminos.
Encomendarlos a Dios puede ayudarnos a amar sin transformar nuestra preocupación en control permanente.
Una oración al salir de casa
El Salmo 121 puede incorporarse a nuestra oración cotidiana.
Antes de comenzar el día podemos encomendar a Dios nuestros desplazamientos, trabajo, encuentros y decisiones.
Una oración al regresar
También podemos terminar el día dando gracias.
La espiritualidad no consiste únicamente en pedir protección antes de salir, sino también en reconocer con gratitud el camino recorrido.
Recordar las veces que hemos sido sostenidos
Cuando enfrentamos una nueva dificultad podemos olvidar todas las anteriores que logramos atravesar.
Recordar nuestra propia historia puede ayudarnos a recuperar perspectiva: hemos vivido días difíciles antes y, de diferentes maneras, hemos podido continuar.
El cuidado de Dios también puede llegar a través de otras personas
No debemos imaginar necesariamente la ayuda divina como algo separado de los medios humanos.
Un médico, un familiar, un amigo, un desconocido, una oportunidad o un consejo prudente pueden convertirse en instrumentos concretos de ayuda.
Nosotros también podemos ser ayuda para otros
Si pedimos a Dios que cuide a quienes lo necesitan, debemos permanecer atentos a las oportunidades en las que nosotros mismos podemos colaborar con ese cuidado.
La oración puede hacernos más disponibles para ayudar.
Protección espiritual
El Salmo puede rezarse también pidiendo protección para nuestro interior.
Podemos pedir ser guardados de decisiones destructivas, engaños, resentimientos, desesperación y todo aquello que nos aleja del bien.
Cuidar aquello que dejamos entrar
Pedir protección espiritual también implica asumir responsabilidad sobre aquello con lo que alimentamos nuestra mente.
Las conversaciones, contenidos, hábitos y ambientes que frecuentamos pueden influir profundamente en nuestra manera de pensar.
Cuando no sabemos qué camino tomar
El peregrino conoce su destino, pero nosotros algunas veces ni siquiera tenemos claro hacia dónde avanzar.
En esos momentos podemos pedir luz y evitar decisiones precipitadas. No saber todavía qué hacer también puede ser una etapa legítima del discernimiento.
Esperar antes de dar un paso
No todo movimiento es progreso. Algunas veces necesitamos detenernos, obtener información y comprender mejor la situación.
La confianza en Dios puede darnos libertad para no decidir únicamente porque sentimos presión.
Avanzar cuando llega el momento
También existe el riesgo contrario: esperar indefinidamente porque queremos una certeza que nunca llegará.
Después de rezar, informarnos y discernir, puede llegar el momento de dar el paso posible y confiar.
Una espiritualidad del camino
El Salmo 121 no describe una persona inmóvil. Describe a alguien que está avanzando.
La fe aparece así como compañera del movimiento: confiamos mientras caminamos, no solamente cuando ya conocemos el resultado.
Dios no solamente está en la meta
Podemos pensar que estaremos bien únicamente cuando consigamos aquello que buscamos.
Pero gran parte de nuestra vida sucede antes de llegar. Dios también puede encontrarnos durante el proceso.
Aprender durante el camino
Algunas experiencias que inicialmente consideramos simples obstáculos terminan enseñándonos paciencia, prudencia, humildad o una nueva manera de entender nuestras prioridades.
Esto no significa que todo sufrimiento sea bueno, sino que incluso de circunstancias difíciles puede surgir aprendizaje.
El Salmo 121 y la confianza cotidiana
Este Salmo puede parecer una gran oración para momentos extraordinarios, pero también puede acompañar la vida ordinaria.
Podemos rezarlo al conducir, antes de comenzar el trabajo, al despedir a alguien, antes de una cita importante o simplemente cuando necesitamos recuperar serenidad.
La enseñanza profunda del Salmo 121
El Salmo 121 presenta toda la existencia como un camino acompañado por Dios. Comienza con una mirada hacia los montes y con una necesidad concreta: “¿de dónde vendrá mi socorro?”. La respuesta establece el fundamento de todo lo que sigue: “Mi socorro viene del Señor”.
A partir de ahí, cada imagen profundiza la misma certeza. Dios guarda los pasos, no duerme, permanece cerca, acompaña durante el día y durante la noche y custodia el alma.
Esto no convierte la vida en un camino sin dificultades. El peregrino continúa caminando y sigue siendo vulnerable. Pero ya no interpreta esa vulnerabilidad como abandono.
El último versículo amplía finalmente la mirada: Dios guarda “todos los pasos de tu vida”. La confianza deja de referirse a un solo viaje y se convierte en una manera de vivir.
Podemos hacer nuestra parte, actuar con prudencia, reconocer nuestros límites y avanzar paso a paso. No conocemos todo lo que sucederá, pero podemos confiar nuestra salida, nuestra entrada, nuestro presente y nuestro futuro al Señor.
Oración inspirada en el Salmo 121
Señor Dios mío,
hoy levanto
mis ojos
hacia ti.
Hay caminos
que conozco
y otros
que todavía
no puedo ver.
Hay decisiones
que parecen
sencillas
y otras
que me producen
miedo.
Hay momentos
en los que
me siento
seguro
y otros
en los que
necesito
recordar
de dónde
viene
mi socorro.
Mi socorro
viene de ti,
Señor,
creador
del cielo
y de la tierra.
Cuando mis fuerzas
no sean suficientes,
ayúdame.
Cuando mi mente
no encuentre
una respuesta,
dame sabiduría.
Cuando tenga
miedo
de avanzar,
dame serenidad
para dar
el siguiente paso.
Y cuando
necesite detenerme,
dame humildad
para esperar.
Señor,
no permitas
que resbalen
mis pies.
Guárdame
de las decisiones
tomadas
únicamente
desde el miedo.
Guárdame
de actuar
impulsivamente.
Guárdame
de escoger
caminos
que parezcan
fáciles
pero puedan
hacerme daño.
Dame prudencia
para reconocer
los riesgos.
Inteligencia
para prepararme.
Paciencia
para esperar
cuando sea
necesario.
Y valentía
para avanzar
cuando llegue
el momento.
Señor,
tú no duermes.
Yo sí
necesito
descansar.
Por eso,
cuando llegue
la noche,
ayúdame
a dejar
de intentar
resolverlo
todo.
Hay problemas
que esta noche
no puedo
solucionar.
Hay respuestas
que todavía
no tengo.
Hay personas
que amo
y que no puedo
vigilar
cada instante.
Hay situaciones
cuyo resultado
no depende
completamente
de mí.
Te las entrego,
Señor.
Mientras yo
descanso,
permanece
conmigo.
Cuando mi mente
quiera imaginar
todos los escenarios
posibles,
recuérdame
que mañana
será tiempo
de continuar
caminando.
Hoy solamente
necesito
descansar.
Señor,
tú eres
quien me custodia.
Permanece
a mi lado.
Acompáñame
cuando salga
de casa.
Cuando conduzca.
Cuando viaje.
Cuando trabaje.
Cuando tome
decisiones.
Cuando entre
en lugares
desconocidos.
Cuando tenga
conversaciones
importantes.
Cuando vuelva
a casa.
Dame prudencia
para no confundir
tu protección
con imprudencia
de mi parte.
Si voy
a emprender
un camino,
que me prepare.
Si debo
pedir consejo,
que lo pida.
Si necesito
ayuda profesional,
que tenga
humildad
para buscarla.
Si existe
un peligro
que puedo evitar,
dame inteligencia
para hacerlo.
Que mi confianza
en ti
me haga
más responsable,
no menos.
Señor,
protégeme
durante el día.
En medio
del trabajo.
De las prisas.
De los pendientes.
De las decisiones
rápidas.
De los caminos
que recorro
casi
sin pensarlo.
Ayúdame
a permanecer
atento.
Y protégeme
también
durante la noche.
De los pensamientos
que crecen
cuando todo
está en silencio.
De los miedos
que parecen
más grandes
cuando intento
dormir.
De imaginar
tragedias
que todavía
no han ocurrido.
Dame descanso.
Dame paz.
Dame la capacidad
de vivir
este día
sin intentar
vivir también
todos los días
del futuro.
Señor,
preserva
mi vida
del mal.
Protégeme
de aquello
que puedo ver
y de aquello
que desconozco.
Pero protégeme
también
de mis propias
malas decisiones.
De la soberbia.
De la desesperación.
Del resentimiento.
De los engaños.
De aquello
que parece
conveniente
pero puede
apartarme
del bien.
Guarda,
Señor,
mi alma.
Que ninguna
dificultad
destruya
completamente
mi esperanza.
Que ninguna
decepción
me convierta
en una persona
incapaz
de confiar.
Que ninguna
injusticia
me haga
vivir
permanentemente
en el resentimiento.
Que ningún
fracaso
me convenza
de que ya
no existe
un camino.
Señor,
guarda también
a mi familia.
A quienes
salen
cada mañana
de casa.
A quienes
conducen.
A quienes
trabajan
lejos.
A quienes
estudian.
A quienes
viajan.
A quienes
están comenzando
una etapa
nueva.
A quienes
hoy atraviesan
un camino
difícil.
Señor,
hay personas
que amo
y no puedo
proteger
de todo.
Esta realidad
algunas veces
me produce
miedo.
Quisiera saber
dónde están
en cada momento.
Quisiera evitar
cada peligro.
Quisiera asegurarme
de que nunca
sufrirán.
Pero reconozco
mis límites.
Puedo amarlos.
Puedo aconsejarlos.
Puedo ayudarlos.
Puedo estar
disponible.
Pero no puedo
controlar
todos sus caminos.
Los pongo
en tus manos.
Acompáñalos
donde yo
no puedo
acompañarlos.
Señor,
cuando tenga
que comenzar
algo nuevo,
guarda
mis pasos.
Si comienzo
un trabajo,
dame sabiduría.
Si comienzo
un proyecto,
dame constancia.
Si comienzo
una relación,
dame discernimiento.
Si cambio
de ciudad,
de casa
o de camino,
acompáñame.
Si tengo
que despedirme
de una etapa,
dame gratitud
por aquello
que terminó
y esperanza
por aquello
que comienza.
Señor,
cuando tenga
miedo
de equivocarme,
recuérdame
que no necesito
conocer
todo el futuro.
Ayúdame
a reunir
la información
que necesito.
A escuchar
consejos
prudentes.
A rezar.
A pensar.
Y después,
cuando llegue
el momento,
a decidir.
Si me equivoco,
ayúdame
a corregir
el camino.
Que un error
no se convierta
en la definición
completa
de mi vida.
Dame humildad
para aprender.
Señor,
algunas veces
quiero
controlar
demasiado.
Quiero saber
qué sucederá.
Cómo sucederá.
Cuándo sucederá.
Y qué harán
todas las personas
involucradas.
Cuando no puedo
conseguir
esa certeza,
me angustio.
Enséñame
la diferencia
entre ser
responsable
y querer
controlarlo
todo.
Que haga
aquello
que depende
de mí.
Y que pueda
soltar
aquello
que no depende
de mí.
Señor,
cuando algo
doloroso ocurra
a pesar
de mis oraciones,
no permitas
que piense
automáticamente
que me abandonaste.
Si alguna vez
tengo que atravesar
una pérdida,
permanece
conmigo.
Si llega
una enfermedad,
dame fortaleza
y pon
a mi alrededor
la ayuda
que necesite.
Si un plan
fracasa,
ayúdame
a descubrir
qué camino
puedo tomar
después.
Si la vida
cambia
de una manera
que yo
no esperaba,
dame tiempo
para comprenderla.
Señor,
mi confianza
no quiere
ser una fórmula
para evitar
cualquier sufrimiento.
Quiero
que sea
una relación
contigo
capaz
de sostenerme
también
cuando no entiendo.
Guarda
todos los pasos
de mi vida.
Los pasos
grandes.
Y los pequeños.
Las decisiones
que todos
pueden ver.
Y aquellas
que solamente
tú conoces.
Guarda
mi salida.
Guarda
mi regreso.
Guarda
aquello
que comienzo.
Guarda
aquello
que termino.
Guarda
mis caminos
cuando sean
claros.
Y permanece
conmigo
cuando todavía
no sepa
hacia dónde
avanzar.
Desde ahora,
Señor,
quiero aprender
a caminar
contigo.
No quiero
esperar
a que todos
mis problemas
desaparezcan
para encontrar
paz.
Dame paz
mientras
los resuelvo.
Dame esperanza
mientras
espero.
Dame fortaleza
mientras
avanzo.
Dame descanso
cuando necesite
detenerme.
Y dame gratitud
cuando mire
hacia atrás
y descubra
cuánto camino
he recorrido.
Mi socorro
viene de ti,
Señor.
Tú creaste
el cielo
y la tierra.
Guarda
mi alma.
Guarda
a quienes amo.
Guarda
nuestros pasos.
Acompáñanos
en cada salida
y en cada regreso,
desde ahora
y para siempre.
Amén.