Oración de la sangre de cristo

Señor Jesús, médico divino y amigo fiel, hoy me presento ante ti con el corazón lleno de angustia.
Mi hijo está enfermo y su debilidad también se convierte en la mía.
Tú que dijiste: “Dejad que los niños vengan a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos” (cf. Mt 19,14),
mira con ternura a mi pequeño y derrama sobre él tu poder sanador.
Confío plenamente en que tu amor puede restaurar su salud y darle nuevas fuerzas.

Señor Jesús, pongo en tus manos cada lágrima, cada diagnóstico y cada tratamiento.
Que todo lo que los médicos hagan sea guiado por tu sabiduría.
Que cada medicamento sea instrumento de tu gracia.
Así como muchos padres encuentran esperanza en la
oración de protección a los hijos,
yo hoy me aferro a ti, confiando en que no abandonarás a mi niño en su dolor.

Cristo amado, cuando tu amigo Lázaro enfermó, tú acudiste a él y lo llamaste de nuevo a la vida (cf. Jn 11,43-44).
Haz lo mismo con mi hijo: devuélvele la alegría de jugar, de sonreír, de vivir con plenitud.
Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra, acompáñame en esta súplica como acompañas a las familias que rezan la
oración por la familia.
Sé nuestro consuelo en esta prueba.

Señor, fortalece también mi corazón para sostener a mi hijo en esta enfermedad.
Dame paciencia, serenidad y esperanza,
como la que reciben los que confían en la
oración para momentos difíciles.
Haz que nunca me falte la fe, incluso cuando el cansancio me abrume y el miedo quiera vencerme.

Jesús misericordioso, si esta enfermedad es una cruz que debemos cargar,
dame la gracia de cargarla con amor, sin perder la esperanza.
Que en cada lágrima y en cada desvelo pueda recordar que tú también sufriste en la cruz para darnos vida.
Como muchos encuentran fortaleza en la oración de San Benito para resistir el mal,
yo me apoyo en ti para resistir con fe este tiempo de prueba.

Cristo amado, no permitas que la enfermedad robe la sonrisa de mi hijo ni la paz de nuestro hogar.
Quédate con nosotros, sostennos con tu mano poderosa y llena de esperanza nuestro corazón.
Así como tantos fieles elevan la oración para proteger a los seres queridos,
yo me uno a esa súplica, entregando la vida de mi hijo a tu amor infinito.

Cómo rezar esta oración de sanación por un hijo enfermo

Reza esta oración cada día, de preferencia en la mañana y en la noche, mencionando el nombre de tu hijo en voz alta.
Coloca tus manos sobre él como signo de bendición,
y acompaña esta súplica con el Padre Nuestro, el
Ave María
y, si puedes, un misterio del rosario completo.
Hazlo siempre con fe, creyendo que Cristo escucha tus palabras y actúa con poder.

Cristo, protector de los niños

En el Evangelio vemos cómo Jesús siempre tuvo una atención especial por los pequeños.
Él los abrazaba, los bendecía y los ponía como ejemplo de fe pura y sincera.
Confiar en Cristo en la enfermedad de un hijo es confiar en que su amor paternal los protege de todo mal
y que nunca los deja solos en su sufrimiento.
Por eso, cada oración es un acto de esperanza y de entrega a su misericordia infinita.

Oración final

Señor Jesús, te entrego la vida y la salud de mi hijo.
Sánalo, fortalécelo y llénalo de alegría.
Que en nuestro hogar nunca falte tu presencia ni tu paz.
Gracias, Señor, porque sé que escuchas mi súplica y que siempre permaneces a nuestro lado.
Amén.

Por Mary