Explicación del Salmo 66
“Moradores todos de la tierra”
El Salmo comienza con una invitación universal. No se dirige solamente a un pequeño grupo, sino a todos los habitantes de la tierra.
La alabanza nace de reconocer que las obras de Dios pueden ser contempladas más allá de nuestra experiencia individual.
Una oración que comienza mirando más allá de nosotros
Muchas veces llegamos a la oración completamente concentrados en nuestros propios problemas. El Salmo comienza ensanchando nuestra mirada.
Antes de hablar de sus tribulaciones personales, el salmista contempla a toda la tierra delante de Dios.
“Dirigid a Dios voces de júbilo”
La respuesta propuesta es alegre. El júbilo expresa una gratitud que ya no quiere permanecer escondida.
Hay momentos en los que aquello que hemos vivido necesita ser celebrado, especialmente después de una temporada difícil.
Permitirse celebrar después de sobrevivir
Después de pasar mucho tiempo resolviendo problemas podemos acostumbrarnos tanto a la tensión que incluso cuando la crisis termina seguimos viviendo como si todavía estuviera presente.
El Salmo nos recuerda que también necesitamos reconocer cuándo una etapa ha terminado y permitirnos agradecer.
“Cantad salmos a su Nombre”
La alabanza toma forma mediante el canto. El ser humano utiliza su propia voz para reconocer aquello que Dios ha hecho.
No todos expresamos la gratitud de la misma manera, pero todos podemos encontrar una forma concreta de hacerlo.
La gratitud necesita expresarse
Podemos sentir agradecimiento interiormente, pero expresarlo fortalece nuestra memoria.
Decir gracias, escribir aquello que ocurrió, compartir un testimonio o dedicar un momento de oración puede ayudarnos a no olvidar demasiado rápido.
“Tributadle gloriosas alabanzas”
El salmista desea que la alabanza corresponda a la grandeza de aquello que reconoce.
No quiere tratar como algo insignificante aquello que considera una intervención decisiva en la historia de su pueblo.
No minimizar aquello que conseguimos atravesar
Algunas veces, una vez superada una dificultad, decimos simplemente que “no fue para tanto”.
Sin dramatizar innecesariamente, también es saludable reconocer cuánto esfuerzo, ayuda, paciencia y gracia fueron necesarios para llegar hasta aquí.
“¡Oh cuán estupendas son, Señor, tus obras!”
El salmista contempla las obras de Dios con admiración.
La capacidad de maravillarnos evita que terminemos considerando normal todo aquello que recibimos.
Recuperar la capacidad de sorprendernos
Podemos acostumbrarnos rápidamente a una situación mejor.
Aquello que durante meses pedíamos con insistencia puede convertirse después en algo cotidiano que dejamos de valorar.
“A la fuerza de tu gran poder”
El poder pertenece a Dios. El salmista recuerda que existen fuerzas superiores a las capacidades humanas.
Esta afirmación puede ayudarnos especialmente cuando nos encontramos frente a situaciones que no podemos controlar completamente.
Nuestros límites no son toda la realidad
Reconocer que algo está fuera de nuestro control puede producir ansiedad.
La fe permite aceptar nuestros límites sin concluir que por eso todo está perdido.
“Se reducirán a la nada tus enemigos”
El lenguaje expresa la victoria de Dios sobre aquello que se opone a su justicia.
Desde una lectura espiritual, podemos reconocer aquí también las fuerzas que nos alejan del bien: mentira, orgullo, desesperanza, resentimiento y pecado.
No convertir el Salmo en deseo de venganza
La confianza en la justicia de Dios no necesita transformarse en deseo de destrucción contra otras personas.
Podemos pedir protección y justicia mientras dejamos abierta la posibilidad de conversión, reconciliación y cambio.
“Que te adore toda la tierra”
Nuevamente aparece la dimensión universal.
El Salmo imagina una humanidad entera reconociendo a Dios, superando fronteras y diferencias.
“Venid a contemplar las obras de Dios”
El salmista invita a mirar. La fe no aparece solamente como discurso, sino también como memoria de acontecimientos.
Contemplar significa detenernos y prestar atención a aquello que normalmente podría pasar desapercibido.
Revisar nuestra propia historia
Podemos realizar el mismo ejercicio mirando nuestra vida.
¿Qué problemas que antes parecían enormes ya quedaron atrás? ¿Qué ayudas llegaron? ¿Qué aprendimos? ¿Qué personas aparecieron cuando las necesitábamos?
“Cuán terribles son sus designios”
En el lenguaje bíblico, lo terrible puede expresar aquello que produce reverencia por su grandeza y poder.
Los caminos de Dios superan muchas veces nuestra comprensión inmediata.
No comprender todo inmediatamente
Existen experiencias cuyo significado solamente descubrimos después.
Mientras estamos atravesándolas quizá únicamente podemos dar el siguiente paso, sin conocer todavía cómo encajará todo en nuestra historia.
“El convirtió el mar en seca arena”
El Salmo recuerda las grandes liberaciones de la historia de Israel.
El mar, que parecía un obstáculo imposible, terminó convirtiéndose en camino.
Cuando el obstáculo se convierte en camino
Algunas situaciones que inicialmente interpretamos solamente como problemas pueden obligarnos a aprender, cambiar de dirección o descubrir capacidades que no sabíamos que teníamos.
Esto no convierte automáticamente la dificultad en algo bueno, pero muestra que puede surgir bien incluso dentro de circunstancias adversas.
“Pasaron el río a pie enjuto”
El pueblo no permaneció contemplando el camino abierto: tuvo que atravesarlo.
La ayuda de Dios no elimina nuestra participación. Hay puertas que se abren, pero después necesitamos caminar.
Reconocer una oportunidad y aprovecharla
Podemos pedir durante mucho tiempo una oportunidad y, cuando finalmente aparece, descubrir que también exige esfuerzo y valentía.
La respuesta a una oración puede llegar acompañada de una responsabilidad.
“Allí nos alegramos en el Señor”
La liberación produce alegría.
El pueblo no atribuye todo exclusivamente a su capacidad, sino que reconoce la presencia de Dios dentro de aquello que ha vivido.
“El tiene por su poder un dominio eterno”
Las circunstancias humanas cambian, pero el salmista coloca su confianza en algo que considera permanente.
Esta estabilidad puede convertirse en un punto de apoyo cuando nuestra realidad cambia demasiado rápido.
“Sus ojos están fijos sobre las naciones”
Nada de aquello que ocurre en la historia humana queda completamente fuera de la mirada de Dios.
Esta afirmación ofrece consuelo frente a situaciones en las que parece que la injusticia no está siendo vista.
“No se engrían en su interior los que lo irritan”
El orgullo puede llevarnos a creer que nuestras capacidades nos hacen completamente autosuficientes.
El Salmo recuerda que toda fuerza humana posee límites.
El peligro de olvidar nuestros límites
El éxito puede enseñarnos cosas buenas, pero también puede hacernos olvidar rápidamente cuánto dependemos de otras personas y circunstancias.
La humildad permite disfrutar de nuestros logros sin convertirlos en una falsa sensación de invulnerabilidad.
“Bendecid, ¡oh naciones!, a nuestro Dios”
La invitación a la alabanza vuelve a aparecer.
El salmista insiste porque la memoria del bien recibido necesita convertirse en agradecimiento.
“Haced resonar las voces de su alabanza”
La gratitud no debe quedar necesariamente escondida.
Compartir aquello que nos ayudó puede convertirse también en una fuente de esperanza para alguien que está atravesando una experiencia semejante.
“El ha vuelto a mi alma la vida”
Después de hablar a las naciones, el Salmo comienza a volverse profundamente personal.
El salmista siente que ha recuperado la vida. Había atravesado algo que lo había debilitado profundamente y ahora puede reconocer restauración.
Hay temporadas que parecen devolvernos la vida
Después de meses de preocupación puede llegar una noticia que cambia completamente nuestro estado interior.
Después del agotamiento puede llegar descanso. Después de la incertidumbre, claridad. Después del miedo, seguridad.
“No ha dejado resbalar mis pies”
La imagen no afirma que el camino fuera sencillo. Afirma que, a pesar de su dificultad, el salmista no terminó cayendo definitivamente.
Algunas veces la gracia se manifiesta no evitando la dificultad, sino permitiéndonos mantenernos en pie dentro de ella.
Reconocer también la fuerza para resistir
Quizá pedimos que un problema desapareciera inmediatamente y no ocurrió.
Pero al mirar hacia atrás podemos descubrir que recibimos fuerza, personas, recursos o claridad suficientes para atravesarlo.
“Has querido probarnos”
El Salmo interpreta la experiencia difícil como una prueba.
No debemos utilizar esta frase para afirmar automáticamente que cada tragedia concreta fue enviada directamente por Dios como castigo o examen. La realidad del sufrimiento humano es más compleja.
Lo importante es qué hacemos con aquello que vivimos
Aunque no siempre podamos explicar por qué ocurrió una dificultad, sí podemos preguntarnos qué puede producir en nosotros.
Podemos salir de una prueba más conscientes, más humildes, más prudentes o más compasivos.
“Nos has acrisolado al fuego”
El fuego aparece como imagen de purificación.
Al acrisolar un metal se busca separar aquello que disminuye su pureza. De manera semejante, algunas experiencias revelan aspectos de nosotros que antes permanecían escondidos.
Las pruebas revelan prioridades
Durante una crisis descubrimos con frecuencia qué cosas consideramos realmente importantes.
Algunas preocupaciones pierden peso y otras realidades, como las personas, la salud, la paz o la fe, adquieren un valor diferente.
“Como se acrisola la plata”
La plata sigue siendo plata durante el proceso. El fuego no pretende destruir su identidad, sino purificarla.
Una dificultad no tiene por qué destruir aquello bueno que somos. Puede convertirse en ocasión para fortalecerlo.
“Nos dejaste caer en el lazo”
El lazo representa una situación en la que parece difícil encontrar salida.
Todos podemos atravesar etapas en las que sentimos que cada alternativa tiene consecuencias complicadas.
Cuando nos sentimos atrapados
En esos momentos necesitamos evitar decisiones desesperadas siempre que sea posible.
Buscar consejo, revisar opciones y permitirnos tiempo puede revelar caminos que inicialmente no veíamos.
“Nos echaste las tribulaciones encima”
La expresión transmite peso. Las dificultades se sienten acumuladas sobre la persona.
Algunas temporadas son así: no aparece un solo problema, sino varios simultáneamente.
Resolver una cosa a la vez
Cuando todo parece urgente podemos sentirnos paralizados.
Dividir los problemas, establecer prioridades y concentrarnos en el siguiente paso puede reducir la sensación de estar completamente aplastados.
“A yugo de hombres nos sujetaste”
El salmista recuerda una experiencia de sometimiento y pérdida de libertad.
Su pueblo conocía lo que significaba estar bajo el poder de otros.
Cuando sentimos que otros controlan demasiado nuestra vida
Hay situaciones laborales, familiares, sociales o económicas que pueden hacernos sentir con poco margen de decisión.
Incluso entonces conviene identificar qué pequeñas áreas continúan dependiendo de nosotros y comenzar a recuperar responsabilidad desde allí.
“Hemos pasado por el fuego”
El salmista no dice que observó el fuego desde lejos. Pasó por él.
Algunas etapas solamente pueden comprenderse plenamente después de haberlas atravesado.
El fuego no fue el destino final
Esta es una de las claves del Salmo. Hubo fuego, pero después hubo camino.
Cuando estamos dentro de una crisis podemos sentir que aquello que vivimos será permanente. El Salmo recuerda que las etapas cambian.
“Y por el agua”
El agua representa otro peligro extremo. El lenguaje reúne imágenes opuestas para expresar que el pueblo atravesó dificultades de todo tipo.
Algunas temporadas también parecen llevarnos de un extremo a otro.
“Mas nos has conducido”
Después de todas las imágenes de sufrimiento aparece una palabra decisiva: conducido.
El salmista descubre dirección dentro de una experiencia que quizá mientras ocurría parecía solamente confusión.
Quizá todavía estamos siendo conducidos
No todas las personas que rezan este Salmo ya han llegado al final de su problema.
Algunas todavía están entre el fuego y el agua. Para ellas, esta frase puede convertirse en una oración de esperanza: “Señor, condúceme”.
“A un lugar de refrigerio”
Después de la presión llega el alivio. El refrigerio representa descanso, amplitud y recuperación.
El Salmo no termina celebrando cuánto sufrió el pueblo, sino el hecho de que pudo salir de aquella situación.
También necesitamos descansar después de luchar
Superar una crisis no significa que nuestro cuerpo y nuestra mente se recuperen inmediatamente.
Después de una temporada exigente podemos necesitar descanso, silencio y tiempo para volver a sentirnos seguros.
“Entraré en tu templo”
Una vez superada la prueba, el salmista regresa a la presencia de Dios.
No quiere buscar a Dios solamente mientras necesita algo y olvidarlo después de recibirlo.
No olvidar a Dios cuando el problema termina
Durante una crisis podemos orar con enorme intensidad.
Cuando recuperamos estabilidad resulta fácil abandonar esos momentos de oración. El Salmo invita a mantener la relación también durante la tranquilidad.
“Te cumpliré mis votos”
El agradecimiento se convierte en fidelidad.
El salmista recuerda aquello que prometió durante la tribulación y decide cumplirlo.
Recordar quién queríamos ser durante la crisis
Las dificultades pueden hacernos ver con claridad cambios que necesitamos realizar.
Cuando llega el alivio conviene preguntarnos si realmente llevaremos esos aprendizajes a nuestra vida cotidiana.
“Votos que salieron de mi boca en el tiempo de mi tribulación”
El salmista recuerda exactamente cuándo habló: durante la angustia.
Las palabras pronunciadas en momentos difíciles pueden revelar aquello que realmente valoramos.
Convertir las promesas en decisiones concretas
Decir “voy a cambiar” es solamente el comienzo.
Después necesitamos transformar esa intención en hábitos, límites, conversaciones y acciones específicas.
“Te ofreceré abundantes holocaustos”
El lenguaje pertenece al culto sacrificial de Israel. El salmista expresa agradecimiento mediante las formas religiosas propias de su tiempo.
Para el cristiano, este pasaje puede recordarnos que la gratitud debe manifestarse mediante una vida ofrecida a Dios y orientada hacia el bien.
Nuestra ofrenda puede ser nuestra manera de vivir
Podemos agradecer mediante generosidad, servicio, fidelidad, reconciliación y uso responsable de aquello que hemos recibido.
Una vida transformada puede convertirse en una respuesta más profunda que unas palabras pronunciadas durante unos minutos.
“Venid, y escuchad”
El Salmo cambia nuevamente de dirección. Ahora el salmista invita a otros a escuchar su historia.
La experiencia personal se convierte en testimonio.
Nuestra historia puede ayudar a otra persona
Aquello que aprendimos durante una dificultad puede convertirse después en orientación para alguien que comienza a atravesar algo semejante.
No necesitamos presentarnos como expertos. A veces basta decir con humildad: “Yo pasé por algo parecido y esto me ayudó”.
“Os contaré cuán grandes cosas ha hecho el Señor de mi alma”
El testimonio nace de una experiencia personal.
El salmista no habla solamente de ideas aprendidas; habla de aquello que considera que Dios hizo en su propia vida.
El testimonio no necesita exageraciones
Podemos contar aquello que vivimos tal como ocurrió.
No necesitamos convertir cada coincidencia en prodigio ni prometer que otras personas recibirán exactamente el mismo resultado. La gratitud puede ser profunda y al mismo tiempo honesta.
“Al Señor invoqué con mi boca”
Durante la necesidad, el salmista clamó.
La oración fue parte de su manera de atravesar la prueba.
Podemos pedir ayuda
Algunas personas sienten que deberían resolver todo solas.
La oración nos recuerda que reconocer nuestra necesidad no es necesariamente una debilidad. También podemos pedir ayuda a personas capaces de acompañarnos.
“Le he glorificado con mi lengua”
La misma boca que clamó durante la dificultad ahora agradece.
Existe una hermosa continuidad: pedir cuando necesitamos y agradecer cuando recibimos.
Que nuestra memoria sea tan fuerte como nuestra necesidad
Durante una crisis recordamos perfectamente aquello que estamos pidiendo.
Después de recibirlo podemos olvidarlo rápidamente. El Salmo nos invita a conservar memoria.
“Si yo hubiera aprobado la iniquidad en mi corazón”
El salmista examina también su interior.
No quiere reducir la oración a pedir cosas mientras conserva conscientemente aquello que sabe que necesita cambiar.
La oración también debe transformarnos
Podemos pedir que cambien nuestras circunstancias, pero algunas veces también nosotros necesitamos cambiar.
La oración auténtica nos invita a revisar decisiones, actitudes y comportamientos.
No se trata de exigir perfección antes de orar
El versículo no significa que solamente una persona sin pecado pueda dirigirse a Dios.
El mismo camino de fe incluye arrepentimiento, misericordia y conversión. La diferencia está entre luchar contra aquello que reconocemos como malo y decidir aprobarlo deliberadamente en nuestro corazón.
“Por eso me ha oído Dios”
El salmista expresa con confianza que su oración fue escuchada.
Después de la incertidumbre puede mirar hacia atrás y reconocer una respuesta.
Algunas respuestas solamente se reconocen después
Mientras vivimos una situación podemos pensar que nada está sucediendo.
Con el paso del tiempo quizá descubrimos que aparecieron personas, decisiones y caminos que entonces no habíamos identificado como parte de la respuesta.
“Ha atendido mis súplicas”
El Salmo transmite la experiencia de ser escuchado.
Incluso antes de obtener exactamente aquello que deseamos, saber que podemos presentar nuestra vida delante de Dios puede convertirse en fuente de consuelo.
“Bendito sea Dios”
El Salmo termina donde comenzó: en la alabanza.
Después de recordar la prueba, el fuego, el agua y la oración, la conclusión es agradecimiento.
La prueba no ocupa la última frase
Esta es una enseñanza profundamente esperanzadora.
La tribulación fue importante, pero no es la palabra final de la historia. La última palabra del salmista es bendición.
“No desechó mi oración”
El salmista había hablado y ahora sabe que su clamor no fue inútil.
Esta certeza alimenta su confianza para las dificultades futuras.
Cada prueba superada puede fortalecer nuestra memoria
No sabemos qué dificultades encontraremos después.
Pero podemos llevar con nosotros la memoria de aquello que ya conseguimos atravesar y de la ayuda que recibimos entonces.
“Ni retiró de mí su misericordia”
El último concepto del Salmo es la misericordia.
Por encima de las pruebas y de las propias limitaciones del salmista permanece la confianza en una bondad que no lo abandonó.
La misericordia permaneció durante todo el camino
Quizá mientras atravesaba el fuego el salmista no podía verla con claridad.
Ahora, desde otra perspectiva, descubre que incluso durante la etapa más difícil no estuvo completamente abandonado.
El recorrido completo del Salmo 66
El Salmo comienza con toda la tierra alabando a Dios, recuerda las grandes liberaciones del pasado, atraviesa la experiencia del fuego y del agua, llega al lugar de refrigerio y termina con un testimonio personal de oración escuchada.
Es, por tanto, un Salmo sobre recordar, atravesar, agradecer y contar.
La pregunta que nos deja el Salmo 66
Cuando una dificultad termina, ¿seguimos recordando aquello que aprendimos dentro de ella?
El Salmo nos invita a no desperdiciar nuestras pruebas: podemos convertirlas en sabiduría, gratitud, fidelidad y esperanza para nosotros y para otros.
Oración inspirada en el Salmo 66
Señor Dios mío, hoy quiero levantar mi voz para darte gracias.
Quiero recordar tus obras.
Quiero mirar hacia atrás y reconocer todos aquellos caminos que ya he atravesado.
Hubo momentos en los que pensé que no podría continuar.
Situaciones que parecían demasiado grandes.
Problemas cuya solución no podía ver.
Días en los que mi mente estaba llena de preguntas.
Noches en las que la preocupación parecía más fuerte que mi esperanza.
Y, sin embargo, aquí estoy.
Algunas de aquellas dificultades ya quedaron atrás.
Otras dejaron cicatrices.
Otras me enseñaron cosas que todavía estoy comprendiendo.
Pero hoy quiero reconocer que pude atravesarlas.
Gracias por las veces que mis pies estuvieron a punto de resbalar y encontré algo de dónde sostenerme.
Gracias por las personas que llegaron en el momento oportuno.
Por una palabra.
Por un consejo.
Por una oportunidad.
Por una puerta abierta.
Por una solución que no había considerado.
Por la fuerza que apareció cuando pensaba que ya no tenía más.
Señor, no quiero acostumbrarme demasiado rápido a estar bien.
No quiero olvidar cuánto pedí aquello que ahora considero normal.
Hubo cosas que un día fueron una oración.
Hoy forman parte de mi vida cotidiana.
Ayúdame a recordarlo.
Agradecerte antes de comenzar inmediatamente a pedir lo siguiente.
Señor, tus obras son grandes.
Algunas las reconozco fácilmente.
Otras quizá todavía no sé identificarlas.
Hay situaciones de mi pasado cuyo significado continúa siendo difícil para mí.
No quiero inventar explicaciones sencillas para dolores complejos.
Pero sí quiero pedirte que nada de aquello que he vivido sea completamente inútil.
Que incluso de las experiencias más difíciles pueda obtener sabiduría.
Más compasión.
Más prudencia.
Más claridad sobre aquello que realmente importa.
Señor, tú convertiste el mar en camino para tu pueblo.
Hay también mares delante de mí.
Situaciones que todavía parecen cerradas.
Decisiones que no sé cómo tomar.
Problemas que parecen no tener una salida evidente.
No te pido comprender hoy todo el camino.
Muéstrame solamente dónde colocar el siguiente paso.
Y dame valentía para darlo.
Porque algunas veces pido una puerta abierta y después tengo miedo de cruzarla.
Pido una oportunidad y después dudo de mí mismo cuando llega.
Pido un cambio y después extraño aquello que necesitaba dejar.
Dame valentía para caminar por los caminos que realmente sean buenos.
Señor, no permitas que el orgullo me haga olvidar mis límites.
Si he logrado algo, sé que trabajé por ello.
Pero también sé que no lo hice completamente solo.
Hubo personas.
Circunstancias.
Oportunidades.
Conocimientos recibidos.
Puertas que yo no fabriqué.
Dame humildad para reconocer todo aquello que contribuyó a mis logros.
Señor, bendito seas porque has vuelto a mi alma la vida tantas veces.
Después del cansancio, llegó descanso.
Después de la incertidumbre, alguna respuesta.
Después del miedo, momentos de tranquilidad.
Después de sentirme detenido, apareció movimiento.
Gracias por cada pequeño regreso a la vida.
Y si hoy soy yo quien todavía se siente cansado, devuélveme poco a poco esa vida.
No necesito resolver todo en un día.
Dame fuerzas para hoy.
Claridad para hoy.
Paciencia para hoy.
Y mañana volveré a pedirte lo necesario para mañana.
Señor, no dejes resbalar mis pies.
Cuando esté cansado y sea más fácil tomar una mala decisión, sostenme.
Cuando el enojo quiera hablar por mí, dame unos segundos de silencio.
Cuando la desesperación quiera convencerme de que nada vale la pena, ayúdame a esperar.
Cuando quiera abandonar algo bueno solamente porque todavía es difícil, dame discernimiento.
Y cuando realmente necesite dejar algo atrás, dame también valor para hacerlo.
Señor, he conocido el fuego.
Esos momentos en los que la presión revela cosas que preferiríamos no ver.
He descubierto debilidades propias.
Miedos que no sabía que tenía.
Límites que no quería aceptar.
Errores que necesitaba reconocer.
No permitas que desperdicie aquello que aprendí.
Purifica en mí aquello que necesite cambiar.
No mediante el sufrimiento por el sufrimiento.
Sino mediante la verdad.
Mediante la humildad.
Mediante decisiones nuevas.
Mediante la capacidad de reconocer aquello que ya no quiero repetir.
Señor, algunas veces me he sentido atrapado.
Como dentro del lazo del que habla este Salmo.
Sin saber cuál alternativa elegir.
Temiendo que cualquier decisión pudiera empeorar las cosas.
Cuando vuelva a sentirme así, dame paciencia.
Que no tome decisiones desesperadas solamente por querer salir rápidamente de la incomodidad.
Ayúdame a pedir consejo.
A revisar.
A pensar.
A orar.
A distinguir entre aquello que necesita una respuesta inmediata y aquello que puede esperar.
Señor, conozco también las temporadas en las que las tribulaciones parecen acumularse.
Un problema llega antes de que el anterior termine.
Una preocupación se suma a otra.
Y de pronto parece que todo pesa demasiado.
Cuando eso ocurra, ayúdame a no intentar cargar mañana, la próxima semana y el próximo año al mismo tiempo.
Dame la capacidad de resolver una cosa a la vez.
Un día a la vez.
Una decisión a la vez.
Señor, he pasado por el fuego y por el agua.
Y quizá todavía estoy pasando por ellos.
Pero quiero creer que existe también un lugar de refrigerio.
Condúceme hacia él.
Condúceme hacia una etapa de mayor paz.
Hacia relaciones más sanas.
Hacia decisiones más sabias.
Hacia una vida más ordenada.
Hacia un corazón menos cargado.
Hacia un lugar donde pueda respirar nuevamente.
Y cuando llegue allí, recuérdame descansar.
Porque algunas veces salgo de una crisis e inmediatamente comienzo otra batalla sin permitirme recuperar fuerzas.
Enséñame que descansar también puede ser parte del camino.
Señor, quiero recordar aquello que prometí durante mis momentos difíciles.
Tal vez dije que cambiaría ciertas prioridades.
Que cuidaría mejor a las personas que amo.
Que no volvería a desperdiciar mi tiempo en cosas que no importan.
Que cuidaría más mi vida espiritual.
Que aprendería de aquella experiencia.
No permitas que la comodidad me haga olvidar lo que la dificultad me enseñó.
Convierte mis promesas en decisiones.
Mis decisiones en hábitos.
Y mis hábitos en una vida diferente.
Señor, quiero ofrecerte mi gratitud.
Ya no mediante los antiguos sacrificios de los que habla el Salmo.
Quiero ofrecerte mi manera de vivir.
Mi trabajo hecho con honestidad.
Mis palabras utilizadas para construir.
Mi tiempo compartido con quien lo necesita.
Mi capacidad de perdonar.
Mi esfuerzo por corregir aquello que todavía está mal en mí.
Mi generosidad cuando tenga posibilidad de ayudar.
Que mi agradecimiento pueda verse también en mis decisiones.
Señor, dame la oportunidad de contar las grandes cosas que has hecho en mi vida.
Pero dame humildad para hacerlo bien.
No quiero exagerar.
No quiero presentar mi experiencia como una fórmula que necesariamente funcionará igual para todos.
No quiero utilizar la fe para prometer resultados que no puedo garantizar.
Quiero simplemente contar la verdad.
Decir que tuve miedo y encontré fuerzas.
Que estuve confundido y poco a poco apareció claridad.
Que pedí ayuda y no tuve que caminar completamente solo.
Que hubo una etapa difícil y finalmente llegó otra diferente.
Si mi historia puede ayudar a alguien, úsala para el bien.
Señor, yo te he invocado con mi boca.
He pronunciado delante de ti necesidades que quizá nunca he contado a otras personas.
Conoces mis pensamientos antes de que consiga ordenarlos.
Gracias porque puedo hablarte sin preparar un discurso perfecto.
Gracias porque puedo llegar cansado.
Confundido.
Agradecido.
Preocupado.
Alegre.
O incluso sin saber exactamente qué siento.
Señor, examina también mi corazón.
No quiero pedirte que cambies todo alrededor de mí mientras me niego a cambiar aquello que está mal dentro de mí.
Si existe orgullo, muéstramelo.
Si existe resentimiento, ayúdame a trabajarlo.
Si estoy justificando algo que sé que está mal, dame honestidad.
Si necesito pedir perdón, dame humildad.
Si necesito reparar un daño, muéstrame cómo hacerlo.
No te pido ser perfecto antes de acercarme a ti.
Precisamente me acerco porque necesito tu misericordia para continuar cambiando.
Señor, gracias porque escuchas mis súplicas.
Sé que escuchar no significa conceder automáticamente todo aquello que deseo de la manera y en el momento que yo imagino.
Por eso dame también sabiduría para reconocer respuestas diferentes de las que esperaba.
Una puerta cerrada puede evitar un camino equivocado.
Una espera puede obligarme a prepararme mejor.
Una respuesta distinta puede conducirme a algo que todavía no comprendo.
Dame confianza sin volverme pasivo.
Quiero seguir trabajando en aquello que me corresponde.
Y entregar a ti aquello que realmente está fuera de mis manos.
Bendito seas, Dios mío.
Porque hoy puedo recordar pruebas que ya terminaron.
Porque otras que todavía continúan no tienen necesariamente que durar para siempre.
Porque el fuego no es todo el camino.
Porque el agua no es todo el camino.
Porque el lazo no es todo el camino.
Porque la tribulación no es toda mi historia.
Existe también el refrigerio.
Existe también la recuperación.
Existe también el aprendizaje.
Existe también el agradecimiento.
Existe también la posibilidad de volver a cantar.
No retires de mí tu misericordia.
Sostén mis pasos cuando todavía falte camino.
Recuérdame agradecer cuando llegue el alivio.
Y permite que todo aquello que he vivido me convierta en una persona más sabia, más humilde, más compasiva y más consciente de tu presencia.
Amén.