Libro de los Salmos

Salmo 68 Oración para confiar en el poder, la protección y la presencia de Dios

El Salmo 68 es un poderoso canto de alabanza que celebra la presencia de Dios en medio de su pueblo. Sus palabras presentan al Señor como defensor de quienes se encuentran desamparados, protector de los débiles y guía de aquellos que atraviesan caminos difíciles.

A lo largo del Salmo aparecen imágenes de victoria, procesiones, montañas, ejércitos y pueblos que reconocen el poder de Dios. Su lenguaje pertenece al contexto bíblico antiguo, pero su mensaje espiritual continúa siendo profundamente actual: el mal no posee la última palabra y quien confía en Dios puede encontrar fuerza incluso en medio de grandes dificultades.

El Salmo 68 completo puede rezarse cuando necesitamos protección, cuando sentimos que enfrentamos situaciones demasiado grandes para nuestras fuerzas, cuando buscamos recuperar la esperanza o cuando deseamos agradecer que Dios nos ha sostenido durante una etapa complicada.

Salmo 68 completo

1 Levántese Dios, y sean disipados sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen. 2 Como se desvanece el humo, así se desvanezcan ellos; como se derrite la cera delante del fuego, así perezcan los pecadores a la presencia de Dios. 3 Mas los justos celebren convites y regocíjense en la presencia de Dios, y deléitense en la alegría. 4 Cantad a Dios, entonad salmos a su Nombre; abrid camino al que sube sobre el occidente; el Señor es su Nombre. Regocijaos en su presencia; los enemigos quedarán llenos de turbación delante de él, 5 el cual es padre de los huérfanos, y juez defensor de las viudas. Dios está en su lugar santo; 6 Dios hace que habiten en una misma casa los que tienen un mismo espíritu; él saca de las prisiones a los cautivos con su fortaleza, y asimismo a los que le irritan, los cuales moran en los sepulcros. 7 ¡Oh Dios!, cuando tú salías a la cabeza de tu pueblo, cuando pasabas por el desierto, 8 se estremeció la tierra, y aun los cielos destilaron agua a la presencia del Dios del Sinaí, a la presencia del Dios de Israel. 9 Tú, oh Dios, enviarás a tu heredad una lluvia copiosa; y cuando ella esté extenuada, tú la recrearás. 10 Tus animales o rebaños habitarán en ella; en tu dulzura, oh Dios, has proveído al pobre. 11 El Señor dará su palabra a los que anuncian la buena nueva con gran poder. 12 El rey de los ejércitos será del amado, del amado; y la hermosura de la casa repartirá los despojos. 13 Aunque vosotros durmáis entre las suertes, seréis como alas plateadas de paloma, cuyo lomo tiene el color pálido del oro. 14 Mientras el rey del cielo dispersa los reyes sobre ella, quedarán blancos como la nieve que cae sobre el monte Selmón. 15 Monte de Dios, monte pingüe; monte cuajado, monte pingüe. 16 ¿Por qué miráis con envidia, montes cuajados, al monte en que Dios se complació en habitar? Ciertamente el Señor morará allí para siempre. 17 Los carros de Dios se cuentan por decenas de millares; millares son los que se alegran. El Señor está entre ellos en Sinaí, en el lugar santo. 18 Subiste a lo alto, llevaste contigo los cautivos; recibiste dones de los hombres, aun de aquellos que no creían que el Señor Dios habitase con nosotros. 19 Bendito sea el Señor todos los días; el Dios de nuestra salud hará próspero nuestro viaje. 20 Nuestro Dios es el Dios que tiene poder para salvarnos; y del Señor, del Señor es librarnos de la muerte. 21 Pero Dios quebrantará las cabezas de sus enemigos; la coronilla cabelluda de los que perseveran en sus delitos. 22 Dijo el Señor: Yo los sacaré de Basán; los sacaré de lo profundo del mar, 23 para que se bañe tu pie en sangre, y la lengua de tus perros en la sangre de tus enemigos. 24 Vieron, oh Dios, tus entradas, las entradas de mi Dios, de mi rey, que está en el santuario. 25 Delante iban los príncipes, acompañados de los que cantaban salmos, en medio de doncellas que tocaban panderos. 26 Bendecid a Dios en vuestras congregaciones; bendecid al Señor vosotros que descendéis de Israel. 27 Allí está el pequeño Benjamín, enajenado en transportes; los príncipes de Judá, sus caudillos; los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí. 28 Despliega, oh Dios, tu poder; confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros. 29 Desde tu templo, que está en Jerusalén, te ofrecerán dones los reyes. 30 Reprime las fieras que habitan en los cañaverales, la reunión de toros entre las vacas de los pueblos, para excluir a aquellos que han sido probados como la plata. Disipa las naciones que quieren guerras. 31 Vendrán embajadores de Egipto; la Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios. 32 Reinos de la tierra, cantad a Dios; cantad salmos al Señor; 33 cantad salmos a Dios, que sube sobre los cielos de los cielos hacia el oriente. He aquí que hará oír su voz, voz de poder. 34 Dad gloria a Dios por las maravillas hechas en Israel; su magnificencia y su poder se muestran en las nubes. 35 Maravilloso es Dios en sus santos; el Dios de Israel dará a su pueblo poder y fortaleza. Bendito sea Dios.

Texto bíblico: Sagrada Biblia Torres Amat, edición de 1825.

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¿Para qué sirve el Salmo 68?

El Salmo 68 sirve para fortalecer nuestra confianza cuando sentimos que las dificultades son mayores que nuestras propias fuerzas. Presenta a Dios como defensor, guía y salvador, capaz de acompañar a su pueblo incluso cuando atraviesa desiertos, conflictos y situaciones que parecen imposibles de superar.

También puede rezarse para pedir protección frente al mal, entendiendo esta petición desde una perspectiva cristiana: no como deseo de violencia contra otras personas, sino como súplica para que sean vencidos la injusticia, el pecado, la mentira, el miedo, la desesperanza y todo aquello que destruye la dignidad humana.

Para pedir protección

Cuando necesitamos sentirnos acompañados y protegidos durante una situación difícil.

Para recuperar fuerzas

Cuando el cansancio emocional o espiritual nos hace sentir que ya no podemos continuar.

Contra la desesperanza

Para recordar que una situación complicada no tiene necesariamente la última palabra.

Por los más vulnerables

Para pedir especialmente por quienes están solos, desprotegidos o necesitan justicia.

En tiempos de conflicto

Para pedir que Dios detenga la violencia y abra caminos de justicia y paz.

Para agradecer una liberación

Cuando hemos superado una etapa difícil y queremos reconocer la ayuda recibida.

Significado del Salmo 68

El significado del Salmo 68 gira alrededor de la presencia victoriosa de Dios. El Salmo contempla al Señor avanzando delante de su pueblo, defendiendo a quienes están desamparados, proporcionando alivio al pobre, liberando cautivos y dando fortaleza a quienes confían en él.

Sus imágenes militares deben comprenderse dentro del lenguaje y del contexto histórico del Antiguo Testamento. En la oración cristiana, estas expresiones pueden leerse espiritualmente como una proclamación de que el mal, la injusticia y el pecado no son invencibles.

“Nuestro Dios es el Dios que tiene poder para salvarnos; y del Señor, del Señor es librarnos de la muerte.”

Uno de los rasgos más hermosos del Salmo aparece cuando presenta a Dios como padre de los huérfanos y defensor de las viudas. Su poder no se manifiesta únicamente mediante imágenes de grandeza, sino también mediante su atención hacia quienes tienen menos posibilidades de defenderse por sí mismos.

El Salmo termina afirmando que Dios da poder y fortaleza a su pueblo. La victoria, por tanto, no consiste solamente en que desaparezcan los obstáculos, sino también en recibir fuerzas para continuar caminando.

Explicación del Salmo 68

“Levántese Dios”

El Salmo comienza con una proclamación llena de fuerza. El creyente pide que Dios intervenga y manifieste su presencia.

Hay momentos en los que nuestras propias fuerzas parecen insuficientes y necesitamos reconocer que no podemos resolverlo todo solos.

Cuando necesitamos que algo cambie

“Levántese Dios” puede convertirse en una oración sencilla cuando una situación parece estancada.

Podemos pedir que aparezca claridad donde existe confusión, justicia donde existe abuso y esperanza donde solamente vemos cansancio.

“Sean disipados sus enemigos”

El lenguaje refleja los conflictos históricos del pueblo bíblico. Espiritualmente podemos dirigir esta petición contra aquello que destruye nuestra relación con Dios y con los demás.

Podemos pedir que sean disipados el odio, la mentira, la desesperación, la injusticia y las decisiones que nos apartan del bien.

No convertir la oración en venganza

Pedir protección no significa desear el sufrimiento de otra persona.

Podemos pedir que una injusticia termine, que se establezcan límites y que quienes hacen daño cambien su conducta, sin alimentar dentro de nosotros el mismo odio que deseamos superar.

“Como se desvanece el humo”

El humo parece llenar completamente un lugar, pero puede desaparecer rápidamente.

La imagen recuerda que aquello que hoy parece enorme puede no conservar para siempre el mismo poder sobre nosotros.

Los problemas también cambian

Cuando estamos dentro de una crisis podemos imaginar que nuestra vida siempre será igual.

Sin embargo, las circunstancias cambian, aparecen nuevas opciones y nosotros mismos podemos adquirir herramientas que antes no teníamos.

“Como se derrite la cera delante del fuego”

El Salmo utiliza otra imagen para expresar la fragilidad del mal frente al poder de Dios.

Aquello que parece sólido puede perder su fuerza cuando es confrontado por la verdad y la justicia.

“Mas los justos... regocíjense”

Después de las imágenes de conflicto aparece inmediatamente la alegría.

El objetivo no es permanecer eternamente luchando. El Salmo mira hacia un momento en el que quienes buscan el bien puedan recuperar la paz y celebrar.

También existe tiempo para celebrar

Podemos acostumbrarnos tanto a resolver problemas que incluso cuando algo sale bien seguimos esperando la siguiente dificultad.

El Salmo nos recuerda que agradecer y celebrar también forman parte de la vida espiritual.

“Cantad a Dios”

La alabanza aparece como respuesta a la presencia de Dios.

Cantar significa exteriorizar la gratitud y recordar aquello que consideramos digno de celebración.

“Abrid camino”

La expresión presenta a Dios avanzando majestuosamente.

Aplicada a nuestra vida, puede invitarnos también a retirar obstáculos interiores que dificultan nuestro crecimiento: orgullo, resentimiento, miedo o resistencia a cambiar.

Preparar espacio para algo nuevo

Algunas veces pedimos cambios mientras seguimos aferrados completamente a aquello que necesitamos dejar.

Abrir camino puede significar ordenar prioridades, terminar una etapa o modificar hábitos para permitir que una realidad nueva pueda comenzar.

“Padre de los huérfanos”

El poder de Dios adquiere aquí un rostro profundamente compasivo.

Dios aparece cercano a quienes carecen de protección y de una figura que pueda defender sus intereses.

El poder que protege al vulnerable

Esta imagen nos ayuda a comprender la verdadera finalidad del poder desde una perspectiva espiritual.

La fuerza encuentra una de sus expresiones más nobles cuando se utiliza para proteger a quien tiene menos posibilidades de defenderse.

“Juez defensor de las viudas”

En el mundo antiguo, una viuda podía quedar en una situación económica y social especialmente vulnerable.

El Salmo proclama que Dios presta atención precisamente a quienes podían ser ignorados por otros.

Nuestra fe y las personas vulnerables

Este versículo también plantea una pregunta para nosotros: ¿cómo tratamos a quienes poseen menos poder, recursos o influencia?

Una espiritualidad coherente no puede ser indiferente frente al sufrimiento de los más vulnerables.

“Dios está en su lugar santo”

El Salmo reafirma la santidad y presencia de Dios.

Después de hablar de los huérfanos y las viudas, esta afirmación muestra que la santidad de Dios no está separada de su compasión.

“Dios hace que habiten en una misma casa”

La imagen habla de comunión y pertenencia.

Frente a la soledad aparece la casa; frente al aislamiento, una comunidad donde es posible encontrar compañía.

Necesitamos comunidad

La independencia puede ser valiosa, pero nadie está diseñado para enfrentar absolutamente todo en soledad.

Familia, amistades, comunidad y personas confiables pueden convertirse en parte importante del apoyo que necesitamos.

“Saca de las prisiones a los cautivos”

Dios aparece como liberador.

Además de las prisiones físicas, podemos pensar espiritualmente en todo aquello que termina encerrando nuestra vida: adicciones, resentimientos, miedos, culpas o relaciones destructivas.

La libertad puede ser un proceso

Algunas cadenas no desaparecen en un instante.

Podemos necesitar ayuda profesional, acompañamiento, cambios concretos y perseverancia. Pedir ayuda a Dios puede acompañar todos esos esfuerzos.

“Cuando tú salías a la cabeza de tu pueblo”

El salmista recuerda la historia de Israel y contempla a Dios marchando delante de su pueblo.

No aparece únicamente como alguien que observa desde lejos, sino como quien guía el camino.

“Cuando pasabas por el desierto”

El desierto es una imagen frecuente de prueba, incertidumbre y dependencia.

También puede convertirse en lugar de aprendizaje, porque allí desaparecen muchas seguridades y descubrimos aquello que realmente necesitamos.

Nuestros propios desiertos

Existen temporadas en las que sentimos que avanzamos sin resultados visibles.

El Salmo recuerda que incluso esos caminos pueden recorrerse acompañados y que el desierto no necesariamente constituye el destino final.

“Se estremeció la tierra”

La imagen comunica la grandeza de la presencia divina.

Aquello que parecía completamente establecido puede cambiar cuando Dios abre una nueva etapa en la historia.

“Los cielos destilaron agua”

En medio del desierto aparece el agua.

La imagen prepara uno de los temas siguientes: Dios puede proporcionar alivio precisamente cuando la tierra parece agotada.

“Una lluvia copiosa”

Después de hablar del desierto, el Salmo presenta una lluvia abundante.

Aquello que estaba seco puede volver a recibir vida.

Cuando necesitamos renovación

También nosotros podemos sentirnos interiormente secos después de una temporada exigente.

Descanso, oración, compañía, nuevos hábitos y tiempo pueden formar parte de esa lluvia que poco a poco nos devuelve fuerzas.

“Cuando ella esté extenuada, tú la recrearás”

La tierra agotada recibe restauración.

El Salmo reconoce el cansancio sin convertirlo en fracaso. Algo puede estar extenuado y todavía ser restaurado.

Estar cansado no significa haber perdido

Algunas veces interpretamos nuestro agotamiento como señal de incapacidad.

Quizá simplemente hemos sostenido demasiado durante demasiado tiempo y necesitamos recuperación antes de continuar.

“Has proveído al pobre”

Nuevamente la atención se dirige hacia quien tiene necesidad.

La providencia de Dios que celebra el Salmo nos invita también a convertirnos en instrumentos concretos de ayuda cuando está en nuestras manos hacerlo.

La providencia puede llegar mediante personas

Muchas veces aquello que llamamos ayuda de Dios llega mediante una persona que comparte alimento, conocimiento, tiempo, trabajo o una oportunidad.

Nosotros mismos podemos convertirnos en parte de esa respuesta para alguien.

“El Señor dará su palabra”

La palabra aparece como algo que debe ser anunciado.

Aquello que Dios realiza no permanece necesariamente escondido; puede convertirse en testimonio y esperanza para otros.

Las alas de la paloma

El Salmo utiliza una imagen poética de gran belleza: alas plateadas y reflejos de oro.

Dentro de un canto lleno de conflictos y movimientos, esta imagen introduce belleza y transformación.

La belleza puede aparecer después de tiempos difíciles

Una etapa complicada no tiene por qué definir para siempre nuestra historia.

Después de ella pueden aparecer nuevos aprendizajes, relaciones, oportunidades y formas de comprender nuestra propia vida.

Los montes del Salmo

Los montes simbolizan grandeza, estabilidad y lugares elevados.

Sin embargo, Dios elige dónde habitar según su voluntad. La grandeza espiritual no depende simplemente de aquello que parece impresionante a los ojos humanos.

No compararnos constantemente

La pregunta dirigida a los montes puede recordarnos el peligro de vivir comparándonos.

Siempre habrá alguien con más recursos, reconocimiento o capacidades en alguna área. Nuestra tarea consiste en desarrollar responsablemente aquello que nosotros hemos recibido.

“El Señor está entre ellos”

En medio de las imágenes de grandeza, lo esencial continúa siendo la presencia de Dios.

La verdadera seguridad del pueblo no está solamente en el número de sus fuerzas, sino en saber quién está en medio de ellos.

“Subiste a lo alto”

La imagen expresa triunfo y exaltación.

La tradición cristiana ha visto en este versículo una imagen que encuentra una resonancia especial en la victoria y exaltación de Cristo.

“Llevaste contigo los cautivos”

El lenguaje de victoria pertenece al contexto antiguo del Salmo.

En una lectura espiritual cristiana podemos contemplar aquí el triunfo de Dios sobre aquello que mantiene cautivo al ser humano.

“Bendito sea el Señor todos los días”

Este versículo lleva el Salmo nuevamente hacia la gratitud cotidiana.

No solamente en los días extraordinarios. Todos los días pueden contener algo por lo que agradecer.

Una espiritualidad para todos los días

La fe no necesita esperar acontecimientos extraordinarios.

Puede vivirse mientras trabajamos, descansamos, resolvemos pendientes, cuidamos nuestra familia y atravesamos las tareas ordinarias de la vida.

“Hará próspero nuestro viaje”

La vida aparece como camino.

Podemos pedir que Dios acompañe nuestro viaje, no solamente para llegar rápido, sino para llegar de una manera que conserve aquello que verdaderamente importa.

“Nuestro Dios es el Dios que tiene poder para salvarnos”

Este es uno de los centros espirituales del Salmo.

Después de describir desiertos, enemigos y dificultades, el salmista afirma dónde coloca finalmente su confianza.

La salvación tiene muchas dimensiones

Podemos necesitar ser salvados de un peligro concreto, pero también de decisiones destructivas, del pecado, de la desesperanza o de caminos que nos alejan del bien.

La fe cristiana lleva esta esperanza hasta su sentido más profundo en la salvación ofrecida por Dios.

“Del Señor es librarnos de la muerte”

La muerte representa el límite máximo de nuestras fuerzas.

El salmista proclama que incluso allí la soberanía pertenece a Dios. Para el cristiano, esta esperanza adquiere una profundidad especial a la luz de la resurrección.

Los versículos de lenguaje violento

El Salmo contiene imágenes fuertes relacionadas con los enemigos y la guerra. Forman parte de un texto nacido dentro de conflictos reales del mundo antiguo.

Al rezarlo hoy no necesitamos convertir esas imágenes en deseos de violencia contra personas concretas. Podemos dirigir nuestra súplica contra el mal, la injusticia y aquello que destruye la vida.

La justicia no necesita convertirse en odio

Podemos pedir que una persona deje de hacernos daño, que una situación injusta termine y que existan consecuencias apropiadas sin desear sufrimiento innecesario.

Buscar justicia y conservar nuestro corazón libre de odio son tareas distintas que pueden caminar juntas.

“Vieron, oh Dios, tus entradas”

El Salmo comienza a describir una procesión hacia el santuario.

Después de la lucha aparece la celebración comunitaria. El pueblo reconoce públicamente aquello que atribuye a la intervención de Dios.

“Los que cantaban salmos”

La música acompaña la celebración.

El ser humano necesita formas para expresar aquello que las palabras ordinarias no siempre consiguen comunicar.

“Bendecid a Dios en vuestras congregaciones”

La fe no aparece solamente como experiencia privada.

Existe también una dimensión comunitaria: personas que se reúnen, recuerdan, agradecen y oran juntas.

No caminar completamente solos

Hay etapas en las que necesitamos especialmente la compañía de otros.

Permitir que alguien nos acompañe no disminuye nuestra fortaleza. Puede ser precisamente una forma inteligente de utilizarla.

Las tribus reunidas

Benjamín, Judá, Zabulón y Neftalí aparecen formando parte de la misma celebración.

Diferentes grupos encuentran un punto de encuentro en la alabanza.

Unidad sin eliminar diferencias

La comunidad no exige que todos sean idénticos.

Podemos tener historias, responsabilidades y perspectivas diferentes y aun así trabajar juntos alrededor de objetivos buenos.

“Despliega, oh Dios, tu poder”

El salmista vuelve a pedir intervención.

Incluso después de recordar victorias anteriores, reconoce que continúa necesitando ayuda.

Las victorias pasadas no eliminan los desafíos futuros

Haber superado una dificultad no significa que nunca volveremos a necesitar ayuda.

Pero sí significa que llegamos a la siguiente prueba con experiencia y memoria.

“Confirma... lo que has obrado en nosotros”

El salmista no quiere perder aquello que ya ha comenzado.

Es una hermosa oración para cualquier proceso de cambio: Señor, confirma aquello bueno que está creciendo en nosotros.

Consolidar nuestros cambios

Comenzar un hábito puede ser relativamente fácil; mantenerlo es otra historia.

Podemos pedir perseverancia para que los cambios buenos dejen de ser esfuerzos temporales y se conviertan en parte estable de nuestra vida.

“Disipa las naciones que quieren guerras”

Dentro del lenguaje antiguo aparece una petición cuyo sentido resulta especialmente significativo: que sean dispersados quienes desean la guerra.

Podemos convertirla hoy en una oración por la paz y por quienes trabajan para detener la violencia.

Pedir que termine la lógica de la violencia

Las guerras comienzan mucho antes de las armas. Comienzan cuando dejamos de reconocer la humanidad del otro y creemos que destruir es la única solución.

El Salmo puede inspirarnos a pedir que esa lógica sea reemplazada por justicia, diálogo y protección de los inocentes.

Egipto y Etiopía extendiendo sus manos

El horizonte vuelve a ampliarse. Pueblos extranjeros aparecen acercándose a Dios.

El Salmo no termina encerrado en las fronteras de Israel, sino imaginando un reconocimiento mucho más amplio.

“Reinos de la tierra, cantad a Dios”

La invitación se dirige nuevamente a toda la tierra.

La alabanza que comenzó en una comunidad concreta termina extendiéndose hacia todas las naciones.

“Hará oír su voz, voz de poder”

La voz de Dios representa autoridad.

Frente al ruido de tantas voces que compiten por nuestra atención, necesitamos discernir cuáles merecen realmente dirigir nuestras decisiones.

Aprender a distinguir las voces

No todo consejo es bueno y no toda opinión necesita convertirse en una orden para nuestra vida.

La oración, la conciencia, la razón, la experiencia y el consejo prudente pueden ayudarnos a distinguir mejor.

“Dad gloria a Dios”

Después de todo el recorrido, el Salmo vuelve a la alabanza.

Las victorias no deberían terminar únicamente en orgullo personal, sino también en gratitud.

“Maravilloso es Dios en sus santos”

El Salmo contempla la grandeza de Dios manifestada en su santuario y en medio de su pueblo.

Su presencia transforma un lugar ordinario en espacio de encuentro, memoria y esperanza.

“Dará a su pueblo poder y fortaleza”

El último gran mensaje del Salmo no consiste solamente en que Dios sea poderoso, sino en que comunica fortaleza a su pueblo.

Podemos pedir no solamente que desaparezca una dificultad, sino también recibir fuerza para enfrentarla correctamente.

A veces la respuesta es fuerza

Podemos pedir que una situación termine inmediatamente y descubrir que, mientras continúa, hemos recibido una capacidad nueva para manejarla.

Eso no significa resignarnos ante aquello que puede cambiarse, sino reconocer también el valor de la resistencia y la perseverancia.

“Bendito sea Dios”

Después de un Salmo lleno de movimiento, conflictos, desiertos, montañas y naciones, la última frase es sencilla.

Todo termina en agradecimiento.

La última palabra no pertenece al conflicto

Esta es una de las enseñanzas más importantes del Salmo 68.

El conflicto aparece muchas veces, pero no ocupa el final. La última palabra es bendición.

Enseñanza principal del Salmo 68

La enseñanza principal del Salmo 68 es que el poder de Dios está orientado hacia la salvación, la justicia y la protección de quienes necesitan ayuda. Dios aparece como defensor de los vulnerables, liberador de los cautivos y fuente de fortaleza para su pueblo.

El Salmo también enseña que los desiertos no son necesariamente destinos permanentes. La tierra extenuada puede recibir lluvia; quien se encuentra cautivo puede recuperar libertad; quien está cansado puede recibir nuevas fuerzas.

Sus imágenes de combate pueden convertirse para el creyente en una oración contra aquello que verdaderamente necesitamos vencer dentro y alrededor de nosotros: pecado, injusticia, mentira, violencia, miedo y desesperanza.

Además, el Salmo recuerda que no estamos llamados a vivir completamente aislados. Dios reúne, forma comunidad y proporciona ayuda a quienes se encuentran desamparados.

Finalmente, el Salmo 68 termina proclamando que Dios da poder y fortaleza a su pueblo. Algunas veces la respuesta que necesitamos no consiste en eliminar inmediatamente el camino difícil, sino en recibir fuerzas suficientes para continuar atravesándolo.

Oración inspirada en el Salmo 68

Levántate, Señor, en medio de mi vida.

Haz sentir tu presencia allí donde hoy existe confusión.

En aquellos lugares de mi corazón donde el miedo parece haber ocupado demasiado espacio.

En las situaciones que todavía no sé cómo resolver.

En las preocupaciones que regresan una y otra vez.

Levántate, Dios mío, y disipa aquello que me aleja del bien.

Disipa la mentira.

El resentimiento.

La desesperanza.

El orgullo que no me permite reconocer mis errores.

El miedo que me impide avanzar.

Y toda decisión que pueda conducirme hacia caminos que después lamentaré.

Señor, no quiero utilizar esta oración para alimentar odio contra ninguna persona.

Si alguien me ha hecho daño, protégeme.

Ayúdame a establecer los límites necesarios.

Permite que exista justicia.

Pero protege también mi corazón para que el dolor no me convierta en aquello que rechazo.

No permitas que el resentimiento termine gobernando mi vida.

Dame libertad.

Señor, que aquello que hoy parece enorme pueda algún día desvanecerse como el humo.

Porque hay problemas que desde dentro parecen ocuparlo todo.

Parece que siempre estarán allí.

Parece que nunca podremos volver a pensar en otra cosa.

Recuérdame que las circunstancias cambian.

Que existen etapas.

Que pueden aparecer soluciones que todavía no conozco.

Que yo mismo puedo aprender herramientas que hoy todavía no tengo.

Señor, devuélveme también la capacidad de alegrarme.

No quiero vivir permanentemente preparado para una nueva batalla.

Cuando llegue un día tranquilo, permíteme disfrutarlo.

Cuando algo salga bien, permíteme celebrarlo.

Cuando reciba una buena noticia, que no la arruine inmediatamente imaginando todo aquello que podría salir mal después.

Dame una alegría prudente, agradecida y presente.

Señor, tú eres padre de los huérfanos y defensor de las viudas.

Mira a quienes hoy se encuentran desprotegidos.

A quienes no tienen una familia que los sostenga.

A quienes han perdido a la persona que los acompañaba.

A quienes enfrentan solos responsabilidades demasiado grandes.

A los niños que necesitan protección.

A los ancianos que han sido olvidados.

A quienes atraviesan pobreza.

A quienes sufren abuso.

A quienes necesitan justicia y todavía no la encuentran.

Sé su defensor.

Y si yo puedo hacer algo concreto por alguna persona vulnerable, muéstramelo.

No permitas que mi oración sustituya aquello que realmente puedo hacer con mis propias manos.

Señor, reúne a quienes están solos.

Hay personas rodeadas de gente que aun así sienten una profunda soledad.

Permite que encuentren relaciones verdaderas.

Personas con quienes puedan hablar sin fingir.

Personas capaces de escuchar.

Comunidades donde puedan sentirse recibidas.

Y enséñame también a ser esa clase de persona para alguien.

Señor, libera a los cautivos.

Libera a quienes están físicamente privados de libertad injustamente.

Y libera también nuestras prisiones interiores.

Aquellos hábitos que comenzaron pequeños y ahora parecen controlarnos.

Las culpas que seguimos cargando después de haber hecho todo lo posible por reparar nuestros errores.

Los resentimientos que nos mantienen atados al pasado.

Los miedos que reducen cada vez más nuestro mundo.

Señor, si necesitamos ayuda para salir de alguna de esas prisiones, danos humildad para pedirla.

No permitas que confundamos pedir ayuda con debilidad.

Pon en nuestro camino personas capaces de acompañarnos correctamente.

Señor, camina delante de nosotros cuando atravesemos el desierto.

Tú conoces esos periodos en los que parece que trabajamos y no avanzamos.

En los que oramos y no sentimos nada.

En los que hacemos esfuerzos y todavía no vemos resultados.

En los que cada día parece demasiado parecido al anterior.

No permitas que confundamos silencio con abandono.

Enséñanos a continuar caminando.

A buscar agua.

A administrar nuestras fuerzas.

A descansar cuando sea necesario.

Y a no tomar decisiones desesperadas solamente porque estamos cansados.

Señor, envía lluvia sobre nuestra tierra extenuada.

Hay áreas de nuestra vida que necesitan renovación.

Relaciones que necesitan conversación.

Proyectos que necesitan nuevas ideas.

Cuerpos que necesitan descanso.

Corazones que necesitan esperanza.

Espíritus que necesitan volver a encontrar silencio y oración.

Recrea aquello que está agotado.

Pero danos también sabiduría para reconocer cuándo el cansancio requiere que cambiemos nuestra manera de vivir.

Señor, provee al pobre.

Y haznos conscientes de que muchas veces tu provisión puede pasar por nuestras manos.

Si tenemos alimento que compartir, que no cerremos los ojos.

Si tenemos conocimiento que puede ayudar, que no lo guardemos por egoísmo.

Si podemos abrir una oportunidad justa para alguien, danos generosidad.

Que aquello que hemos recibido no termine solamente en nosotros.

Señor, bendito seas todos los días.

En los días extraordinarios y en los ordinarios.

En los días llenos de respuestas y en aquellos donde todavía existen preguntas.

En los días de energía y en los días de cansancio.

En los días donde puedo ver claramente tu ayuda y en aquellos donde necesito confiar aunque todavía no la comprenda.

Haz próspero nuestro viaje.

No solamente en dinero o éxito.

Hazlo próspero en sabiduría.

En relaciones sanas.

En paz interior.

En capacidad de hacer el bien.

En honestidad.

En madurez.

En tiempo compartido con quienes amamos.

Que al llegar a nuestras metas no descubramos que perdimos por el camino aquello que realmente importaba.

Tú eres, Señor, el Dios que puede salvarnos.

Salva aquello que necesita ser salvado en mi vida.

Mi esperanza cuando comienza a apagarse.

Mis relaciones cuando todavía pueden ser reparadas.

Mis decisiones cuando comienzan a desviarse.

Mi corazón cuando el resentimiento quiere endurecerlo.

Mi fe cuando la dificultad la pone a prueba.

Y cuando algo ya no pueda volver a ser como antes, ayúdame a descubrir cómo continuar.

Señor, tú tienes poder para librarnos de la muerte.

Por eso pongo delante de ti también mi miedo más profundo.

El miedo a perder.

A enfermar.

A despedirme de quienes amo.

A enfrentar aquello que no puedo controlar.

Dame una esperanza que no dependa de fingir que somos invulnerables.

Somos frágiles.

Nuestra vida tiene límites.

Y precisamente por eso quiero confiarla a ti.

Señor, detén a quienes desean la guerra.

Detén la violencia.

Protege a los inocentes.

Da sabiduría a quienes tienen responsabilidades sobre la vida de otras personas.

Desarma el odio antes de que se convierta en acciones irreparables.

Haz posible el diálogo donde todavía sea posible.

Y donde exista injusticia, permite que sea corregida sin multiplicar innecesariamente el sufrimiento.

Señor, confirma aquello bueno que has comenzado en nosotros.

Si hemos aprendido a ser más pacientes, confirma esa paciencia.

Si hemos comenzado a ordenar nuestra vida, ayúdanos a perseverar.

Si estamos reconstruyendo una relación, danos humildad.

Si estamos dejando atrás un hábito destructivo, fortalece nuestra decisión.

Si estamos comenzando un proyecto bueno, danos constancia.

No permitas que todo aquello que aprendimos durante una etapa difícil desaparezca cuando vuelva la comodidad.

Señor, despliega tu poder.

Pero enséñame también a reconocer cómo actúa tu poder.

Algunas veces será mediante una puerta que se abre.

Otras mediante una puerta que se cierra.

Algunas veces mediante una respuesta inmediata.

Otras mediante la paciencia necesaria para esperar.

Algunas veces cambiarás una circunstancia.

Otras veces tendrás que cambiar primero algo dentro de mí.

Dame humildad para aceptar ambas cosas.

Señor, haz oír tu voz por encima de todo el ruido.

Vivimos rodeados de opiniones.

Consejos.

Comparaciones.

Expectativas.

Miedos.

Y mensajes que intentan decirnos constantemente qué debemos querer.

Ayúdame a distinguir.

A escuchar sin dejarme arrastrar por cada voz.

A pensar.

A orar.

A revisar mis decisiones con honestidad.

Y a tener valor para caminar de acuerdo con aquello que reconozca como verdadero y bueno.

Señor, dame poder y fortaleza.

No para dominar a otros.

No para imponerme.

No para creerme superior.

Dame fuerza para dominar mis propios impulsos.

Para sostener mi palabra.

Para continuar cuando algo bueno requiere esfuerzo.

Para pedir perdón cuando me equivoco.

Para defender a quien necesita ayuda.

Para alejarme de aquello que me hace daño.

Para empezar de nuevo cuando sea necesario.

Y para aceptar con humildad aquello que no puedo controlar.

Dios de Israel, Dios que fortalece a su pueblo, acompáñame.

Que los problemas no sean más grandes dentro de mi mente de lo que realmente son.

Que el miedo no tome decisiones por mí.

Que el resentimiento no determine mi futuro.

Que el cansancio no me haga abandonar aquello que todavía vale la pena.

Y que el orgullo no me impida pedir ayuda.

Levántate, Señor, en medio de mi vida.

Abre camino.

Renueva la tierra cansada.

Libera aquello que está cautivo.

Protege aquello que es vulnerable.

Confirma aquello bueno que ha comenzado.

Detén aquello que produce destrucción.

Y dame fortaleza para caminar contigo.

Que después de todos los conflictos, preguntas y dificultades, mi corazón pueda terminar diciendo con este Salmo:

Bendito sea Dios.

Amén.

Cómo rezar el Salmo 68

Para rezar el Salmo 68 conviene leerlo lentamente, porque contiene numerosas imágenes y referencias históricas. No es necesario interpretar sus expresiones de combate como deseos de violencia contra otras personas. Puedes convertirlas en una oración para pedir que Dios venza aquello que produce injusticia, miedo, pecado y destrucción.

  1. Busca un lugar tranquilo y presenta a Dios la situación en la que necesitas especialmente fuerza o protección.
  2. Lee el Salmo 68 completo sin prisa, reconociendo su lenguaje poético e histórico.
  3. Al leer “Levántese Dios”, piensa en aquello que necesitas que cambie o sea iluminado.
  4. Al llegar a los versículos sobre los huérfanos, las viudas y los pobres, pide por las personas vulnerables que conoces.
  5. Cuando aparezca el desierto y la tierra extenuada, presenta tu propio cansancio y pide renovación.
  6. Ante las imágenes de enemigos y combate, pide que sean vencidos el mal, la injusticia, el miedo y el pecado, evitando alimentar deseos de venganza.
  7. Repite lentamente: “Nuestro Dios es el Dios que tiene poder para salvarnos”.
  8. Termina pidiendo la fortaleza mencionada en el último versículo y agradece por las fuerzas que ya has recibido.

¿Cuándo se puede rezar el Salmo 68?

  • Cuando necesitamos protección frente a una situación difícil.
  • Cuando sentimos que nuestras fuerzas se están agotando.
  • Durante una etapa de conflicto o incertidumbre.
  • Cuando necesitamos recuperar esperanza.
  • Para pedir por personas vulnerables o desamparadas.
  • Cuando queremos liberarnos de hábitos o situaciones que nos mantienen atrapados.
  • Cuando atravesamos un periodo que sentimos como un desierto.
  • Para pedir renovación después de una etapa agotadora.
  • Cuando necesitamos perseverar en un cambio positivo.
  • Para pedir que termine una situación de violencia o injusticia.
  • Cuando queremos agradecer una liberación o una dificultad superada.
  • Cuando necesitamos recordar que Dios puede darnos poder y fortaleza.

Preguntas frecuentes sobre el Salmo 68

¿Para qué sirve el Salmo 68?

El Salmo 68 sirve para pedir protección y fortaleza, recuperar esperanza durante una etapa difícil y recordar a Dios como defensor de los vulnerables y fuente de salvación.

¿Cuál es el significado del Salmo 68?

El significado del Salmo 68 está relacionado con la presencia victoriosa de Dios, su protección de quienes están desamparados, su capacidad de liberar y su poder para dar fortaleza a su pueblo.

¿El Salmo 68 es un Salmo de protección?

Sí. Puede rezarse como una oración de protección y confianza, especialmente cuando atravesamos situaciones de conflicto, miedo o vulnerabilidad.

¿Cómo interpretar los versículos violentos del Salmo 68?

Deben comprenderse dentro del contexto histórico y poético del Antiguo Testamento. En la oración cristiana pueden leerse espiritualmente como una petición para que sean vencidos el mal, el pecado, la injusticia y todo aquello que destruye la vida, sin convertirlos en deseos de violencia contra personas concretas.

¿Qué significa que Dios sea padre de los huérfanos?

Expresa la especial atención de Dios hacia quienes se encuentran desprotegidos. El Salmo muestra que su poder está unido a la compasión y a la defensa de los más vulnerables.

¿Qué significa la lluvia sobre la tierra extenuada?

Es una imagen de restauración y renovación. Espiritualmente puede recordarnos que después del agotamiento podemos necesitar descanso, ayuda y nuevas fuerzas para continuar.

¿Cómo rezar el Salmo 68?

Puedes leerlo lentamente y presentar a Dios aquello que te produce miedo, cansancio o sensación de estar atrapado. Después pide protección, renovación y fortaleza para continuar actuando correctamente.

¿El Salmo 68 puede rezarse por alguien que está sufriendo?

Sí. Sus referencias a los huérfanos, las viudas, los pobres, los cautivos y la tierra extenuada hacen de este Salmo una oración apropiada para pedir por personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad o sufrimiento.

¿Cuál es uno de los versículos principales del Salmo 68?

Uno de sus mensajes centrales aparece cuando proclama que nuestro Dios tiene poder para salvarnos. Esta afirmación resume la confianza que atraviesa todo el Salmo.

¿Cuál es la enseñanza principal del Salmo 68?

Que Dios puede acompañarnos en los desiertos, proteger a los vulnerables, liberar aquello que está cautivo y dar fortaleza a quienes necesitan continuar caminando.