Bendito San Charbel, santo humilde y poderoso intercesor ante Dios, comienzo esta novena con fe, esperanza y confianza.
Durante nueve días quiero entregarte mis preocupaciones, sabiendo que tú eres un amigo fiel que presenta mis súplicas
al corazón misericordioso de Jesús. La Escritura dice: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia” (cf. Prov 3,5).
Así quiero vivir esta novena, confiando en el poder de la oración y en tu cercanía paternal.
Antes de iniciar cada día de la novena, te invito a disponerte en silencio, encender una vela blanca y ofrecer tus intenciones.
Puedes comenzar con el Padre Nuestro,
el Ave María y el Credo de los Apóstoles,
como señal de fe compartida con toda la Iglesia.
Table of Contents
Día 1: San Charbel, testigo de la fe
San Charbel, tú viviste una fe profunda en el silencio del monasterio.
Enséñame a creer incluso cuando no entiendo los caminos de Dios.
Te entrego mi dificultad, que parece imposible de resolver, para que la presentes al Señor.
Jesús dijo: “Si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Muévete de aquí allá’, y se movería” (cf. Mt 17,20).
Que mi fe, aunque pequeña, sea fecunda gracias a tu intercesión.
Hoy uno mi oración a quienes elevan también la oración para enfrentar momentos difíciles,
porque juntos somos más fuertes en la fe.
Amado San Charbel, fortalece mi confianza y acompáñame en este primer día de súplica. Amén.
Día 2: San Charbel, ejemplo de esperanza
Bienaventurado San Charbel, tu esperanza nunca se apagó, ni siquiera en la soledad y el sacrificio.
Hoy te pido que me enseñes a esperar en el Señor aun cuando todo parece oscuro.
La Palabra nos recuerda: “El Señor es bueno con los que en él esperan, con aquellos que lo buscan” (cf. Lam 3,25).
En medio de mi angustia, quiero aprender a esperar con serenidad.
Acompaña mi oración como acompañas a quienes confían en la oración a la Divina Misericordia para los enfermos.
Que tu intercesión renueve en mí la esperanza de que todo es posible para Dios. Amén.
Día 3: San Charbel, intercesor en las pruebas
Glorioso San Charbel, conociste las pruebas de la vida y las venciste con oración.
Hoy me acerco a ti para que me ayudes a sobrellevar mis sufrimientos con paciencia.
Enséñame a mirar más allá de mis lágrimas y a descubrir que Dios siempre está presente.
El salmista dice: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo” (cf. Sal 23,4).
San Charbel, intercede por mí como lo haces por quienes confían en la oración para proteger a los seres queridos.
Acompáñame en este camino y que tu oración sea un escudo frente al mal. Amén.
Día 4: San Charbel, maestro de la oración
Oh San Charbel, pasaste largas horas en oración, buscando siempre la cercanía de Dios.
Hoy te pido que me enseñes a orar con el corazón, no solo con los labios.
Quiero que mi oración sea profunda, sincera y llena de amor.
Jesús nos enseñó: “Velen y oren para no caer en la tentación” (cf. Mt 26,41).
Que en este día aprenda a hacer de la oración mi fuerza diaria.
Quiero unirme a todos los que rezan la oración del Rosario completo,
porque en cada Avemaría encuentro consuelo y fortaleza.
San Charbel, guía mi oración hacia el corazón de Cristo. Amén.
Día 5: San Charbel, ejemplo de entrega
Amado San Charbel, viviste una vida entregada por completo a Dios, en pobreza y obediencia.
Hoy te pido que me enseñes a confiar plenamente en el Señor, entregándole mis preocupaciones sin reservas.
El Señor dice: “Echen sobre mí todas sus preocupaciones, porque yo me ocupo de ustedes” (cf. 1 Pe 5,7).
Que yo pueda descansar en esa promesa.
Tu vida me recuerda la confianza de los que rezan con fe la oración a la Divina Providencia,
sabiendo que el Señor nunca abandona a sus hijos.
Enséñame a ser generoso, confiado y lleno de fe. Amén.
Día 6: San Charbel, consuelo de los afligidos
San Charbel, tú que consolaste a tantos enfermos y tristes, acompáñame en este momento.
Sé mi refugio y mi paz, cuando la angustia quiera dominarme.
El Señor promete: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré” (cf. Mt 11,28).
Haz que yo experimente ese alivio en mi corazón.
Acompáñame como acompañas a quienes elevan al cielo la oración de protección a los hijos.
Sé mi consuelo, mi paz y mi fortaleza. Amén.
Día 7: San Charbel, testigo de la caridad
Bendito San Charbel, tu vida fue un acto de amor hacia Dios y hacia el prójimo.
Hoy quiero pedirte que me enseñes a vivir con caridad, perdonando a mis enemigos y ayudando a los más necesitados.
Jesús nos recuerda: “Lo que hagan con uno de estos pequeños, conmigo lo hacen” (cf. Mt 25,40).
Que mi vida sea reflejo de ese amor.
Recuerda también, San Charbel, a quienes rezan la oración por la familia.
Que tu intercesión sea fuente de unidad y reconciliación en los hogares. Amén.
Día 8: San Charbel, modelo de paciencia
San Charbel, tu vida de sacrificio fue una escuela de paciencia.
Enséñame a soportar con serenidad las pruebas que Dios permite en mi vida.
El apóstol nos anima: “La tribulación produce paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza” (cf. Rom 5,3-4).
Que esa esperanza llene mi corazón.
Acompaña a quienes se encomiendan a Dios con la oración de San Benito,
para que, junto a ellos, yo también aprenda a resistir con paz. Amén.
Día 9: San Charbel, intercesor de lo imposible
Glorioso San Charbel, llego al último día de esta novena con el corazón agradecido.
Sé que mis súplicas han llegado al cielo gracias a tu intercesión.
Hoy quiero pedirte, por última vez en esta novena, que presentes a Dios este caso imposible que tanto me duele.
La Palabra me recuerda: “Todo lo que pidan en la oración con fe, lo recibirán” (cf. Mt 21,22).
Con esa confianza concluyo estos nueve días de súplica.
Quiero unirme en oración a quienes confían en la oración a la Virgen de Guadalupe,
porque María también nos acompaña en nuestras batallas.
San Charbel, intercede por mí y preséntame como hijo amado ante el Señor. Amén.
Oración final para cada día de la novena
Señor todopoderoso y eterno, por intercesión de tu siervo fiel San Charbel,
atiende mis súplicas en este momento de necesidad.
Dame la paz en mi corazón, la fortaleza en mi espíritu y la confianza en tu Providencia.
Haz que mi vida sea un testimonio de fe, esperanza y caridad.
Y que al final de esta novena pueda dar gracias porque Tú siempre escuchas.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

















