Oración de sanación a Cristo

Señor Jesús, Hijo de Dios vivo, hoy me acerco a ti con un corazón herido y un cuerpo necesitado de tu misericordia.
Tú que recorrías los pueblos y aldeas curando toda dolencia y enfermedad (cf. Mt 9,35),
mira mi vida con compasión y derrama sobre mí tu poder sanador.
Eres el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Heb 13,8),
y confío en que tu amor no tiene límites ni barreras.

Jesús mío, pongo en tus manos mis dolores físicos, mis enfermedades y también las heridas invisibles de mi alma.
Sana mis recuerdos, mis pensamientos y mi corazón.
Que tu Espíritu Santo me renueve y me haga sentir la paz que solo tú puedes dar.
Así como muchos enfermos se refugian en la
oración a la Divina Misericordia para los enfermos,
yo también elevo esta súplica con fe en tu infinita bondad.

Señor, durante tu paso por esta tierra devolviste la vista a los ciegos,
la movilidad a los paralíticos y la vida a los que habían muerto.
Hoy creo que también puedes obrar en mí un milagro de sanación.
Aumenta mi fe, para que pueda proclamar con el salmista:
“Bendice, alma mía, al Señor, Él sana todas tus dolencias” (cf. Sal 103,3).
Virgen Santísima, Madre de Jesús y Madre nuestra, acompáñame en esta súplica como lo haces con quienes rezan la
oración para momentos difíciles.

Cristo amado, si en tu voluntad no está darme una sanación física inmediata,
te pido que me concedas la paz y la fortaleza para llevar mi cruz con amor.
Enséñame a unir mis sufrimientos a tu pasión redentora,
como lo hacen quienes confían en la
oración de San Benito
para resistir el mal.
Haz que mi enfermedad se convierta en una oportunidad de crecer en la fe y en la esperanza.

Señor Jesús, te presento también a mi familia y a todos los que sufren conmigo.
Que ellos encuentren en ti el consuelo y la certeza de que nunca estamos solos.
Permite que tu luz llene nuestro hogar,
como lo hace en los corazones que elevan la oración por la familia.
Danos la gracia de caminar juntos en la fe, confiados en tu misericordia infinita.

Cómo rezar esta oración de sanación a Cristo

Esta oración puede rezarse en cualquier momento del día, especialmente en la noche antes de dormir o en la mañana al despertar.
Coloca una cruz o una imagen de Cristo frente a ti, enciende una vela y reza con calma.
Acompaña la súplica con el Padre Nuestro, el
Ave María
y, si lo deseas, un misterio del rosario completo.
Es recomendable repetir esta oración varios días seguidos, confiando siempre en la voluntad de Dios.

Cristo, médico de cuerpos y almas

Desde los primeros cristianos hasta hoy, innumerables testimonios hablan de cómo Cristo sigue obrando milagros de sanación.
Él no solo cura el cuerpo, sino que restaura el alma y devuelve la esperanza.
Cuando todo parece perdido, la fe en Jesús se convierte en medicina para el corazón.
Por eso, confiar en Él es abrirse a la verdadera vida, la que no termina ni siquiera con la muerte.

Oración final

Señor Jesús, mi Salvador y Redentor,
me pongo en tus manos con toda mi fe y esperanza.
Sana mis heridas, fortalece mi cuerpo y renueva mi espíritu.
Que mi vida sea testimonio de tu amor y que nunca me aparte de tu camino.
Gracias, Señor, porque sé que me escuchas y que siempre estás a mi lado.
Amén.

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